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Introducción a la presentación del libro “la Protección Social en un Mundo Incierto”


Es  muy emocionante sentir como la presentación de un libro se ha podido transformar en un encuentro  intelectual, político pero también…  humano de significación. En verdad, al finalizar un año complejo, nos hace bien juntarnos  para reafirmar la vigencia de nuestras ideas, la fortaleza de nuestra amistad y la proyección estratégica de nuestro entendimiento como Concertación.
Estamos  aquí reunidos, encabezados por la Presidenta de Chile , Michelle Bachelet y los ex presidentes Aylwin y Lagos , un grupo muy representativo de los miles de chilenos que  hemos escrito,  durante  estos años, algunas de las páginas más  dramáticas, pero también más hermosas y fecundas de la historia patria. Quiero transmitir las excusas  del ex Presidente Frei quien estaba comprometido con nosotros pero que al adelantarse del 11 al 8 de enero este encuentro no ha podido estar presente.
Los que estamos aquí, somos de aquellos a quienes nos  mueven las ideas y  valores que animan las causas más nobles y justas. Somos de aquellos que nos  apasionamos con los  debates  profundos   y  nos inclinamos frente a las razones pero jamás frente al poder o  la fuerza  del dinero. Y digámoslo fuerte y claro: para los que estamos aquí los negocios no son nuestro  negocio.
 
No cargamos  sobre nuestras espaldas la responsabilidad  por la participación o el silencio cómplice frente a las  horrorosas violaciones a los derechos  más sagrados de las personas que tuvieron lugar en el pasado. Nos separa, de nuestros  adversarios de la derecha una distancia moral que constituye un verdadero precipicio, absolutamente  infranqueable. Por eso, que no se equivoquen.  Aquí, no hay ni puede haber  empate.
La Protección social en un mundo incierto es el título del libro que hoy día presentamos. En él se incluye un conjunto de textos, introducidos, ordenados y editados con gran rigor y esmero por Gonzalo Martner. Estos, no solamente dan luces sobre uno de los desafíos más fundamentales del mundo contemporáneo, sino que, más importante aún, ayudan a entender lo que constituye, ni más ni menos, que el centro neurálgico de la acción del actual gobierno. No estamos en consecuencia hablando de proyectos, quimeras o utopías. Estamos, por el contrario, en presencia de los fundamentos teóricos y empíricos de la línea básica de una agenda gubernamental en pleno desenvolvimiento que estamos seguros  hará historia. Se trata, de un libro pequeño pero extraordinariamente contundente.
La intervención de la Presidenta Bachelet en el seminario internacional en el cual se presentaron estos trabajos fue particularmente elocuente. Allí, ella afirmó: “la marca histórica de mi gobierno va a estar dada por la consolidación de las bases de un sistema de protección social”  y eso es justamente lo que se está haciendo con el esfuerzo desplegado en materia de educación pre-escolar, con  los avances de la  nueva política habitacional, la profundización de la reforma de la salud y el enorme salto que representa el proyecto de reforma a la previsión recientemente enviado al Congreso Nacional.
Junto a la intervención de la Presidenta Bachelet se publican aquí contribuciones y comentarios de un conjunto muy variado de responsables políticos y especialistas.
Nuestros agradecimientos a Carlos “Chacho” Alvarez, hoy día Presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR, a Clarisa Hardy, Ministra de Planificación que ha jugado un papel muy relevante  en la estructuración de esta agenda de protección social, a Sergio Micco, Vicepresidente del Partido Demócrata Cristiano, que hizo una intervención de una agudeza que retumba todavía en nuestros oídos, a Soledad Barría que en pleno conflicto gremial se hizo el tiempo para exponer sobre las perspectivas de la reforma de la salud, a Alberto Arenas, Director de Presupuestos, que explicó los lineamientos fundamentales de lo que es hoy día el proyecto de reforma a la previsión.
 
