Sesión 5ª, en martes 1 de abril de 2008
REPERCUSIONES DE RECIENTE VISITA DE SEÑOR SEBASTIÁN PIÑERA A PERÚ
El señor OMINAMI.- Señor Presidente, intervendré para plantear un problema que, en mi opinión, es muy de fondo.
Participé en la reunión que sostuvo la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado en la mañana, en donde anuncié que hablaría sobre un asunto de fondo: el manejo de las relaciones exteriores de Chile.
Quiero iniciar mis observaciones diciendo que me parece bien que alguien que aspiró a ser Presidente de Chile -probablemente, volverá a intentarlo- viaje y conozca el mundo y América Latina. No me provoca envidia ni celo.
Considero muy importante que quienes aspiran a jugar papeles tan relevantes tomen particular conciencia de las cosas trascendentes que están pasando en el planeta, muy especialmente en nuestro continente, el cual claramente se encuentra en movimiento.
Se podrá tener opiniones sobre lo que ocurre en los distintos países, pero no cabe duda de que en América Latina hay un mar de fondo, hay una búsqueda; hay frustraciones no solo por las reformas económicas, sino también por las políticas.
El asunto es cómo hacer estos viajes para contribuir a que las relaciones internacionales de Chile avancen.
Con mucho respeto, quiero plantear tres grandes objeciones a la forma en que Sebastián Piñera se condujo en su reciente visita a Lima.
Mi primera observación tiene que ver con cierta ambigüedad con respecto a la condición en que él viajó a esa ciudad.
Creo que no es bueno, que se ve mal y que hace daño el hecho de tratar de compatibilizar lo que no es compatible: la condición de ex postulante a la Presidencia de la República con la de hombre de negocios.
Si uno lee la prensa, se va a encontrar con que Sebastián Piñera fue por lo menos en cinco condiciones distintas: como ex y futuro candidato a la Presidencia de la República; como presidente del directorio de LAN Chile -según se informó equivocadamente por la prensa, porque ni siquiera es miembro de la plana directiva de esa empresa-; como presidente de la Fundación Futuro, y, para resolver el problema -de acuerdo a lo que dijo-, simplemente como Sebastián Piñera. Es decir, como si pudiera desdoblar su condición de político y de hombre de negocios.
A su vez, creo que la presencia de la primera autoridad de Transportes de Perú en la audiencia con el Presidente García ha acrecentado la confusión.
En mi opinión, es importante tomar nota de lo que se publicó en la prensa peruana, en el sentido de que la Ministra de Transportes de Perú, la señora Verónica Zabala, aseguró que el tema de LAN siempre estuvo en tabla. La fuente de esa información no se basa en una especulación general, sino que proviene -ni más ni menos- de la señora Lenka Zajec, jefa de prensa del Ministerio de Transportes de ese país.
Además, esta confusión ha sido reconocida no por alguien de nuestras bancadas -probablemente, eso no tendría mucha gracia-, sino por el propio Senador señor Larraín, quien en declaraciones publicadas por "La Tercera" de hoy, señala algo que me parece obvio: "Es evidente que en Piñera aún se conjugan no solamente la figura pública, sino que también un empresario, y estos hechos quizás recomiendan prontas definiciones."
Considero que no es aceptable ni razonable que el ex candidato Presidencial sostenga, sin más, que viajó solo como Sebastián Piñera. Porque -reitero- creo que nadie puede desdoblarse de su condición simultánea de dirigente político y de hombre de negocios.
Quiero decir más aún: no es efectivo lo que Sebastián Piñera ha declarado a la prensa, en el sentido de que "El objetivo de mi gira fue 100% de interés político y 0% de interés privado”. Ese es el titular de una entrevista que se publica hoy en la prensa.
Por de pronto, el programa de actividades del ex Senador Piñera incluyó, ni más ni menos, una cena -esto también apareció en medios escritos- con el Presidente del Directorio de Lan Perú, señor Emilio Rodríguez Larraín. Cuesta imaginarse que los temas de la aerolínea no hayan sido abordados en tal ocasión.
Esa es mi primera objeción.
Y tengo tres.
La segunda es quizá la más grave, la más delicada.
Sebastián Piñera ha dicho que “tenemos algunos pendientes con Perú”. A mi juicio, esa afirmación debilita claramente la posición de Chile.
La demanda limítrofe es un conflicto suscitado de forma artificial por Perú. Y creo que en ese diagnóstico todos estamos de acuerdo. Ambos países han completado por lo menos 170 años de vida independiente sin que se planteara esa materia. La primera vez que se manifestó -hasta donde yo sé- fue en 1986 por parte del propio Alan García en su primer mandato. Pero pasaron 170 años sin que ello fuera insinuado.
Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, no hay algo pendiente. Que así lo considere Sebastián Piñera es comenzar debilitando la postura chilena.
Más aún: cuando él dice que el conflicto “está donde debe estar”, esto es, en la Corte Internacional de La Haya -como lo consigna el editorial del diario “El Comercio”-, lo que hace es debilitar la posibilidad de que Chile plantee la llamada “cuestión previa”.
Nuestra Cancillería y la Presidenta de la República son los que deben adoptar una resolución al respecto. Y lo relativo a la cuestión previa ya fue considerado. Sin embargo, que de la noche a la mañana se diga aquello naturalmente no ayuda a fortalecer la posición chilena.
En ese sentido, no es casualidad que el director del diario “Correo” de Lima, el señor Aldo Mariátegui, escriba en su columna “Bueno lo de Piñera”, porque, a su juicio, este “no sólo ha tomado a bien que hayamos acudido a La Haya, sino que le metió palo a su país”. Estoy citando las palabras del director no de cualquier pasquín peruano, sino del diario “Correo”.
Señor Presidente, todos sabemos que el Presidente Alan García es muy inteligente. Y creo que Sebastián Piñera también lo es. Pero en esto ganó ampliamente el Mandatario peruano. Ordenó un gran recibimiento para aquel. Lo hizo porque él es un caballero, pero también porque le convenía.
Ello fue funcional a la estrategia de Perú: abrir un conflicto artificial y, al mismo tiempo, dar la sensación de normalidad, de que esto se puede llevar adelante sin costo. Porque, entre otras cosas, son muy importantes las inversiones chilenas en el Perú (más de 5 mil millones de dólares). Para el Presidente García, tener un conflicto abierto con Chile significaría abrir también un conflicto con inversionistas chilenos y con empresarios peruanos que ven en nuestro país un ejemplo importante y una fuente interesante de negocios y de relacionamiento. Por tal motivo, se intenta mantener las cosas en esa doble dimensión.
En mi opinión, ayuda a la estrategia de Perú, pese a su hostilidad, que el diario “Correo” titule en su portada: “Piñera extiende ramo de olivo”. Ese fue el titular de hace unos días de este importante medio escrito.
Señor Presidente, con mucha franqueza y sin ánimo de polemizar, ni de molestar,…
El señor ESPINA.- ¡No, si está haciendo un cariño…!
El señor OMINAMI.-… quiero simplemente hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo habrían reaccionado los expertos en relaciones internacionales de la Alianza -recordemos que, cuando se inició el conflicto con Perú, formularon declaraciones muy duras, que a muchos nos hicieron temer por el futuro de las relaciones entre ambos países- si el Canciller de Chile o la Presidenta hubiese ido a Lima en estos días a extender, como dice el diario “Correo”, un ramo de olivo al Gobierno peruano?
El señor LONGUEIRA.- ¡Pero ella es la Presidenta!
El señor CHADWICK.- ¡Es la Jefa de Estado!
El señor OMINAMI.- Me hago esa pregunta.
Y ahora plantearé mi tercera observación.
La primera tiene que ver con la confusión; la segunda, con el debilitamiento de la posición de Chile, y la tercera, con ciertas declaraciones que Sebastián Piñera hizo al pasar, que yo estimo que fueron muy malas.
