Columna Diario Renacer Domingo 30 de Octubre de 2005
COMO ENFRENTAR LA DELINCUENCIA
En nuestra Región se cometen al año 10.300 delitos, considerando sólo los robos, homicidios, abusos sexuales y tráfico de drogas.
Esto significa que cada 53 minutos algún vecino sufre el ataque de un delincuente.
De aquí al término del actual Gobierno, esto es, en los próximos cuatro meses y medio, seremos víctimas en la región de 3.800 delitos graves, lo que equivale a 28 delitos por día.
Estas cifras demuestran que el problema de la delincuencia no es sólo de Santiago o de las grandes ciudades, ni mucho menos es una exageración de los medios de comunicación como hace poco lo sostuvo el Presidente Lagos.
Por el contrario, es un problema real que lo sufren todos los días nuestros vecinos, especialmente la clase media y las familias más pobres.
¿Cómo enfrentarlo?: Sebastián Piñera tiene toda la razón cuando dice que el próximo Presidente debe tener una mano dura y otra acogedora.
Mano dura para lograr que los delincuentes peligrosos queden presos y no salgan libres a las pocas horas y vuelvan a los mismos barrios en que fueron detenidos y continúen robando, cometiendo abusos sexuales o traficando droga.
Pero también hay que tener una mano acogedora para comprender que la pobreza, la cesantía y la falta de oportunidades de los jóvenes son el germen de la delincuencia y, por lo tanto, se requiere abordar a fondo estos problemas.
Piñera se comprometió a crear un millón de empleos, a terminar con la cesantía y a impulsar un programa masivo de prevención del consumo de drogas y alcohol en los jóvenes. Todo joven que cometa un delito tendrá la oportunidad de rehabilitarse y surgir con su propio esfuerzo.
La delincuencia no se resuelve con un Presidente manco que sólo ve la mitad de este problema. Se necesita de un Presidente que no le tiemble la mano para enfrentar a los delincuentes peligrosos, pero que, simultáneamente, ataque sus causas y avance en la meta de derrotar la pobreza, lo que además de ser un deber del futuro Gobierno, es una obligación moral de todas las autoridades.
Alberto Espina O. Senador |