Sesión 16ª, en miércoles 30 de abril de 2008
DENOMINACIÓN DE ESTADIO NACIONAL COMO “ESTADIO NACIONAL JULIO MARTÍNEZ PRÁDANOS”
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Corresponde proseguir la discusión del proyecto de ley, en segundo trámite constitucional, que reemplaza la denominación del Estadio Nacional por “Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos”, con informe de la Comisión de Gobierno, Descentralización y Regionalización.
--Los antecedentes sobre el proyecto (5695-06 y 5689-06) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
Proyecto de ley:
En segundo trámite, sesión 82ª, en 15 de enero de 2008.
Informe de Comisión:
Gobierno, sesión 84ª, en 16 de enero de 2008.
Discusión:
Sesiones 85ª y 87ª, en 22 y 23 de enero de 2008 (queda pendiente su discusión).
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor HOFFMANN (Secretario General).- La discusión de la iniciativa se inició en sesión de 22 de enero del año en curso y prosiguió en la sesión del día siguiente, es decir, del miércoles 23, oportunidad en que quedó pendiente.
Se encontraban en esa ocasión inscritos para hacer uso de la palabra -en este orden- el Honorable señor Letelier y los Senadores señora Alvear y señores Sabag, Gazmuri, Ávila, Allamand y Arancibia.
Cabe recordar que la Comisión aprobó el proyecto en general y en particular por la unanimidad de sus miembros presentes, Senadores señores Bianchi, Orpis, Pérez Varela y Sabag, en los mismos términos en que lo hizo en su oportunidad la Honorable Cámara de Diputados.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Continúa la discusión en general y particular.
Tiene la palabra la Senadora señora Alvear.
La señora ALVEAR.- Señor Presidente, en primer término, quiero recordar que el Estadio Nacional fue inaugurado en el país el 3 de diciembre de 1938 con el propósito de ser el centro de expresión de una de las actividades, creo yo, más nobles que practica el ser humano: el deporte.
El gigante de Ñuñoa, en sus casi 70 años de existencia, ha sido sede de trascendentales encuentros deportivos, pero también testigo de extraordinarios eventos culturales, sociales, religiosos y políticos que significaron alegrías inolvidables a miles y miles de familias que han ocupado sus instalaciones. ¡Cómo no recordar la visita del Papa Juan Pablo II, o el Mundial de Fútbol de 1962!
Así, también, el Estadio Nacional marcó una época -la más dura de nuestra existencia como nación- cuando lamentablemente fue sede de hechos dolorosos que nos avergüenzan, y que espero que el país haya aprendido para decir “Nunca más”.
Por eso, comprendo muy bien a quienes temen que ese recinto deje de ser un memorial que nos señale que tales historias no pueden repetirse.
Sin embargo, señor Presidente, considero que, como indica el mensaje de la iniciativa legal que hoy nos convoca, las cualidades de don Julio Martínez -a quien tuve el honor de conocer, pues compartió con mi padre, Ernesto Alvear, tantas y tantas jornadas- se asocian con la unidad de los chilenos, que es principalmente el propósito que se tuvo en vista cuando se construyó dicho Estadio.
Julio Martínez es una de esas figuras notables que se ha generado de parte de los más diversos sectores. Y, especialmente -debo decirlo, interpretando el sentir popular de los chilenos y chilenas-, él fue capaz de subrayar el espíritu solidario nacional, de ensalzar la amistad que busca en la actividad física colectiva también una expresión de dicha solidaridad.
Julio Martínez fue un testigo privilegiado de la historia deportiva que se concentra en nuestro principal coliseo. Y estoy segura de que una inmensa mayoría de los ciudadanos -en particular, las personas vinculadas al deporte- asocia a Julio Martínez con el recinto ñuñoíno y lo recuerda caminando con su inconfundible figura hacia la tribuna de prensa para relatar o comentar un partido.
Señor Presidente, Naciones Unidas ha instado a los Gobiernos a tomar seriamente en consideración que el deporte puede ser sistemáticamente incorporado a los proyectos para mejorar los niveles de vida de las personas, en especial, de los más jóvenes que viven en situación de pobreza, de enfermedad o de conflicto.