Él ofende a países hermanos cuando, en una entrevista al diario “El Comercio” -que “El Mercurio” hoy reproduce-, dice: “Por una parte, está el modelo de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Están en su derecho de escoger, pero ese camino conduce al subdesarrollo y a la pobreza. Ya demostró su fracaso en todas partes donde fue aplicado.”.
Señor Presidente, esas tres naciones son respetables.
Ecuador -no hay que ser un gran experto en relaciones internacionales- juega un papel importantísimo en la defensa de nuestra posición frente a la injustificada demanda de Perú. Creo que agredir a Ecuador de esa manera, al sugerir que el Presidente Correa encabeza un proceso que está fracasado de antemano, no le hace un favor a la postura chilena.
Bolivia, por su parte, se halla en un proceso de cambios muy profundos. Pienso que para hablar de Bolivia hay que saber mucho y entender muy bien lo que ha pasado allí durante no las últimas décadas, sino los últimos siglos. No resulta razonable ni prudente que quien aspira a ser Presidente de Chile diga que la administración que hoy día conduce el Presidente Morales constituye un modelo que está condenado al fracaso. Por lo demás, se trata de un Mandatario que goza de una altísima y justificada adhesión popular y que mantiene una muy buena relación con nuestro país.
Por último, de igual modo la experiencia bolivariana que encabeza el Presidente Chávez merece también nuestro respeto. Se podrá discutir: a algunos les gustará esa opción y otros preferirán lo que había antes. Pero el Mandatario venezolano no cayó del cielo; es la respuesta al desplome de un sistema que no fue capaz de atender los requerimientos de su pueblo. Se podrá discrepar de aquel, pero no es prudente anticiparse a declarar el fracaso de un proceso en pleno desenvolvimiento.
He querido intervenir en el Senado, señor Presidente -me atuve al tiempo reglamentario-, porque es una manera de plantear debates importantes. Si bien el Senado no conduce las relaciones internacionales de Chile, sí tiene una palabra que entregar respecto de un asunto relevante como el que señalé.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- En los tiempos de los Comités UDI y Renovación Nacional, tiene la palabra el Senador señor Romero.
El señor ROMERO.- Señor Presidente, en verdad siento una especie de vergüenza cuando quien ha intervenido autocalifica su exposición como importante y trascendente. Me avergüenza, porque en el Senado se han escuchado intervenciones bastante más profundas, reales y verdaderas que la que acabamos de oír.
Y lo siento, además, porque quien fue aludido -un ex Senador de la República- no está presente en la Sala.
Me preocupa que a esto se le otorgue tribuna con un bombo que hubiesen soñado los peruanos que sostienen la tesis que los llevó a presentar una demanda ante el tribunal de La Haya. Porque en el Senado, en esta sede, donde nos preocupamos de verdad de temas importantes, se da pábulo -absolutamente increíble- a interpretaciones sesgadas que hacen algunos medios de comunicación, que naturalmente son comprensibles cuando se trata de aquellos que quieren sostener una tesis contraria a los intereses del país.
Pero nadie se podía imaginar que aquí, en esta Corporación, escucharíamos una suerte de descalificación -de la manera tan brutal como se ha hecho- respecto de una persona que ha ido a Perú simplemente accediendo a una invitación y que concurrió a la Cancillería para informar del viaje. El Ministro de Relaciones Exteriores, a través de la prensa, ha confirmado que, en efecto, Sebastián Piñera fue a preguntar cuál era la oportunidad para realizarlo.
Se le sugirió de que viajara días después del encuentro que iban a sostener los agentes en La Haya, cuestión que también le señalé cuando me consultó -porque es una persona prudente- acerca de ello. Porque no parecía razonable que lo hiciera antes, tal como lo expresó coincidentemente nuestro Canciller.
Se reunió con la persona que hoy día tiene el conocimiento más acabado de la situación con Perú, el ex embajador en Lima Juan Pablo Lira, quien le entregó todos los antecedentes del caso.
Y en todas y cada una de las oportunidades en que él se manifestó frente a preguntas que le formulaban los medios de comunicación -yo y todo Chile lo escuchamos- declaró en forma tajante que compartía plenamente los hechos y el derecho que Chile ha planteado con relación a esta materia.
Por eso, es realmente sorprendente que ahora vengamos a escuchar una suerte de rasgadura de vestimentas, en circunstancias de que si uno abre el diario "La Segunda" de hoy, se encuentra, en una noticia de primeras páginas, con lo siguiente: “Fuego cruzado en el Partido Socialista: Mesa recuerda a Ominami caso de los “empleos brujos”.”.
Porque resulta que el Senador que acaba de intervenir...
El señor NAVARRO.- ¡Qué tiene que ver eso!
El señor ROMERO.- Escúcheme, señor Senador. Ya le va a tocar a usted también dar alguna explicación.
El señor NAVARRO.- ¡Doble estándar!
El señor ROMERO.- A este caballero, que acusa de intervención electoral al interior del Partido Socialista, sus propios colegas le dicen que no sea inconsecuente; “como dicen los lolos, esta gente” -refiriéndose al denunciante- “está ‘espejeando’, o sea, se están mirando a sí mismos a través de un espejo. Ninguno de los tres que estamos sentados aquí tenemos que ver, por ejemplo, con el uso de los Programas de Generación de Empleo en la V Región para ganar votos para una elección parlamentaria.”.
Aquí nos hallamos frente justamente a una situación increíble.
El objetivo del viaje de Sebastián Piñera fue ciento por ciento público. El tema de LAN lo incorporó el Presidente García -y así lo señaló desde un primer instante el ex Senador-, al manifestarle su interés en que Perú tuviese una escuela de pilotos.
Por eso, probablemente, debió haber invitado a la Ministra de Transportes.
¿Qué dijo Sebastián Piñera? Dijo que transmitiría sus deseos a la gente de LAN. Punto.
El 14 de marzo, en la reunión con Foxley y Lira (Jefe de América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores), informó que había aplazado su viaje justamente para evitar una situación que pudiera de alguna manera ser mal interpretada.
Siento que aquí estamos frente a una pataleta o a un ataque de celos de poca monta, y en la que se falta gravemente a la verdad. Porque no cabe la menor duda de que cuando la cuestión de fondo que aquí se está planteando es el manejo de las relaciones exteriores de Chile, basta con recordar algunos episodios que son realmente increíbles para admitir la inconsecuencia con que se opera, el doble discurso y el doble estándar con que se están presentando estos temas.
Recordemos el viaje del Senador Navarro, quien me estaba interrumpiendo recién...
El señor NAVARRO.- ¡A mucha honra!
El señor ROMERO.- El Senador Navarro va a Bolivia y firma una declaración con el objeto de poder efectivamente dar una salida soberana al mar a esa nación -acá está la Declaración de La Paz, de Bolivia-, además adjudicándose junto con otros Senadores y Diputados una representación que no les correspondía.
¿Entonces, cuál es el giro de la conducción de las relaciones exteriores de un partido de Gobierno? Simplemente, le da lo mismo.
Lo mismo le dio al Presidente del Partido Socialista cuando fue a arreglar el problema del gas a Buenos Aires.
El señor Escalona dijo que era realmente increíble la burocracia de la Cancillería chilena, y que si no hubiese sido por él, Argentina no mantendría el suministro de gas a Chile.
Terminó de hacer esa declaración, se subió al avión y cuando llegó a Pudahuel (Arturo Merino Benítez), algún jefe de gabinete, algún asesor le informó que en ese momento Argentina había cortado el gas a nuestro país.
