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América Latina: Hacia el Fin de la Retórica


Tuve la oportunidad de participar por invitación del Gobierno brasileño, en un Grupo de Reflexión de Alto Nivel constituido por representantes de distintos países de América Latina, quienes nos reunimos los días 2, 3 y 4 de Agosto en Brasilia, para debatir sobre América Latina y la globalización.

 

Este grupo surgió como parte de los acuerdos de la última Cumbre Presidencial del Grupo de Río, realizada en el Cuzco. Me correspondió compartir este esfuerzo con José Antonio Ocampo (Colombia), Aníbal Quijano (Perú), Aldo Ferrer (Argentina), Rosario Green (México); Norman Girvan (Jamaica), Juan Alberto Fuentes (Guatemala) y Marco Aurelio García y Gilberto Dupas de Brasil.

 

Fue una experiencia intensa y enriquecedora. Tres días de discusión sin público, sin discursos, con mucho dialogo informal, preguntas y contra preguntas, comentarios generales y puntuales, aclaraciones fuera y dentro de la reunión, constituyen un clima muy propicio para un debate a fondo sobre una materia que presenta tan diversas aristas.

 

El grupo se abocó a la definición de propuestas que se contendrán en un documento que será presentado a la Cumbre de Río de Janeiro -que se desarrollará los primeros días de noviembre-en esa misma ciudad. Una cumbre de Presidentes encabezada por Brasil y el Presidente Lula representa una oportunidad excepcional.  Personalmente, me pareció importante hacer el esfuerzo de ir a Brasilia, porque creo que la Cumbre de Río tiene alguna posibilidad de hacer oír la voz de un continente, como el nuestro, que desgraciadamente casi no se escucha en el mundo. Esta es la única ocasión que tendrá el Presidente Lula de hablar a nombre de la región, en lo que queda de su actual mandato o incluso después, aunque consiga reelegirse por un nuevo período, dada la periodicidad de la rotación de la Presidencia de las Cumbres.

 

Surgieron muchas propuestas como resultado de este ejercicio. La principal se refiere a la posibilidad de hacer un giro hacia la política. Si por razones que se conocen y no se pueden modificar América Latina no puede por ahora tener un Arancel Externo Común, a lo mejor puede tener una Política Externa Común. Por cierto la idea no es abandonar todo lo relativo a integración económica y comercial sino situarla en el contexto de una de actuación crecientemente coordinada de nuestra región en el ámbito internacional.

 

La reforma de Naciones Unidas y la afirmación del multilaterismo, la nueva arquitectura financiera internacional, los problemas típicamente globales como el terrorismo, el narcotráfico y las migraciones, deben ser objeto de un planteamiento común y coordinado por parte de la región si quiere pesar en algo en las decisiones que configuraran nuestro futuro. Para ello es fundamental superar desconfianzas y hacer converger todas nuestras fuerzas. Un nuevo entendimiento que incorpore estrechamente a Brasil y México, los dos países más grandes del continente, es fundamental.

 

En el plano económico hicimos mucho hincapié en el desarrollo de nuevas infraestructuras y particularmente en la integración energética. América Latina tiene un gran potencial en este campo y debe utilizarlo con la máxima inteligencia. Hay aquí posibilidad de recuperar protagonismo y replantear positivamente muchos de nuestras relaciones bilaterales. Para Chile, país en donde la idea de integración regional esta sometida a fuerte cuestionamiento, la integración energética constituye una dimensión de la mayor trascendencia. Por otra parte, a estas alturas resulta urgente definir algunos emprendimientos conjuntos en el campo científico y tecnológico. La asociación con países emergentes como India y Sudáfrica en las cuales Brasil ha venido avanzando puede jugar un papel interesante en este plano.

 

El protagonismo internacional de la región está en un punto muy bajo. Hay razones exogenas que explican esta situación partiendo por la obsesión del Gobierno del Presidente Buch respecto del terrorismo que encabeza Al Qaeda. Pero hay también factores internos.

 

América latina no aparece como un actor serio y creíble. Para serlo, necesita mejorar el cumplimiento de sus compromisos, salir de la retórica y avanzar pasos concretos en procesos de integración y de mayor estructuración interna. Esto implica un esfuerzo deliberado para ir absorbiendo los tremendos déficits en materias de ciudadanía, de reconstrucción de la democracia En el campo económico, es preciso poner un fuerte énfasis en el fomento productivo, la creación de empleos y una distribución más equitativa de la riqueza.

 

El texto que esta redactando J. A. Ocampo para proponer a la Cancillería brasileña dará cuenta de muchas otras propuestas que surgieron del debate. Una que puede aparecer modesta pero en verdad crucial se refiere a la sistematización de los acuerdos adoptados en Cumbres anteriores y al establecimiento de un mecanismo para avanzar en su cumplimiento poniendo así fin a una trayectoria de frondosa retórica y de un sinnúmero de resoluciones incumplidas.

 

Solamente tomándose ella misma más en serio, América Latina podrá recuperar credibilidad y aspirar a ser considerado un actor relevante en la construcción del mundo que viene.