Se ha indicado que el respeto por el rival, el desarrollo organizacional, la disciplina que se requiere en el trabajo en equipo y el juego limpio son elementos principales de la práctica deportiva y constituyen, igualmente, valores esenciales de nuestra vida.
Creo que siempre que leímos, escuchamos o vimos a Julio Martínez pudimos apreciar que su mensaje buscó precisamente resaltar esos fines. Lo hizo no solo con calidad y entusiasmo, sino además con un ejemplar respeto por las personas.
Fueron virtudes como las que quisiéramos ver en forma permanente en los campos de juegos las que se destacaron cuando fue distinguido innumerables veces, entre otros galardones con el Premio Nacional de Periodismo o con su incorporación a la Academia Chilena de la Lengua.
Por ello, porque “Jota Eme” -como se le conocía popularmente-, era un fiel intérprete del aficionado que se une al vecino de asiento -a quien tal vez nunca vio antes- para gritar juntos un “ceacheí”, apoyo la idea de legislar planteada inicialmente por Honorables Diputados y que fue recogida por una iniciativa del Ejecutivo, cuyos propósitos están señalados en el mensaje de la Presidenta de la República.
En virtud de lo anterior, señor Presidente, doy mi respaldo a este proyecto de ley, para que el imponente Estadio Nacional lleve el nombre “Julio Martínez Prádanos”.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Sabag.
El señor SABAG.- Señor Presidente, deseo recordar, en primer término, que esta iniciativa proviene de un mensaje de Su Excelencia la Presidenta de la República, quien acogió la moción presentada por los Honorables Diputados señoras Alejandra Sepúlveda, Marisol Turres y Ximena Vidal y señores René Alinco, Ramón Barros, Tucapel Jiménez, Juan Lobos, Iván Norambuena, Manuel Rojas y Gastón Von Mühlenbrock. En su oportunidad, la Primera Mandataria calificó su urgencia de “discusión inmediata”.
Don Julio Martínez Prádanos, desde temprana edad, alcanzó un perfil de comunicador social elocuente y creativo que entretenía a su público auditor no solo por sus relatos deportivos, sino también porque su oratoria alcanzaba ribetes casi literarios, que estimulaban la imaginación de muchos.
Martínez Prádanos, durante su larga y fecunda trayectoria, constituyó un referente de la opinión pública nacional. Además de sus evidentes condiciones de periodista deportivo, supo también incursionar en otros ámbitos de la vida colectiva. Así, cuando el país se debatía en la difícil dinámica de posturas ideológicas encontradas, él ponía una nota de sensatez y de unidad.
Exhibió en su vida profesional diversas habilidades. Conocedor del idioma, luchaba por su pureza y por despojarlo de términos vulgares o expresiones que lo desvirtuaran.
Era un celoso de Chile, de su historia y de sus costumbres.
En sus comentarios radiales no era extraño que intercalara, entre las notas deportivas, algún hecho que marcara nuestra nacionalidad.
Como hombre de clase media, de educación normal y sin otra elocuencia que la sinceridad con que expresaba su pensamiento, se acercó al pabellón de los notables. Prueba de ello son las muestras de pesar que provocó su fallecimiento y su multitudinario funeral.
Julio Martínez amó el deporte y proyectó este sentimiento especialmente hacia los jóvenes, que son el capital social más valioso que puede exhibir el país.
Su aporte a Chile es innegable, y bien merece que nuestro principal campo deportivo lleve su nombre, para ejemplo de futuras generaciones.
En su vida recibió numerosos reconocimientos y homenajes, siendo quizás el más importante el Premio Nacional de Periodismo, que obtuvo en 1995. También recibió el Premio Nacional de la Historia del Fútbol; el Premio Amador Yarur del Club Deportivo Palestino, como el mejor periodista chileno del siglo XX, y el Premio Anatel, como mejor figura televisiva del año 2003.
Este hombre, por sus dones y calidad humana, une a la gran mayoría de los chilenos.