¿Esa es la consecuencia, nos preguntamos, de estas acusaciones, que no tienen de verdad ningún asidero? Porque son puras suposiciones, situaciones engañosas en las que se trata de confundir a la opinión pública, haciendo exactamente lo que no se debe. Porque lo que se está llevando a cabo aquí es una intervención respecto a asuntos internacionales para provocar efectos en la política local.
Eso es lo que nosotros siempre hemos criticado, y nunca hicimos, porque nunca hemos aprovechado de hacer política local con relación a los temas internacionales.
Nosotros acuñamos la frase de que la política internacional era una política de Estado. De modo que no vengamos acá a rasgar vestiduras cuando precisamente los de las bancas del frente han sido los campeones en quebrar el concepto de que la conducción de las relaciones exteriores del país la debe hacer la Presidenta de la República a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, que es el vehículo que tiene el Jefe de Estado para desarrollar sus actividades.
Siento que estos temas de poca monta, de escasa monta, sean traídos al Senado. Y lo siento porque, en definitiva, lo que se pretende detrás de todas estas acusaciones es simplemente enlodar -o intentar enlodar- a la figura que hoy día está en el primer lugar de las encuestas.
Y es muy grave que aquí se sostenga lo que recién acabamos de escuchar a propósito de países bolivarianos con conducciones geniales, como el del señor Chávez, donde a un precandidato del Partido Socialista a la Presidencia de la República, el señor José Miguel Insulza, se lo trató de una manera vejatoria que yo nunca había escuchado en el concierto internacional.
De verdad me parece que no hay consecuencia, no hay coherencia y no hay autoridad moral para las acusaciones completamente infundadas que aquí se han pretendido plantear.
Voy a decirles que la gente en Chile no se equivoca. La opinión pública está perfectamente informada de lo que ocurrió en Lima, y no se va a tragar este tipo de acusaciones. Porque no solo son falsas, sino que lo único que procuran es conseguir una pequeña ventaja de carácter electoral.
Señor Presidente, creo que tenemos temas mucho más importantes a los cuales referirnos en la hora de Incidentes.
Con respecto a que haya sido invitado a la casa del señor Emilio Rodríguez, Presidente de Lan Perú, Sebastián Piñera sostuvo siempre que fue una comida social, con sus amigos en Perú -como los puede tener cualquiera de quienes se encuentran en esta Sala -; figuras importantes: empresariales, académicas, políticas, probablemente. Y es parte de su libertad personal hacerlo. Porque, en mi opinión, nosotros no podemos renunciar también a las amistades.
¡Si ahí no se trataba de definir alguna situación de carácter económico o comercial!
¡Hay que tener una imaginación demasiado oscura como para situar de ese modo un hecho de tal naturaleza!
Yo invitaría a la opinión pública y a los señores Senadores a que leyeran la entrevista que realizó a Sebastián Piñera el diario “El Comercio”, de Perú, el 30 de marzo recién pasado. La he leído en dos oportunidades, y me ha quedado perfecta y meridianamente claro que en ningún minuto el entrevistado modificó, de manera alguna, ninguno de los conceptos que siempre hemos defendido con mucha vehemencia.
Nosotros hemos respaldado permanentemente la conducción que hace la Cancillería de asuntos vitales para la soberanía del país. Estos siempre han contado con nuestro apoyo, aun cuando podamos tener discrepancias -¡como las tenemos, señor Presidente!-, y en todo momento reflexionamos sobre ellos y tratamos de ofrecer alternativas con el objeto de mejorar determinada posición.
No es aceptable, entonces, que se nos conteste en la forma como se está haciendo hoy día.
Por ello, señor Presidente, creo que debiéramos hacer una reflexión al respecto.
Nosotros queremos realmente tener una conducción única de la Cancillería, como ha sido siempre. Y nunca hemos alterado esa conducta. Han sido los Senadores de enfrente quienes han actuado de modo distinto. Es cuestión de mirar los acuerdos del Partido Socialista en cuanto a una salida soberana al mar para Bolivia.
No voy a cansar a Sus Señorías leyendo los documentos de esa colectividad con relación a dicha materia.
¿No es una intervención ilegítima en la conducción de las relaciones internacionales del país el que se publiciten los acuerdos del Comité Central del Partido Socialista -o como quiera denominarse a la autoridad interna de esta colectividad- acerca de un tema que se está conversando en una agenda bilateral?
Eso no me parece adecuado. Ni tampoco, el que se vaya a otra nación a suscribir acuerdos, supuestamente en nombre del Congreso Nacional, para que el día de mañana sean exhibidos como lo fue, en la Paz, el “Acuerdo de Paz” suscrito por seudorrepresentantes del Parlamento chileno, quienes no pertenecen a nuestras bancadas, sino a las del frente.
Por ello, señor Presidente, siento de verdad tener que intervenir sobre este asunto.
Reservo los minutos que me restan para, si fuere necesario, replicar a las intervenciones que se efectúen, o bien, para cederlos al Senador señor Víctor Pérez, quien me expresó su deseo en tal sentido.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Restan cinco minutos al Comité Unión Demócrata Independiente.
El señor PÉREZ VARELA.- Se los cedemos al Honorable señor Romero, señor Presidente.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Bien.
El turno siguiente corresponde al Comité Independientes.
No lo ocupará.
En el turno del Comité Socialista, que dispone de veinte minutos, tiene la palabra el Senador señor Ominami.
El señor OMINAMI.- Señor Presidente, no era mi intención hablar de nuevo, pero la intervención del Senador Romero me obliga a tratar de precisar algunas cosas.
En primer lugar, quiero decirle al colega -con mucha tranquilidad, pero también con mucha firmeza- que él no es nadie para venir aquí a dar lecciones de autoridad moral.
Yo no fui funcionario de un Régimen que pisoteó los derechos humanos y que condujo al más grave aislamiento internacional de Chile.
Hay que tener autoridad moral para referirse a quienes fuimos víctimas de violaciones a los derechos humanos y no tenemos las manos manchadas con ningún delito de ese tipo.
En segundo término, a mí el Senador Romero no me va a amedrentar buscando descalificarme.
Se han citado las palabras,…
El señor NARANJO.- Desafortunadas.
El señor OMINAMI.-…muy desafortunadas, de un dirigente del Partido Socialista.
Eso no me va a llevar al terreno de la provocación. Hoy he recibido explicaciones de la Mesa de nuestra colectividad, que me hace presente que sus integrantes no comparten en absoluto las declaraciones formuladas.
El Senador Romero sabe que no tengo ninguna vinculación con el caso que se menciona. Nunca he sido llamado a declarar.
El Senador Romero sabe que, cuando se formó la Comisión investigadora de la Cámara de Diputados, concurrí a entregar mis puntos de vista.
El Senador Romero sabe que quien inició el proceso, el Alcalde de Quillota, se reunió conmigo y, teniendo fundamento la investigación que se abrió, reconoció mi ninguna vinculación con los hechos.
Entonces, venir aquí y confundir una discusión sobre el manejo de las relaciones internacionales de nuestro país con la situación referida -lo digo francamente- es muy malo y revela que los argumentos aducidos sobre determinada situación no se responden.
Yo no he escuchado ninguna refutación seria a los tres argumentos que expuse.
Dije que el ex Senador Piñera generó respecto de su participación en Lima una confusión que tiene que ver con el desarrollo simultáneo de la actividad política y de los negocios. Y para ello señalo como fundamento la referencia que hizo el propio Senador señor Larraín, cuya ausencia en el debate de esta tarde lamento.
No he escuchado ninguna palabra del Senador Romero sobre cómo las declaraciones de Sebastián Piñera han debilitado la posibilidad de que Chile apele a la llamada “cuestión previa”.
Tampoco le he escuchado ninguna palabra acerca de lo imprudentes que son las declaraciones de Sebastián Piñera con respecto a Ecuador, Bolivia y Venezuela.
