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Legítima Defensa (octubre 2004)


Las Municipales 2004 han alcanzado una inusitada importancia. Esto resulta de la  proximidad con las definiciones presidenciales del 2005. En  este sentido, estas municipales, las cuartas desde la reinstalación de la democracia, son claramente distintas a las que tuvieron lugar  en 1996 o el 2000. En el primer caso, las del 96, correspondieron  a una elección en mitad de periodo con nula  significación  presidencial. Otro tanto puede decirse  de las correspondientes al 2000, las cuales tuvieron lugar  recién iniciado el  gobierno del Presidente Lagos. Si bien  la participación de Joaquín Lavin  como candidato al Municipio de Santiago  introdujo un factor  de mayor  politización, esta fue solo limitada. Las municipales del 2004  tienen la misma  ubicación   en el calendario que las de 1992. Ambas  están    separadas    solo por un año  de la definición  presidencial. Con una diferencia, sin  embargo,  fundamental. Las presidenciales del 93 no ofrecían el más mínimo misterio respecto de quien sería el ganador.

 

El cuadro hoy día  es distinto. Después de muchos años  ha surgido una derecha  electoralmente competitiva. Con la masiva intervención  de Lavin en todas las campañas él  ha sido el  principal factor de  presidencialización   y politización de estas elecciones. Aunque  formalmente no es candidato a nada en estas elecciones  de alcaldes  y concejales, su imagen se encuentra  hasta en los más  recónditos rincones del país. Así las cosas, hay que ser un poquito suelto de cuerpo para al mismo tiempo alegar por la presidencialización de estas elecciones

 

En este cuadro,  el Presidente Lagos ha  salido a defender  su balance y a decirle a la ciudadanía que “no da lo mismo” votar por uno u otro candidato. Al actuar de esta forma  el Presidente no solo  esta en su pleno derecho si no que, más aun,  diría que cumple  con su obligación  de líder de la  Concertación.

 

Ser Presidente de todos los chilenos no significa  ser neutral en las contiendas  electorales. Esa sería la negación de la democracia. Si la oposición ataca duramente  la gestión    encabezada por el Presidente Lagos  ¿con que  autoridad le pide  que se inhabilite   de participar en esta contienda?

 

La oposición pretende  algo que es inaceptable. Se trata de  erosionar la buena  percepción ciudadana  del gobierno Lagos que con un libreto  bien conocido que  magnifica al extremo los problemas  de desempleo,  seguridad ciudadana y corrupción, y lograr,  al mismo tiempo, que el Presidente y el Gobierno permanezcan  impávidos. Esto es   exactamente lo mismo que buscar pelear con alguien al cual   previamente se le amarran las manos.

 

La ciudadanía tiene derecho a la claridad. Los alcaldes de derecha no pueden pretender que se multipliquen  sus apariciones con el Presidente Lagos  y que la noche del 31 de Octubre  sus votos se cuenten para Lavin. Eso es engañar a la gente. La oposición en un alegato que, si no los conociéramos  podríamos considerar  cándido, rasga  vestiduras por las tradiciones republicanas. No creo que nadie en la oposición  pueda dar lecciones en esta materia. Por lo demás,  en las principales democracias de mundo  se entiende perfectamente que las elecciones tienen  siempre una dimensión plebiscitaria  respecto del gobierno en ejercicio y que esta tiene el derecho y la obligación de defender su obra. Si no pregúntenle al Presidente Buch  que recorre de punta a cabo los Estados Unidos en el  Air Force 1, pidiendo apoyo para el y los suyos, incluso en dinero,  y a nadie en esa cuna  del presidencialismo,  se le ha ocurrido salir a criticarlo,  al menos por esas razones.