Por eso considero muy digno que el Estadio Nacional lleve su nombre.
Votaré a favor del proyecto.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Ávila.
El señor ÁVILA.- Señor Presidente, voy a votar en contra de la iniciativa en debate.
Lejos estoy de intentar inferir con ello un agravio a la figura de don Julio Martínez, muchos menos a su familia.
Lo que intento con este rechazo es elevar una protesta simbólica por lo que denomino “la legislación al minuto”. Este no es el primer caso: tenemos varios ejemplos en el pasado. Vale decir, sobre los acontecimientos, a alguien se le ocurre conseguir un aprovechamiento de cualquier índole para exaltar la figura de una personalidad que deja este mundo.
¡Pero así no se logra aquel propósito!
Aun más, poner “Julio Martínez Prádanos” al Estadio Nacional significa condenar a la desaparición el nombre de una persona señera en las comunicaciones. Porque nadie acudirá a presenciar un partido de fútbol al “Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos”, sino que simplemente irá al Estado Nacional. ¡El apellido nunca más volverá a pronunciarse!
Por la sola fuerza de la costumbre, la gente durante décadas ha denominado de cierta manera a ese recinto deportivo y seguirá haciéndolo así, independiente de que el Congreso le asigne ahora un nombre determinado.
¡Vean lo que pasa con el principal aeropuerto de Santiago! La gente, por supuesto, vuela desde Pudahuel y no desde el Aeropuerto Comodoro…no sé cuánto.
¡En realidad no recuerdo cómo se llama…!
El señor NÚÑEZ.- ¡Arturo Merino Benítez!
El señor ÁVILA.- ¿Cuánto tiempo lleva ese nombre? Varios años. Pero “Arturo Merino Benítez” sencillamente desapareció. La gente lo ignora, no porque desee agraviarlo. ¡No! Lo que pasa es que ya había un nombre y lo otro pasa a ser un apéndice sin significación alguna.
Entonces, lejos de rendir tributo a don Julio Martínez, pienso que se le está condenando a que desaparezca de la memoria de los ciudadanos al poner su nombre a un recinto que carga mucha historia, de todo tipo, y que partió llamándose “Estadio Nacional”. Y seguirá siendo conocido así por muchos años. No digo por siglos, porque tengo entendido que ya está llegando el momento de su extremaunción. Si no se renueva pronto, vamos a tener muchas dificultades, según explicó no hace mucho gente experta en la materia.
Concluyo, señor Presidente, y lo reitero. Mi voto en contra del proyecto nadie lo puede interpretar como un agravio a don Julio Martínez, a quien tuve el gusto de conocer. Y, por cierto, participo de todos los buenos recuerdos que se han hecho de su persona.
Lo que hago con este voto es rechazar una forma oportunista de legislar, que no honra al Congreso y tampoco ayuda a exaltar el nombre de aquellos a quienes se intenta favorecer.
He dicho.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Allamand.
El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, haré unas breves reflexiones con relación al tema objeto del debate.
En general, uno podría considerar que las objeciones que se han formulado a este proyecto apuntan a que Julio Martínez no habría sido un deportista y también -digámoslo sin que pueda resultar ofensivo para nadie que haya expresado su punto de vista en tal sentido- a que no tendría el mérito suficiente como para que su nombre se viera, en cierto modo, permanentemente vinculado a nuestro principal coliseo deportivo.
De alguna manera -así lo expresó hace varias semanas el Senador señor Escalona-, se aduce subliminalmente que Julio Martínez no sería un gran hombre, de aquellos que tendrían derecho a que su nombre se identificara con un recinto deportivo de estas características.
Y, en verdad, yo tengo la impresión exactamente inversa.
Creo que Julio Martínez, más allá de haber sido una persona ligada al deporte, refleja muchos de los valores con que -en mi apreciación personal- la opinión pública, la ciudadanía, los jóvenes y, en particular, aquellos que nos sentimos muy cerca del deporte, debieran identificar a un recinto de esa índole.