Estimo que este alegato merecía una respuesta de mejor nivel.
Señor Presidente, termino señalando que el Senado se prestigia cuando discutimos estas cuestiones con altura de miras.
Yo no he pretendido enlodar a Sebastián Piñera. Dije, simplemente, que él ha debilitado la posición de Chile; y creo haberlo hecho con argumentos. Cité la forma como se ha comentado su visita en la prensa peruana. En mi concepto, se dejó seducir por el Presidente Alan García y terminó debilitando la postura de nuestro país en un área extremadamente sensible.
Esa es la argumentación que he dado. Y voy a insistir en ella.
Pienso que este es un debate legítimo, que nada tiene que ver con enlodar ni con desprestigiar, porque no es mi estilo, señor Presidente.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- En el tiempo del Comité Socialista, tiene la palabra el Honorable señor Navarro.
El señor NAVARRO.- Ojalá tuviéramos más oportunidades para discutir sobre política internacional, señor Presidente.
Pienso que, en definitiva, todo hombre tiene sus propios traumas. Hay quienes aspiraron a ser Ministro de Relaciones Exteriores y, como nunca lo consiguieron, tratan de superar ese trauma infantil, juvenil o de la edad más madura. Y, por cierto, están en su legítimo derecho.
Sin embargo, no creo que haya derecho a recurrir a eufemismos para desdibujar la verdad.
Por ejemplo, se dice que Piñera fue a una comida social con el Gerente General de Lan Perú. ¡Así se llama ahora a ese tipo de reuniones: comida social…!
Se añade que hizo uso de su libertad personal. ¡Por cierto que así fue!
Y se agrega que las amistades que visitó no eran de carácter económico-social. O sea, ¡Piñera fue a Perú en su rol de político; se reunió con ejecutivos de Lan Perú y con una serie de personalidades, y no quiso hacer ningún negocio…!
La señora MATTHEI.- ¿Me concede una interrupción?
El señor NAVARRO.- No le voy a dar ninguna interrupción, Senadora.
La señora MATTHEI.- Y cuando vino la candidata francesa, ¿ustedes no se juntaron con ella?
El señor NAVARRO.- ¡La Senadora interrumpe y es maleducada, señor Presidente!
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Prosiga, Senador señor Navarro: usted tiene la palabra.
La señora MATTHEI.- ¡Me cansa escuchar tonteras!
El señor NAVARRO.- Señor Presidente, pido que retire sus palabras la Senadora Matthei, quien está acostumbrada a hacer abuso de su condición de mujer para decir barbaridades.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Continúe, señor Senador.
El señor NAVARRO.- Ella es inteligente, ¡pero de repente se encabrita…!
El Senador Romero manifiesta que la Cámara Alta trata temas importantes y trascendentes.
Yo diría que lo relevante fue puesto por el Senador Ominami al evaluar la visita de un candidato presidencial a un país vecino con el cual hay un litigio, pendiente en el Tribunal de La Haya, donde se cuestionan nuestro territorio, la soberanía nacional.
Diferente es el litigio con Bolivia, en que claramente existe un debate interno, pero sin que medie ninguna presentación ante tribunal alguno.
La visita que comentamos esta tarde solo ha conseguido debilitar la posición de Chile.
En el caso de Bolivia se trata de un debate político. Y muchos han viajado a esa nación para intentar traer gas.
Yo tengo opinión al respecto. Soy de los que creen que debemos buscar para Bolivia salida al mar sin soberanía, a fin de acceder al gas que Chile requiere para continuar dando empleos y seguir teniendo producción y desarrollo limpios. Y también sustentamos opinión política como Partido Socialista.
La verdad es que la visita de Sebastián Piñera a Perú ha sido extremadamente pomposa. Y la pompa no la ha puesto el Senador Ominami…
El señor ESPINA.- ¡Es que no puede...!
El señor NAVARRO.-...al traer el tema a la Cámara Alta: la puso Piñera en Perú, porque, en definitiva, intentó realizar un viaje con estatus de Jefe de Estado.
Ahí existe un error. Y creo que Alan García le debe una disculpa a nuestro país, a la Presidenta Bachelet, por el trato que se le dio a Sebastián Piñera.
En tal sentido, resulta claro que la intención del equipo comunicacional de Piñera no era que el viaje fuese de descanso, ni siquiera de negocios, sino eminentemente político. Y la verdad es que ello ha encendido las luces rojas, verdes y amarillas, dando lugar a un debate que ojalá sea conducente.
Yo espero que cuando conversemos al respecto no se derive a ataques ad hóminem, a recordar a tal o cual Senador algún conflicto, sino que hablemos de política internacional.
Y me gustaría que las bancadas de enfrente hicieran una autocrítica, porque, a todas luces, Piñera se equivocó. Dio un paso en falso, cuyo impacto en el país aún no se dimensiona.
En tal sentido, no me parece apropiado intentar mezclar los temas externos con los internos para debatir por qué Sebastián Piñera dio ese paso en falso, que al final, claramente, lo deja en condición precaria en su búsqueda de ser Presidente de la República, pues uno podría acusarlo de haber ido a negociar el territorio norte de nuestro país.
En la pelea que mantenemos con Perú, uno sostiene: "El mar es chileno y hay que defender el territorio marítimo del norte".
Yo digo: "Veamos de quién son los derechos de pesca".
El 95 por ciento de los derechos de pesca de ese mar de Chile pertenecen a una sola persona: el señor Angelini. Ningún pescador artesanal puede desarrollar su labor allí.
Entonces, no me vengan con que el mar de esa zona es de todos los chilenos. ¡Tiene un solo dueño: un privado!
Señor Presidente, espero que la Derecha, cada vez que actúe, lo haga con transparencia, con honestidad.
Me acusaron ante el Tribunal Constitucional. Me quieren destituir por haber marchado junto a los trabajadores.
Les notifico que lo voy a seguir haciendo. Siempre que haya una causa justa, voy a permanecer al lado de los trabajadores, pues para eso me eligieron: para estar junto a ellos.
¡Y se amparan en el artículo 60 de la Constitución para intentar inhabilitar a un parlamentario por el solo hecho de marchar junto a los trabajadores!
No me quieren apartar del Senado ni por corrupto ni por pedófilo, sino por estar con los trabajadores, quienes para eso me eligieron.
Señor Presidente, cuando se plantea el tan manido argumento de la autoridad moral, hay que tener esa autoridad y ser consecuente con ella.
Hemos llegado aquí por los votos ciudadanos. No intenten sacar las castañas con la mano del gato. Si nos quieren ganar, háganlo en el plano democrático, no en el de las descalificaciones o en del uso y abuso de una Constitución que ustedes ayudaron a forjar y que nosotros hemos mantenido y mejorado un poquito.
Señor Presidente, espero que las fuertes palabras del Senador Romero en contra del colega Ominami no sean producto de una aversión personal. Reiteradamente lo escucho en esta Corporación, y siento que hay en él un tanto de bronca, de rabia. Yo no sé a qué se debe, pero ello se trasluce en sus dichos.
En definitiva, pienso que en este escenario, donde según el propio señor Romero se tratan materias importantes y trascendentes, las descalificaciones que ha sufrido el Senador Ominami no caben. Y espero que ese colega de la Derecha pueda reconocerlo.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- En el resto del tiempo correspondiente al Partido Socialista, tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.
El señor GAZMURI.- Señor Presidente, creo que se ha dicho todo.
Me hago solidario de las palabras del colega Ominami, quien, en mi opinión, ha sido muy injustamente atacado por el Senador Romero. No creo que eso contribuya a elevar el debate en esta Corporación.
Solo quiero reforzar un argumento.
