Las Municipales 2004 han alcanzado una inusitada importancia. Esto resulta de la proximidad con las definiciones presidenciales del 2005. En este sentido, estas municipales, las cuartas desde la reinstalación de la democracia, son claramente distintas a las que tuvieron lugar en 1996 o el 2000. En el primer caso, las del 96, correspondieron a una elección en mitad de periodo con nula significación presidencial. Otro tanto puede decirse de las correspondientes al 2000, las cuales tuvieron lugar recién iniciado el gobierno del Presidente Lagos. Si bien la participación de Joaquín Lavin como candidato al Municipio de Santiago introdujo un factor de mayor politización, esta fue solo limitada. Las municipales del 2004 tienen la misma ubicación en el calendario que las de 1992. Ambas están separadas solo por un año de la definición presidencial. Con una diferencia, sin embargo, fundamental. Las presidenciales del 93 no ofrecían el más mínimo misterio respecto de quien sería el ganador.
El cuadro hoy día es distinto. Después de muchos años ha surgido una derecha electoralmente competitiva. Con la masiva intervención de Lavin en todas las campañas él ha sido el principal factor de presidencialización y politización de estas elecciones. Aunque formalmente no es candidato a nada en estas elecciones de alcaldes y concejales, su imagen se encuentra hasta en los más recónditos rincones del país. Así las cosas, hay que ser un poquito suelto de cuerpo para al mismo tiempo alegar por la presidencialización de estas elecciones
En este cuadro, el Presidente Lagos ha salido a defender su balance y a decirle a la ciudadanía que “no da lo mismo” votar por uno u otro candidato. Al actuar de esta forma el Presidente no solo esta en su pleno derecho si no que, más aun, diría que cumple con su obligación de líder de la Concertación.
Ser Presidente de todos los chilenos no significa ser neutral en las contiendas electorales. Esa sería la negación de la democracia. Si la oposición ataca duramente la gestión encabezada por el Presidente Lagos ¿con que autoridad le pide que se inhabilite de participar en esta contienda?
La oposición pretende algo que es inaceptable. Se trata de erosionar la buena percepción ciudadana del gobierno Lagos que con un libreto bien conocido que magnifica al extremo los problemas de desempleo, seguridad ciudadana y corrupción, y lograr, al mismo tiempo, que el Presidente y el Gobierno permanezcan impávidos. Esto es exactamente lo mismo que buscar pelear con alguien al cual previamente se le amarran las manos.
La ciudadanía tiene derecho a la claridad. Los alcaldes de derecha no pueden pretender que se multipliquen sus apariciones con el Presidente Lagos y que la noche del 31 de Octubre sus votos se cuenten para Lavin. Eso es engañar a la gente. La oposición en un alegato que, si no los conociéramos podríamos considerar cándido, rasga vestiduras por las tradiciones republicanas. No creo que nadie en la oposición pueda dar lecciones en esta materia. Por lo demás, en las principales democracias de mundo se entiende perfectamente que las elecciones tienen siempre una dimensión plebiscitaria respecto del gobierno en ejercicio y que esta tiene el derecho y la obligación de defender su obra. Si no pregúntenle al Presidente Buch que recorre de punta a cabo los Estados Unidos en el Air Force 1, pidiendo apoyo para el y los suyos, incluso en dinero, y a nadie en esa cuna del presidencialismo, se le ha ocurrido salir a criticarlo, al menos por esas razones.