Las justas deportivas son un momento de unidad de los chilenos. Quien alguna vez en su vida haya tenido la oportunidad de vestir la camiseta nacional y de representar a Chile en un evento deportivo, nunca lo va a olvidar. Constituye uno de los orgullos más grandes que una persona puede experimentar. Representar al país en un evento deportivo verdaderamente implica una enorme satisfacción. Y, en ese minuto, ello se junta con la idea de cohesión.
¡Pocas cosas unen más a los chilenos que una representación deportiva!
Y mi impresión es que Julio Martínez refleja cabalmente esa noción de unidad. Pero no irradia solo eso, sino también otros conceptos que debieran ser muy preciados en la convivencia nacional, como el de la amistad, la tolerancia, el mérito de la conversación distendida, la austeridad, el amor por el trabajo y el apego a la familia.
En resumen, la persona de Julio Martínez representa mucho más que una identificación con la importancia del deporte. Él encarna muchos de los valores que nosotros quisiéramos que permanentemente impregnaran la vida nacional.
Y creo que hay pocas maneras mejores de expresar o reflejar esos sentimientos que la de dar el nombre de Julio Martínez a nuestro Estadio Nacional.
Por eso, voy a votar a favor de este proyecto.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Muñoz Barra.
El señor MUÑOZ BARRA.- Señor Presidente, como ha señalado muy bien aquí, en la Sala, un señor Senador que me antecedió en el uso de la palabra, no es fácil tomar posición frente a una personalidad respecto de la cual nadie discute los méritos que logró reunir en vida en su especialidad de comentarista deportivo y como hombre de gran sensibilidad humana en diferentes materias.
Nadie olvidará, por ejemplo, las intervenciones de Julio Martínez en la cadena de solidaridad conocida como la “Teletón”, a través de la cual, con su verba brillante, logró conmover a todo un país en momentos difíciles.
Tan exuberante era la personalidad de Julio Martínez que, tal como un señor Senador lo describió, recibió una larga lista de premios en su vida producto de sus capacidades en una disciplina tan importante como el deporte.
La sociedad chilena no fue egoísta con él, muy por el contrario, se le entregaron diversas distinciones a nivel nacional, partiendo por mencionar el Premio Nacional de Periodismo.
Entonces, Chile ha cumplido con Julio Martínez.
Por eso, subrayo que no se me pasaría por la mente decir una sola palabra que desmereciera lo que Julio Martínez hizo por nuestra sociedad en lo deportivo y en otras actividades.
Sin embargo, considero también que esta iniciativa exagera el reconocimiento en la forma en que está planteado. El Estadio Nacional, desde el 3 de diciembre de 1938, viene escribiendo la historia deportiva del país. Diferentes generaciones han sido testigos de lo que hombres y mujeres lograron para prestigio de Chile en competencias mundiales y continentales de diferentes disciplinas deportivas.
Entonces, hay una historia del Estadio Nacional, así conocido, así entendido, así aceptado, así querido desde el 3 de diciembre de 1938.
De tal manera que no le podemos negar la identidad a ese campo deportivo.
Yo me pregunto: ¿Por qué no le colocamos a la Biblioteca Nacional, por ejemplo, “Biblioteca Nacional Pablo Neruda”? ¿O es que Pablo Neruda no merecería que su nombre estuviese ligado a ella? ¿Y por qué no podría ser “Biblioteca Nacional Gabriela Mistral”? ¿O el nombre de otras personalidades, de otros intelectuales de nuestro país?
Sin embargo, Chile la conoce como Biblioteca Nacional, a secas.
El señor ÁVILA.- ¡Buen punto, señor Senador!
El señor MUÑOZ BARRA.- Y yendo a otros aspectos. Tenemos un Teatro Municipal en Santiago. ¿Por qué no podría llamarse “Teatro Municipal Claudio Arrau”? Sin embargo, se llama solo Teatro Municipal. Y la historia artística de este país, en general, y de Santiago, en particular, lo identifica con esa denominación, la cual ya lleva muchas décadas.