Aquí hay un asunto de política interna que se proyecta hacia el exterior y sobre el cual tenemos una diferencia muy profunda -al parecer-, no con la Alianza, sino con Renovación Nacional: que existe un límite de incompatibilidad entre la vida de los grandes negocios y la del servicio público, siendo las dos cuestiones muy respetables.
En todas las democracias hay una barrera entre negocios y política. Y eso se lo ha dicho a Sebastián Piñera medio mundo; inclusive, sus amigos. Porque es demasiado evidente que existe un muro.
Por más correligionario que alguien sea, no se puede tapar el sol con un dedo.
Y ello genera confusión nacional e internacional. Porque, además, se trata de un político destacado y no de un señor que tiene un negocito en la esquina.
El señor NARANJO.- O un boliche.
El señor GAZMURI.- Estamos hablando de una de las fortunas más grandes del país: sobre mil millones de dólares.
El señor ESPINA.- ¡Ganados honradamente!
El señor NARANJO.-¡Habría que averiguarlo…!
El señor GAZMURI.- Yo no critico eso.
El señor ESPINA.- Pero…
El señor GAZMURI.- Por favor, escuchen lo que estoy diciendo.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Prosiga, Senador señor Gazmuri.
El señor GAZMURI.- En un sistema como el nuestro, que permite la concentración de la riqueza, esta, dentro de las reglas fijadas, es legítima.
El Papa considera que hay en ello un pecado social. No sé dónde empieza. Yo no he dado ese argumento. Por tanto, no tengo ninguna descalificación moral que hacer a Sebastián Piñera como empresario, ni a los empresarios en general, ni a los grupos económicos.
Yo solo afirmo que es radicalmente incompatible gestionar en forma directa grandes negocios y ser al mismo tiempo una figura pública destacada. Además, que esos grandes negocios tienen en el Perú muchos intereses -no del ámbito del retail- que requieren autorización permanente, trimestral, del Gobierno de ese país para el complejo tema de los permisos aéreos. Y, asimismo, que se trata de una empresa altamente regulada por el Estado peruano.
Me parece bien que un gran empresario vaya a hablar con el Presidente del Perú sobre los asuntos de LAN. Así proceden todos los grandes empresarios del mundo. Está bien: se halla dentro de su rol.
Lo que no me parece bien es esta tremenda confusión, que no resiste más.
El argumento que le escuché hace algunos días a Sebastián Piñera en un programa de televisión es que no hay ley al respecto. Y preguntaba por qué no se legisla sobre el particular.
Señor Presidente, yo no tengo que esperar la existencia de una ley que me obligue a decir la verdad para no seguir diciendo mentirillas.
El señor ESPINA.- ¿Qué verdad?
El señor GAZMURI.- Hay una evidencia de ética política universal en toda democracia madura: la existencia de una muralla. Por tanto, si queremos tener una democracia madura, es necesario establecer una barrera entre la dirección de los grandes negocios y la representación política. Son dos actividades nobles, pero debieran estar separadas.
Ese punto es ineludible. Y creo que al respecto hay evidencia nacional.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- En el turno del Comité Demócrata Cristiano, tiene la palabra el Honorable señor Pizarro.
Me acaba de informar el Senador señor Naranjo que puede ceder a Su Señoría el tiempo que le resta al Comité Socialista.
El señor PIZARRO.- Señor Presidente, agradezco al Senador señor Naranjo, a quien le cedo, obviamente, el tiempo que sobre del turno de mi Comité.
Aunque cueste desarrollar un debate, un diálogo, acerca de esta materia, creo que cada día ello se va haciendo más necesario, porque Chile, respecto de Perú, ha de llevar adelante una política de Estado inteligente, acordada, consensuada, y ojalá respaldada por todos. Y es en esa línea donde pienso que el Senado debe tratar de aportar algo, de reflexionar y llamar a debatir y a dialogar en serio, para lo cual es preciso pensar en el bien común del país y no en darse un gusto personal, ni emplear el argumento falaz o la descalificación, que a la larga lo único que hace es debilitar los propios argumentos.
Si queremos desarrollar la discusión en serio, hemos de partir de la base de que la gira -porque así debe ser llamada- a Perú de uno de los candidatos presidenciales de la Derecha revistió, evidentemente, un carácter político y se halla inserta en una estrategia de posicionamiento, de promoción de sus puntos de vista para planteárselos a Chile. Piñera fue a eso a Perú, con objetivos de orden político, para empaparse de la realidad que se vive en un país con el cual mantenemos una relación permanente.
Y ello también tiene que ver con la idea de ir aprendiendo lo que él cree, legítimamente, que será el ejercicio de la responsabilidad de dirigir el país.
Porque no cabe duda de que Piñera es candidato. Si uno tiene claro eso, debe pensar también en que quienes se encuentran detrás de esta estrategia han de evaluar sus efectos políticos. Y se ha de clarificar muy bien en qué condiciones viaja.
Ahí se encuentra el problema, en un primer aspecto: en la confusión que se genera por no existir claridad acerca de la función o del carácter en que Sebastián Piñera efectúa la gira, por cierto muy bien organizada y al más alto nivel, como nos hemos dado cuenta todos. Tengo la ventaja de conocer bastante el mundo político peruano, y sin duda que la visita, respecto de sus interlocutores, fue un éxito total y absoluto. Y eso no puede desconocerlo nadie.
Entonces, con mayor razón tenemos la obligación de evaluar en Chile los efectos políticos de ese hecho. Porque la cuestión da lo mismo si alguno de nosotros posee los mismos contactos o emite alguna opinión, pero no cuando se trata de alguien que aspira a dirigir a Chile. La responsabilidad de la política exterior y la forma como vamos a seguir relacionándonos con otros países va a asumirlas una persona como Sebastián Piñera u otra.
Por lo tanto, si queremos realizar el debate en serio, debemos ser capaces de analizar tranquilamente la situación.
Sin duda que el asunto se prestó para malentendidos. Eso no puede desconocerlo nadie. Lo ha tenido que reconocer el propio Piñera. Es un malentendido evidente cuando el propio Presidente del Perú informa a los medios de comunicación que Piñera había ido en su calidad de presidente de LAN. Eso constituye un primer error, pues este último no es presidente del directorio de dicha compañía.
El segundo error grave consiste en que, mientras el Presidente García señalaba eso, el visitante manifestaba a los mismos medios que se encontraba allí en su condición de político.
Ese es otro elemento que lleva a confusión. Mientras Piñera sostiene que su gira ha sido total y absolutamente política, desde la propia Presidencia del Perú se informa que se ha tocado el tema de LAN, de una escuela de pilotos.
Cualquiera puede pensar lo que estime pertinente. Pero la opinión pública también tiene derecho a creer que, a lo mejor, Piñera habló entremedio con la Ministra de Transportes acerca de las autorizaciones o licencias que cada cierto tiempo necesita LAN Perú para operar. Si uno fuera mal pensado, llegaría a esa conclusión.
Parto de la base de que resulta muy probable que lo planteado tanto por Piñera como por el Presidente García tenga una cuota muy importante de verdad. Pero, lamentablemente, los efectos han sido completamente distintos para la opinión pública chilena y para la peruana.
En el caso nuestro, considero que nos asiste el derecho a evaluar políticamente si nos hallamos ante un elemento que se puede transformar en una debilidad en cuanto a la implementación de la estrategia que Chile ha seguido respecto al caso que Perú ha construido en materia de límites marítimos.
Ese es un tema de legítimo análisis por parte de la opinión pública chilena. Y no hay que molestarse por ello. Al revés. Quienes asesoran a Piñera y le aconsejaron que realizara la gira, dentro de su estrategia de posicionamiento, deben evaluarlo. Porque seguramente va a llevar adelante otras.
La Honorable señora Matthei recién comentaba que la visita de la señora Ségolène Royal fue una gira política. Evidente. Si todos quienes han sido candidatos han hecho giras y se visten con eso. Y es natural que sea así. Porque el país necesita saber qué van a plantear si llegan a ser Presidente o Presidenta. Es lo más natural que hay. Nadie puede molestarse por eso.