Igualmente nuestros agradecimientos por los esclarecedores comentarios formulados por Mauricio Jélvez del CED; Norberto Ciaravino, Jefe de Gabinete del Ministerio del Trabajo de la República hermana de Argentina; Michel Debout, miembro del Consejo Económico-Social de Francia y de la Fundación Jean Jaurès; Alvaro Erazo ex director de FONASA; Guido Girardi, senador de la República, a quien  desde aquí le deseo que tenga toda la fuerza necesaria para enfrentar  momentos duros; Daniel Titelman experto de CEPAL; Jaime Ruiz Tagle gran baluarte también de la reforma previsional junto a Andras Uthof  de CEPAL y a Fabio Bertranou de la OIT con quien venimos bregando hace ya años a favor de una reforma profunda del sistema previsional.
No es posible resumir lo planteado en un seminario que  se desarrolló a lo largo de dos jornadas. Permítanme, simplemente destacar cuatro ideas fundamentales:
Es de la esencia de nuestra visión del hombre y la sociedad enfrentar la tendencia del sistema a poner por delante la codicia y el temor.
No es cierto que la globalización  sea incompatible con la protección social. Contrariamente a lo que señalan los teóricos conservadores la tendencia de los modernos Estados de Bienestar es a readecuarse pero en ningún caso a desaparecer.
Que un estado de derecho que no garantiza derechos sociales termina siendo, como lo dijo la Presidenta Bachelet,  un Estado de Derecha.
Que si Chile ha destacado internacionalmente en el pasado por su dinamismo económico quisiéramos que a futuro destacara también por su capacidad  de asumir un papel de vanguardia en materia social.
Frente  al tremendo esfuerzo desplegado desde el inicio del actual gobierno por avanzar en los diferentes ámbitos que involucra la puesta en práctica de un sistema de protección social es totalmente injusto el  intento de la oposición  por  negar la envergadura del trabajo realizado. Por más que los dirigentes de la oposición se esfuercen por proyectar la imagen de “un año perdido” o un país asolado por la corrupción, la propia realidad y la percepción de los ciudadanos, reflejada en las encuestas de opinión, se encargan de desmentir estas visiones catastrofistas que recuerdan otros tiempos que todo Chile quisiera olvidar.
Querida Presidenta: permítame decirle que estamos todos muy contentos  de que no solamente mantenga sino que con su esfuerzo haya podido acrecentar el respaldo de la ciudadanía a su gobierno. Usted se lo merece  y Chile lo necesita, por mucho que la oposición lo lamente y no logre entenderlo. Que varios en la Concertación hayamos bajado algunos puntos, la verdad nos duele, para que negarlo. Pero, estoy convencido que con nuestro trabajo y esfuerzo los vamos a recuperar.
Los grandes temas de la protección social debieran ocupar el centro del quehacer y el debate nacional. Desgraciadamente,  no es lo que está ocurriendo. Y esto por una razón, finalmente, muy sencilla: nuestros adversarios saben que en estos debates están simplemente perdidos. Que sus posibilidades de aportar son escasas y su  opción de resultar vencedores  simplemente nula.  En verdad, es bien poco lo que pueden  contribuir quienes han concebido la educación o la salud como, principalmente, un negocio o la seguridad social como una poderosa palanca destinada, no a proteger a los más débiles sino que a potenciar el poder económico de una minoría.
La derecha es, en verdad,  la expresión  más cruda  de un proyecto de desprotección  social que se sitúa,  en las antípodas  de lo que nosotros  queremos  para Chile. Por ello tratan por todos los medios de distraer, de desviar y en lo posible de sepultar esta discusión.
En la actualidad el país es testigo de cómo se aplica de manera fría e implacable  un diseño destinado a herirnos en lo más querido y sagrado de nosotros mismos: nuestra honra. El libreto no es original; se ha aplicado ya en otros países. La derecha, no seamos ingenuos, ha llegado al convencimiento de que la única manera que tiene de recuperar un poder mal habido mediante la dictadura, es precipitando nuestra destrucción ética a fin de, “tumbarnos”, como dicen algunos. Tomemos nota, que hoy día tenemos una derecha que no dará tregua  y  ha decidido “tirar a matar”.
Con esto,  no se trata en absoluto de negar los problemas de corrupción y malas prácticas que se han  instalado en nuestros partidos y en nuestra coalición. Sin duda, la corrupción representa una grave amenaza para la democracia no sólo en  Chile sino en el mundo entero y ningún país puede bajar los brazos o la intensidad en el combate de este flagelo. Y en esto debemos ser inflexibles aunque nos duela.
Otra cosa muy distinta es afirmar, que se ha instalado entre nosotros una verdadera “ideología de la corrupción”. Si miramos en perspectiva, Chile es hoy mucho más transparente y presenta mayores grados de probidad desde luego que durante la dictadura, lo que por cierto no constituye una medida adecuada. Pero es también muchos más transparente y probo que hace  16 años, cuando iniciamos nuestros gobiernos.
Con la mayor tranquilidad, digámosle a la oposición  que permita que la justicia haga su trabajo, sin interferencias ni contemplaciones de ninguna especie, pero, que no son ellos los autorizados a dictar sentencia alguna porque la única que ya ha sido dictada y es totalmente definitiva e inapelable es la que estableció sus gravísimas responsabilidades en la mantención de un régimen que se convirtió en el símbolo de las tiranías y  de los abusos  y exanciones de todo orden.  
Pensando bien las cosas, uno llega a la conclusión de que la principal corrupción que enfrenta Chile no es la de su Estado o sus políticas públicas. La principal corrupción  es la que se esconde detrás de una ideología que hace del lucro y el éxito individual, cueste lo que cueste, sus principios ordenadores. Y en eso la derecha tiene una enorme responsabilidad.
La Concertación  es por lejos la alianza política más exitosa  que ha conocido Chile a lo largo de su historia.
Me pregunto ¿Quién imaginó hace 20 años, cuando esta empezaba a dar sus primeros pasos, que luego de derrotar a Pinochet  en el plebiscito del 88 íbamos a tener un primer gobierno de transición encabezado por  don Patricio Aylwin y luego íbamos a ser capaces de elegir a  los presidentes Frei  y Lagos y estar hoy día,  en el 2007, terminando el primer año de gobierno de la primera mujer Presidenta de Chile con un respaldo que supera el 50%?
En verdad, ni el más optimista de los concertacionistas  habría podido imaginar  semejante trayectoria. Tampoco ningún dirigente de la derecha ni en sus peores pesadillas. No es menor que estemos próximos a cumplir 50 años desde la última vez que la derecha obtuvo un triunfo electoral.  Pero digámoslo también con gran franqueza: la Concertación  ha venido declinando en su capacidad de  entusiasmar a la  ciudadanía abriendo nuevos derroteros, visualizando  nuevos sueños, generando nuevas esperanzas. 
La Concertación no puede ser una coalición  nostálgica que vive de las glorias pasadas. La crisis de la Concertación  es el resultado de sus propios logros. Lo esencial de la  tarea  que nos  planteamos  a finales  de los 80 está cumplida.
 