Por eso, señor Presidente, yo tampoco voy a dar -lo digo con el mayor respeto- mi voto favorable a esta iniciativa parlamentaria, porque creo que hay miles o cientos de miles de personas que, reconociendo la capacidad de Julio Martínez, percibirán que su sensibilidad sobre el conocimiento de la historia deportiva de Chile va a ser, en alguna medida, herida.
Nos han colocado entre la espada y la pared al proponer este proyecto para reconocer lo que ese hombre fue en el historial deportivo de nuestro país. Pero hay símbolos nacionales que también debemos considerar y respetar.
No quiero alargar más esta difícil intervención, señor Presidente.
Al igual que otros señores Senadores, siento respeto y admiración por Julio Martínez. Pero creo que, en vez de conferirle un honor, será al revés -como aquí se ha señalado-, pues Chile va a seguir llamando “Estadio Nacional” a nuestro principal coliseo deportivo y, así, el nombre del homenajeado constituirá un apéndice que va a disminuir lo que en este instante se quiere subrayar.
Por eso, reitero -y pido la comprensión de los familiares de Julio Martínez- que el voto de este Senador no se sumará a esta iniciativa de ley.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Se ha solicitado abrir la votación.
¿Les parece a Sus Señorías?
Acordado.
En votación.
--(Durante la votación).
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Espina.
El señor ESPINA.- Señor Presidente, voy a votar a favor este proyecto de ley, que busca incorporar al nombre del Estadio Nacional el de Julio Martínez. Y lo haré basado en lo siguiente.
En primer lugar, porque Julio Martínez fue una persona vinculada siempre al mundo del deporte. Y ello es innegable.
No parece correcto sostener que una persona deba ser deportista para que el principal coliseo deportivo del país lleve su nombre.
Lo importante, a mi entender, es hallarse vinculado al deporte. Y Julio Martínez, a no dudarlo, se mantuvo ligado a él directa y estrechamente durante toda su vida.
Se puede estar vinculado al deporte difundiéndolo o practicando alguna de sus disciplinas. Y quizás lo primero tiene más valor, porque Julio Martínez difundió el deporte en Chile a lo largo de toda su existencia.
Pero tan importante como difundir el deporte es propagar los valores insertos en él. Por ejemplo, el respeto a las reglas del juego; el juego correcto o fair play. Asimismo, el deporte como factor de unidad y no como elemento de división; el deporte al margen de las consideraciones políticas, raciales, sociales. También, los valores claros que involucra ser deportista: la responsabilidad, la honestidad, el respeto al adversario.
A mi juicio, Julio Martínez reunía todas esas condiciones, por su trayectoria; por los valores que representó; por su vinculación con el deporte y por la forma como difundió sus diversas disciplinas; por haber sido factor permanente de unidad en una actividad que desata tantas pasiones y que puede ser, a veces, utilizada políticamente.
Por consiguiente, no veo ninguna razón para que a una persona de esa trayectoria intachable y brillante no se la reconozca colocando su nombre al Estadio Nacional.
No considero válido el argumento de que nuestro principal recinto deportivo va a seguir siendo conocido como “Estadio Nacional”, porque, en definitiva, lo que estamos haciendo aquí es un reconocimiento a una persona que dedicó su vida al deporte en forma noble y correcta.
Si hay alguien que tiene merecimientos en tal sentido, es precisamente Julio Martínez.
Por tales consideraciones, voto que sí.
El señor HOFFMANN (Secretario General).- ¿Algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Terminada la votación.
--Se aprueba en general el proyecto (19 votos a favor, 5 en contra y una abstención) y, por no haberse formulado indicaciones, queda aprobado también en particular.
Votaron por la afirmativa las señoras Alvear y Matthei y los señores Chadwick, Coloma, Escalona, Espina, Frei, García, Horvath, Larraín, Longueira, Novoa, Orpis, Pérez Varela, Prokurica, Romero, Ruiz-Esquide, Sabag y Zaldívar.
Votaron por la negativa los señores Ávila, Girardi, Muñoz Barra, Núñez y Ominami.
Se abstuvo el señor Bianchi.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Se levanta la sesión.
--Se levantó a las 19:23.
Manuel Ocaña Vergara,
Jefe de la Redacción