Lo único que uno pide, en materia de política exterior -y allí radica el problema más grave, en mi opinión-, es que, si existe un criterio consensuado respecto de cómo vamos a implementar una estrategia que defienda los intereses permanentes de Chile, lo observemos todos, aquí y en el extranjero. Y con mayor razón en el país donde se ha llevado a cabo esa gira. Y ahí lo cortés no quita lo valiente.
Me da la impresión de que a Piñera puede haberle pasado lo que nos sucede a todos: que nos entusiasmamos y, cuando emitimos alguna declaración, no medimos los efectos.
Es preciso tener cuidado en los conceptos.
En tal sentido, le digo cariñosamente al Senador señor Navarro que él ha hecho algunas afirmaciones bastante más complicadas que las de Piñera en su visita a Lima.
Debemos ser cuidadosos en lo que manifestamos. Porque aceptar que tenemos un diferendo y plantear que está bien que este se encuentre en La Haya es algo que debilita la estrategia chilena. Ese es el punto.
Algunos me van a decir: “No es así”.
Pienso que el propio Piñera se dio cuenta del error de sus primeras declaraciones, pues después las corrigió. Y llegó al nivel de insistir dos y tres veces en que respaldaba total y absolutamente la línea política y la estrategia diseñada por el Gobierno de Chile con el consenso de todos los actores que pueden opinar algo en nuestro país.
Entonces, creo que este debate debe servirnos para reflexionar un poquito más en serio. Porque el tema debe considerarse en esa forma. No hagamos argumentos -lo digo de verdad- con la política exterior. No abusemos de situaciones en el extranjero para emplearlas en el ámbito interno. Y menos en este tipo de materias, porque a la larga debilitamos los intereses del país.
Me parece que se debe hacer ver este punto a Sebastián Piñera, no por simpatía o porque uno sea su amigo, sino porque, políticamente, si está jugando un rol, es bueno que evalúe cómo lo hace o qué lleva adelante en sus propuestas sobre política exterior.
De lo contrario, si no entiendo de argumentos o no se nos representa cuál es realmente la política exterior que la candidatura presidencial de Piñera va a impulsar, debo concluir que los partidos de la Alianza han cambiado de opinión o están por interpretar otra política. Entonces, es legítimo también preguntarse si lo que va a privilegiar esa coalición -con cualquiera de sus candidatos, pero en particular con Piñera- será el criterio del garrote de los chovinistas o el del olivo de los inversionistas, como algunos han dicho.
Me parece que lo serio y razonable es que podamos dialogar y debatir sobre el asunto con altura de miras.
Creo que hacia adelante debemos seguir trabajando por la implementación de una política consensuada; por el fortalecimiento de la estrategia que Chile ha definido frente al caso fabricado de manera artificial por el Gobierno peruano. Porque eso es lo único que nos permitirá contar con una posición sólida para defender nuestros intereses ante el tribunal de La Haya. Porque es, además, lo que hará posible actuar con un sentido unitario y tener claridad respecto a lo que Chile realizará en los próximos 5, 10, 15 ó 20 años en este tipo de materias. Porque, asimismo, es lo único que garantiza estabilidad a una nación como la nuestra. Y, según sabemos, la estabilidad, a la larga, favorece a las grandes mayorías de ciudadanos que esperan que los políticos procedamos con responsabilidad y con sentido de país cuando haya que asumir determinadas posiciones, cuando haya que tomar determinadas decisiones.
Rebajar la respuesta a un planteamiento de este tipo y decir: “Les dieron celos”; “Les da envidia porque lo recibió el Presidente; porque se juntó con el mundo político del Perú más amplio”, a mi juicio es eludir el debate. Algunos afirmaron: “A la Presidenta le dio una pataleta. Entonces, se enojó y dijo esto”. ¡Por favor! Eso resulta tan peyorativo, tan frívolo, tan descalificador, como caer en argumentos que no se condicen con la cuestión de fondo que intentamos analizar.
Con franqueza, quiero hacer un llamado al respecto. Hoy celebramos una reunión muy positiva, en esta línea, en la Comisión de Relaciones Exteriores, donde tratamos el tema con altura de miras; donde algunos de los argumentos entregados aquí se cotejaron como debe ser: con sentido constructivo y sin descalificación.
Y si de algo puede servir el diálogo que hemos mantenido, señor Presidente, ojalá sea para reafirmar las posturas de nuestro país en la defensa de sus intereses permanentes en materia limítrofe. Si en algo ha ayudado a ello el debate, bienvenido sea.
Gracias.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- El Comité Demócrata Cristiano no hará uso de los 6 minutos que le quedan.
En el tiempo que resta al Comité Renovación Nacional, tiene la palabra el Senador señor Pérez Varela.
El señor PÉREZ VARELA.- Señor Presidente, no tenía pensado intervenir en la discusión, pues quería referirme a asuntos de la Región que represento.
A mi juicio, el Honorable señor Pizarro puso el nivel del debate en el lugar donde en verdad debe hallarse: el de un análisis y una evaluación políticos serios de los distintos hechos de la misma índole que pueden nacer de la visita que Sebastián Piñera realizó al Perú.
Con relación al esfuerzo del Senador señor Ominami por aseverar que se ha debilitado la posición chilena, no he escuchado decir ni una sola palabra en tal sentido a quien tiene la responsabilidad de dirigir las relaciones exteriores.
Me parecería una omisión absolutamente inexcusable del Canciller que, pasados varios días de una situación que ha quitado fuerza a nuestra postura, no hubiese emitido ningún juicio sobre el particular.
Esa constituye la mejor evidencia de que aquí nadie ha debilitado absolutamente nada. Por el contrario, ha quedado nítido, expreso, tanto en Perú como en Chile, que se ha ratificado el consenso alcanzado en nuestro país sobre una materia de esta naturaleza. Y esa ratificación expresa fortaleció nuestra posición frente a la acción del Perú de llevar el diferendo a La Haya.
Creo que los Parlamentarios de la Concertación que intentan sacar ventaja política o llevar a una discusión politiquera el viaje de Sebastián Piñera deben cuidar sus dichos, porque no cabe duda de que lo que hacen es minar, debilitar, no a nuestra política, sino a quienes se encuentran a cargo de llevar adelante todas las acciones que Chile realiza en el ámbito internacional.
Resulta indiscutible que el Ministro de Relaciones Exteriores no ha emitido ningún juicio en este sentido porque sabe que lo que se ha hecho es ratificar un consenso nacional.
Eso, a mi juicio, desnuda la circunstancia de que aquí existe una suerte de nerviosismo, de preocupación, porque una visita a un país como Perú fue ciertamente exitosa, como lo dijo el Senador señor Pizarro, pero, además, como lo ratificó el Honorable señor Navarro, quien estableció con claridad el problema que tenemos aquí y manifestó que el Presidente Alan García le debe una disculpa a la Presidenta Bachelet.
¡Ahí se halla el fondo del problema!
Como la visita fue exitosa, ellos creen -el Senador señor Navarro lo demostró con sus palabras- que el Primer Mandatario peruano le hizo un favor a Sebastián Piñera y traicionó la confianza de la Presidenta Bachelet.
Ese es el elemento central.
Estamos ante una visita exitosa, del más alto nivel, que no tuvo otro sentido que ese: el éxito.
No se debilitó nada. Por el contrario, se ratificó el consenso que se registra en Chile. Y ojalá todos pudiéramos contribuir de esa manera a las acciones de nuestra política internacional; de defensa de nuestros intereses, en especial frente a países limítrofes. Ello, a diferencia de otras oportunidades, como cuando se dijo, por ejemplo, que si la Presidenta de la República no tomaba tal o cual medida habría un antes y un después; o cuando el Gobierno formuló declaraciones claras en cuanto a la pretensión boliviana de salir al mar y Parlamentarios oficialistas fueron a debilitar esa postura en el mismo país al que se dirigían las acciones políticas chilenas.