Como la mayoría, siento orgullo de mucho de lo realizado, pero estoy también conciente de lo mucho que nos queda por hacer. Y este es el tema de fondo  que la Concertación tiene que resolver.
La Concertación, para continuar existiendo como la fuerza mayoritaria debe  asumir que se ha abierto un nuevo ciclo político, enteramente distinto, con nuevos desafíos y nuevas demandas de la ciudadanía.
Grandes cambios y transformaciones ha experimentado el país en estos últimos 16 años. Este es un país que tiene poco que ver con el que  recibimos en 1990. Somos un país que concita la admiración y el reconocimiento internacional, a veces de una manera un tanto excesiva porque nuestro proceso tiene también sus claroscuros.
 
Chile cuenta hoy día con una ciudadanía más informada y demandante. Chile es hoy día un país  más liberal en los temas valóricos que lo que expresan los medios de comunicación, en donde el fenómeno de corrupción no es sistémico como en muchos otros países y en donde la seguridad ciudadana se mantiene en niveles razonables.
Este es el nuevo Chile de los albores del siglo 21. Un Chile desafiante y lleno de promesas de futuro. Los partidos, tanto de gobierno como de oposición estamos confrontados a interpretar y conducir este nuevo Chile con sus anhelos de progreso y transformación, de mayor cercanía entre la política y los ciudadanos, con mayores grados de participación a través de nuevos derechos ciudadanos y con mayor protección social mediante un desarrollo verdaderamente inclusivo.
La alianza de centro izquierda  que ha gobernado en estos años y que representa a la mayoría del país es el único sector político capaz de asumir estos nuevos desafíos. La derecha aún es prisionera de su pasado y su credo se reduce a la fe casi inconmovible en las virtudes del mercado y de la ley del más fuerte, sin propuestas reales para enfrentar los tremendos  desafíos de futuro.
Pero nuestra opción no puede estar simplemente basada en la incompetencia de nuestros oponentes.
La Concertación  tiene mucho por hacer si quiere continuar  representado a la mayoría nacional. Luego de 17 años de gobierno necesitamos perfilar con más nitidez nuestra opción por el cambio y la transformación estructural. No podemos ser una coalición  simplemente administradora de un estado de cosas, que con razón, una gran mayoría percibe como injusto.
Asimismo la  Concertación  tiene que renovar sus partidos que, reconozcámoslo se nos han ido quedando atrás. Tiene que resolver la paradoja que encierra el hecho  de haber creado un nuevo Chile y experimentar al mismo tiempo serias dificultades para continuar representándolo. La Concertación debe abrirse a las nuevas  realidades asumiendo la diversidad que existe en la sociedad y que se expresa también en su propio seno.  Su diversidad en algunos ámbitos no puede ser un problema.  Es, por el contrario, parte de su riqueza. La Concertación no puede ser una camisa de fuerza para ninguno de sus componentes.
La nueva Concertación  no puede ser complaciente frente a la reproducción de las desigualdades y la profundización del individualismo y la cultura desechable que hoy día prima en los medios de comunicación, partiendo por el más importante de ellos, la televisión.
La Concertación tiene que ser capaz  de formular un nuevo proyecto que pase por apoyar muy lealmente a la Presidenta Bachelet pero que necesariamente se proyecte más allá. Así como en los 80 formulamos un proyecto que marcó muy profunda y positivamente las dos décadas siguientes, hoy día, finalizada la transición, requerimos un proyecto para las próximas décadas que ponga en el centro de sus preocupaciones:
La lucha contra las enormes desigualdades
El mejoramiento de la calidad de la política a través  de nuevas reformas que le confieran más poder a la ciudadanía y equilibren  las relaciones entre los principales poderes del Estado superando el presidencialismo exacerbado que heredamos del siglo XX y de la constitución de 1980.
La recuperación del dinamismo económico a través de una estrategia de desarrollo más audaz e innovadora.
La ampliación sistemática de las libertades.

Estos son algunos de los principales desafíos. No podemos fallar. Tenemos todos, una doble obligación. En primer lugar apoyar con fuerza, lealtad e inteligencia que nosotros, junto a millones de ciudadanos contribuimos a elegir. Y asimismo, tenemos la obligación de hacer de Chile  una república en la que el derecho se encuentre con la justicia social y la ampliación de las libertades y el dinamismo económico sirva de sustento a un país más fraterno y solidario dotado de un sólido y eficiente sistema de protección social