Por lo tanto, señor Presidente, creo que aquí el esfuerzo por tratar de debilitar políticamente a alguien resulta por completo en vano.
En lo particular, me alegra la rectitud del Ministro de Relaciones Exteriores, quien ha establecido con claridad, mediante su actuación y su silencio, que no se ha quitado fuerza absolutamente a nada.
He dicho.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Allamand.
El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, deseo insistir en lo planteado por alguien hace unas semanas en el sentido de que se podría corregir la “genialidad” de la innovación tecnológica introducida respecto de micrófonos que antes funcionaban muy bien y que ahora resultan una complicación permanente.
Me interesa intervenir -en especial, a partir de la exposición del Senador señor Pizarro- sobre algunos de los temas de fondo presentes en el debate.
La pregunta que debería hacerse aquí tiene que ver con el más elemental sentido común, porque, cuando en una corporación como esta se razona sobre la base y la premisa del absurdo, algo no funciona.
¿Qué es lo que se ha estado, en parte, discutiendo? Lo de si la visita de Sebastián Piñera a Perú podría haber perjudicado o no la posición de Chile.
Pues bien, la primera interrogante que habría que plantearse sería la siguiente: ¿cómo podría dañar a nuestra postura una visita en la cual una y otra vez quien la realiza insiste y clarifica -casi con majadería- que su posición es exactamente igual a la de Chile? O sea, este sería el único caso en que una persona que se identifica con el planteamiento del Gobierno supuestamente perjudica al que apoya.
Si el señor Piñera hubiera ido al Perú y manifestado diferencias respecto de la posición oficial del Gobierno, entonces, desde el punto de vista de la más elemental lógica, alguien podría afirmar: “Ojo: aquí existe un debilitamiento, porque el criterio del Gobierno es A, y el del señor Piñera, B”. Pero resulta que este último sostiene una y otra vez en Perú que su postura en la materia es simétrica, idéntica, igual a la del Gobierno chileno.
Por tanto, acabamos de descubrir algo que solamente sería atribuible a Ionesco, es decir, una suerte de razonamiento llevado al absurdo: alguien que en el exterior coincide en plenitud y hace suya la política del Gobierno, la erosiona, paradójicamente.
Entonces, los argumentos deben tener un mínimo de sentido común para ser considerados como tales, porque, de lo contrario, son simplemente una falacia. Y el Diccionario define esta como un argumento que posee apariencia de verdad pero, en definitiva, carece de ella.
El segundo punto se relaciona con otro aspecto muy importante y al que también hizo alusión el Senador señor Pizarro: la coherencia en materia de política exterior.
El Honorable señor Romero mencionó dos episodios específicos -hay varios más- en los que la conducta de los miembros del Partido Socialista se aparta por entero de la posición del Gobierno de Chile. Y, curiosamente, ahí no se genera crítica alguna.
Digamos las cosas como son.
Cuando visitan Bolivia distintos representantes de esa colectividad política, en sus actuaciones se apartan de la postura del Gobierno -su propio Gobierno- en esa materia. ¡Se apartan tajantemente!
Nadie puede sostener que la posición que tiene hoy el Partido Socialista respecto del asunto boliviano es idéntica a la del Gobierno chileno. Basta leer sus resoluciones, sus acuerdos, donde se plantea que nuestra política exterior debe cambiar en ese punto.
Por lo tanto, ¡argumentemos con un mínimo de racionalidad!
El Partido Socialista, frente al tema de Bolivia, muestra una posición distinta de la que han exhibido todos los Gobiernos chilenos en el último tiempo.
¡Eso es erosionar la política exterior!
¡Y qué decir de Argentina!
El señor GAZMURI.- ¿Y de Pinochet…?
El señor ALLAMAND.- ¡Si el episodio con Argentina y su gas es simplemente patético!
Se reúne la directiva del Partido Socialista -aquí tengo las declaraciones- y su Presidente señala que la Cancillería se ha manejado tan mal -tengo en mi poder la publicación- que entiende “que para la burocracia de la Cancillería esto es doloroso”. ¿Qué es lo doloroso? Según la opinión de la directiva de esa colectividad, el pésimo manejo en la cuestión del gas. ¿Y qué dijo en esa oportunidad el Senador señor Escalona? Que si no fuera por ellos, por el Partido Socialista, ya nos habrían cortado el gas.
Más aún, cuando se formularon críticas sobre su conducta, ¿qué dijo el Presidente de esa tienda política? Dijo, textualmente, que esas críticas tenían que ver con “enanos” que merodeaban cerca de La Moneda.
Es decir, el Partido Socialista va a Argentina; critica tajantemente la política exterior del Gobierno de la Presidenta Bachelet; sostiene que la Cancillería se maneja pésimo; manifiesta que son unos burócratas; afirma que los que critican su actitud son unos “pigmeos”, unos “enanos”, pero eso no perjudica la política exterior de Chile, sino que, por el contrario, ¡la fortalece…!
O sea, cuando el Presidente del Partido Socialista viaja al país trasandino y le “vuela la cabeza” a la política exterior chilena respecto de Argentina, eso ayuda. Sin embargo, cuando Piñera va a Perú y respalda la posición del Gobierno de Chile, eso perjudica.
¡Francamente, ustedes han llegado al punto del absurdo!
Pero quiero agregar un antecedente más.
El señor GAZMURI.- ¡Los negocios…!
El señor ALLAMAND.- Durante mucho tiempo, el Partido Socialista, por el que yo tengo -créanme- marcado respeto, había presentado un rasgo sicológico bastante importante. Sufría una suerte de esquizofrenia que ustedes mismos han reconocido.
¿Por qué digo que tenían esquizofrenia? Porque, al mismo tiempo que proclamaban la adhesión a la vía violenta y a la dictadura del proletariado -Sus Señorías recordarán el Congreso de Chillán del año 67-,…
El señor GAZMURI.- ¡Yo era muy joven…!
El señor NAVARRO.- ¡Eso fue hace 40 años!
El señor ALLAMAND.- … participaban en las normas del proceso democrático.
Eran, pues, técnicamente, un partido esquizofrénico. Porque no se puede adherir a la vía democrática y, de manera simultánea, legitimar la vía armada.
Pero acabo de descubrir que el actual Partido Socialista exhibe un nuevo rasgo sicológico, muy especial: es masoquista. ¿Y por qué sostengo esto? Porque aquí he visto defender las palabras y la gestión del Presidente Chávez.
Al respecto, quiero recordar a los miembros de la bancada socialista dos episodios.
El Mandatario venezolano injurió al conjunto de este Senado, al extremo de que el Presidente de la Corporación de ese momento, el Honorable señor Eduardo Frei, le reprochó tajantemente su actitud. Porque, al adoptar una resolución respecto de una grave violación de la libertad de expresión en ese país, el Presidente Chávez tildó a este Senado -¡a este Senado, del que ustedes también forman parte!- de "fascista".
Vale decir, ¡los insultan, y a ustedes les parece bien!
Pero no solo eso.
El Presidente Chávez se ha ensañado con un compatriota nuestro que se halla en la cúspide de una de las organizaciones internacionales más importantes: la OEA.
Nosotros, como chilenos, tenemos una vocación por América Latina. Y yo siento orgullo de que José Miguel Insulza, miembro del Partido Socialista, precandidato presidencial de dicha colectividad, sea Secretario General de ese organismo. Cuando se presentó a la elección, todos y cada uno de nosotros, en la medida modesta de nuestras fuerzas, empujamos para que alcanzara ese cargo.
Pues bien, el señor Chávez lo ha injuriado de la manera más soez, más vulgar y más indigna. Lo ha vapuleado en términos públicos. ¡Y ustedes, que son sus correligionarios, que lo levantan de candidato, en vez de criticar al señor Chávez por su actuación, asumen su defensa!
El señor GAZMURI.- ¡Si lo criticamos, hombre!
El señor ALLAMAND.- ¡La verdad de las cosas, señor Presidente, es que a mí me encanta este debate...!
El señor GAZMURI.- ¡No exagere! ¡No se pase de la retórica, Senador!
El señor ALLAMAND.- Porque, en lo conceptual, ha quedado de manifiesto la total incoherencia argumental de algunos. Pero, sobre todo, se ha podido observar, como quien dice, un nuevo rasgo sicológico muy importante del Partido Socialista: sus miembros ya no solo sufren de esquizofrenia, sino que ahora son víctimas ni más ni menos que del masoquismo.
He dicho.
La señora MATTHEI.- ¡Muy bien!
El señor GAZMURI.- ¡Y de los negocios, nada…!
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Espina.
El señor ESPINA.- Señor Presidente, las intervenciones de los Senadores de la Alianza me evitan referirme a materias que, a mi juicio, han quedado suficientemente claras.
Coincido con lo manifestado por el Honorable señor Pérez Varela. Y mi impresión es que el Senador señor Pizarro, a su vez, puso el punto del debate donde corresponde.
En mi opinión, ha quedado absolutamente nítido que cuando Sebastián Piñera viajó a Perú sostuvo la posición de Chile. Señaló que la situación de los límites con dicho país estaba del todo zanjada; acudió a la Cancillería para asesorarse respecto de los tiempos y contenidos de la entrevista; conversó con un experto como don Juan Pablo Lira, y procedió como corresponde a una persona que tiene grandes posibilidades de ser Presidente de Chile. Sin embargo, se lo critica.
Pero cuando miembros del Partido Socialista actúan en contra de la Cancillería chilena y la desprestigian; cuando obran perjudicando los intereses que el país está defendiendo, “mutis por el foro”.
Eso -perdónenme, pero se los digo con toda franqueza y respeto- es una falta de consistencia y de consecuencia del porte de una catedral.
Y sobre esos dichos -se los vuelvo a señalar con el mayor respeto-, ustedes deben una explicación al país. Porque no se puede ser partidario de la política exterior del Gobierno cuando les conviene electoralmente y ser contrario a ella cuando lo que dicen sus propios integrantes finalmente perjudica a Chile.
Y voy a ir al tema de fondo: el de los negocios.
Yo soy estrecho colaborador de Sebastián Piñera. Y él ha sostenido que cuando enfrente la elección presidencial se va a apartar de sus negocios.
Eso es lo correcto y es lo que va a hacer.
El Gobierno, entonces, señaló que iba a enviar un proyecto de ley tendiente a regular la actividad relacionada con los intereses económicos de personas que se desempeñan en el servicio público.
Quiero expresarles que hay ministros, parlamentarios y autoridades de Gobierno, de distinto rango, que son empresarios. Y respecto de ellos nadie dice una palabra.
¡Y llevan dos años de Gobierno sin ser capaces de sacar la famosa ley del fideicomiso ciego!
Por lo tanto, si Sebastián Piñera toma hoy la decisión de separarse de sus actividades empresariales, antes de la dictación de esa normativa, lo acusarán de haberlo hecho para burlar el contenido de la ley. Y si espera la aprobación de esta, mientras no se dicte lo criticarán por no separarse de sus negocios.
Esa es una estrategia política, que consiste en dilatar la dictación de esa ley por años. Porque las urgencias las maneja el Ejecutivo. Y si el proyecto hubiese sido prioritario, hoy tendríamos una ley vigente.
Pero no ha sido así. Y la razón es muy sencilla: intentarán dilatar la iniciativa que crea el fideicomiso ciego para generar un hecho político falso.
En segundo término, señor Presidente, considero una falta de respeto -por cuanto no hay ningún antecedente serio y responsable que lo avale- sostener que la persona que lidera las encuestas en Chile, que ya fue candidata a Presidente y que probablemente lo será en dos años más, viajó para interceder por negocios propios ante el Gobierno de Perú.
¡Es una falta de respeto!
Cuando Ricardo Lagos y otros candidatos de la Concertación viajaron al extranjero antes de ocupar la Presidencia, nosotros pudimos haber criticado las políticas públicas o las políticas internacionales que ellos querían llevar a cabo, pero nunca pusimos en duda la idoneidad con que actuaron.
Cuando el Presidente Alan García le preguntó a Sebastián Piñera respecto a un hecho puntual de LAN, ¿qué querían que este hiciera: que no le contestara? Él se limitó a decirle que le iba a entregar la información a las autoridades de esa compañía aérea.
Y la invitación a comer fue cursada por un amigo de años. Fue una actividad pública a la que asistieron personeros de distintos sectores. O sea, una persona que no ocupa cargo oficial alguno en su país, ¿se halla impedida de acudir a una cena por el solo hecho de liderar las encuestas presidenciales?
Señor Presidente, esos argumentos son muy poco serios para un debate que, se supone, versa sobre la política internacional de Chile.
Y un último punto.
Lo que les dolió a sus detractores es que Sebastián Piñera dijera que en la relación con Perú hay que separar dos tiempos: el tiempo del pasado -que, entre otros, nos tiene con un conflicto trabado por Perú y con Chile sosteniendo como no correcta la posición peruana, lo que ha hecho recurrir a las partes a la Corte Internacional de La Haya- y el tiempo que corresponde a la agenda del futuro.
Y lo que llevó a la prensa peruana a alabar la visita de Sebastián Piñera es que este también puso el acento en la agenda del futuro. Porque los países no pueden quedarse entrabados, por años, en conflictos del pasado. Hoy, Chile y Perú tienen que realizar actos de colaboración importantes.
En cuanto al conflicto suscitado y llevado a un tribunal por Perú, Sebastián Piñera ha sostenido que él debe desenvolverse de acuerdo con su propia lógica, tal como está ocurriendo hoy día, pero que -repito- respecto de los hechos del futuro, se deben profundizar las relaciones de colaboración y cooperación entre ambos países, visión que comparte la Alianza en su integridad.
Señor Presidente, yo estoy de acuerdo en realizar este debate a fondo, pero hagámoslo con consecuencia y con consideración a la realidad. Nosotros estamos dispuestos a efectuarlo tantas veces como lo quiera la Concertación, siempre y cuando sean consistentes en sus argumentos.
Nosotros hemos sostenido con claridad y absoluta coherencia, encabezados por el Senador señor Romero, quien está a cargo de los asuntos internacionales, que Chile debe tener una política unitaria; que nuestra gente consulta a la Cancillería antes de cualquier viaje al exterior; que las políticas de Estado se discuten dentro del país; que los asuntos referidos a situaciones internas no se debaten fuera de Chile, y, además, que la política debe separarse de los negocios.
Para este último punto existe hoy un proyecto al cual el Gobierno se ha negado a dar urgencia para que se convierta pronto en ley y permitir así que las personas afectadas se acojan a sus disposiciones.
En consecuencia, señor Presidente, nosotros no tenemos ningún inconveniente en discutir este tema tantas veces como se quiera. Lo único que pedimos es un poquito de coherencia, porque, de otra manera -en ello coincido plenamente con el Senador señor Romero-, los debates tienen como objetivo obtener ventajas electorales y no analizar con altura de miras asuntos de esta naturaleza.
He dicho.
El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Habiéndose cumplido su objetivo, se levanta la sesión.
--Se levantó a las 19:33.
Manuel Ocaña Vergara,
Jefe de la Redacción