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Intervención en sesión sobre el Transantiago (19 de junio, 2007)


A estas alturas no cabe duda de que esta idea bonita de mejorar un sistema deficiente, contaminante, estresante para mucha gente, estresante para los conductores de la locomoción, digo esta idea bonita ha terminado en un tremendo fracaso. No hay, creo yo, dos opiniones al respecto. Esto va a quedar, más aún, como un caso emblemático de fracaso de políticas públicas. Es creo que una mancha negra que no va a ser fácil de borrar para todas las personas que se han desenvuelto en el ámbito de las políticas públicas, de la ingeniería de sistema. Este va a ser un caso de estudio no solamente en Chile; va a ser un caso de estudio mundial de cómo no hacer tan mal las cosas.
                               Las responsabilidades -aquí se ha dicho- tendrán que ser identificadas en la Comisión investigadora correspondiente. No es exactamente hoy día el momento ni el canal para identificar esas responsabilidades políticas y ver cómo se ejercen.
                               Yo creo que es muy importante, en todo caso, que esas responsabilidades políticas se identifiquen y se persigan, porque un fracaso de este tipo no puede quedar impune, no puede ser simplemente “fuente ovejuna” la responsable de esta situación.
                               Lo que uno pudiera adelantar, en todo caso -y es algo obvio-, es que aquí hay ministerios que se comprometieron en este mal diseño, en este mal modelo; hay bancos que no han hecho su trabajo, bancos privados y también públicos, para decir las cosas como son; hay empresas, empresas incluso con un gran prestigio, que han tenido graves errores y graves desaciertos.
                               Lo que uno sí podría decir, Presidente -no lo dice nadie pero por lo menos digámoslo nosotros-, es que si hay una institución que no es responsable, somos nosotros. Porque el Transantiago no se discutió nunca en este Parlamento. Y yo estoy convencido de que si es hubiese discutido, si se hubiese hecho una presentación respecto de cómo esto iba a ocurrir, probablemente habríamos tenido posibilidad de intervenir y mejorar en algo el sistema.
                               En eso quiero reivindicar a este Parlamento, el cual desgraciadamente tiene que entrar a discutir hoy día. Y la discusión que tenemos hoy día no es la discusión, desgraciadamente, de cuál es el mejor modelo de transporte para la Región Metropolitana o para las grandes ciudades del país; esa no es la discusión.
                               A mí -y quiero decirlo con mucha franqueza- me convenció el Ministro Cortázar de que esta no podía ser la discusión, que es una discusión legítima, qué duda cabe. Cuál debe ser el modelo permanente de transporte público en las grandes ciudades del país, no solamente en Santiago, es también una discusión pertinente para otras grandes ciudades del país. Y desde ese punto de vista, adelanto al tiro un juicio: a mí me parece que la idea de introducir un subsidio público no tiene nada de pecaminoso. Al contrario, es simplemente, asumir lo que es la experiencia mundial. No hay ningún buen sistema de transporte público en ninguna ciudad del mundo, por capitalista que sea el país  donde esa ciudad se ubique, donde no exista un sistema de transporte administrado por una autoridad pública y financiado con recursos públicos. Por una razón muy sencilla, señor Presidente. Porque el transporte -y ese es el principal problema- el transporte es un servicio público, el transporte no puede ser definido esencialmente como un negocio. Y ese es el pecado capital que tiene el Transantiago. Se definió esencialmente como un negocio, como un sistema que debía cumplir con dos condiciones básicas: no generar impacto fiscal, es decir, no incorporaba la idea de subsidios y, en segundo lugar, debía ser rentable para los operadores privados.
                               ¿Cómo se hizo esto? Con un sistema muy simple que aparece técnicamente bien sofisticado, pero la verdad es que es bastante burdo. Es un sistema que habla de la demanda referencial y el ingreso mínimo garantizado. Esa es la terminología técnica.
                               ¿De qué es lo que se trata esto? De un sistema que tiene que ver mucho con la forma como funcionaban las empresas en el socialismo. Tenían demanda garantizada, lo hicieran bien, mal o más o menos, igual el sistema les pagaba. Lo que se hizo acá fue en verdad juntar lo peor del neoliberalismo con lo peor del socialismo.
                               ¿Lo peor del neoliberalismo qué es lo que es? Poner por delante la rentabilidad de los negocios y dejar como variables de ajuste las condiciones de funcionamiento del sistema. Si las condiciones de funcionamiento del sistema son más o menos, peor para la gente. Porque lo que hay que garantizar aquí es la rentabilidad del negocio. Eso fue lo que se hizo.
                               Los estudios indicaban desde el principio algo que el Ministro Cortázar nos ha dicho. Que se requieren más de seis mil buses, seis mil 400 buses para que esto funcione.
                               Pero, la rentabilidad de los operadores privados a una tarifa fija no subsidiada de 380 pesos no daba para 6 mil 400 buses. ¿Y qué fue lo que se dijo? ¿Qué es lo que dijeron los "inteligentes" que tomaron la decisión? Algo supersimple: disminúyase el número de buses. Y con eso se mantiene la tarifa de 380, estamos impecables desde el punto de vista de las cuentas públicas, no hay gasto público y el negocio es rentable para los privados, que a su vez tienen esta cláusula de la demanda referencial y del ingreso mínimo garantizado que significa en el límite -y no caricaturizo mucho- que un empresario podría perfectamente como de alguna  manera ha ocurrido, no sacar sus micros a la calle, no gastar en bencina, no gastar en neumáticos e igualmente recibir su paga, porque así está concebido el sistema. Y el sistema está concebido así, entre otras cosas, porque hay muchos operadores -una parte, no sé cuántos, pero una parte de los operadores- entraron a este negocio sin poner ningún tipo de capital. Se consiguieron y obtuvieron estos contratos con demanda referencial y estos contratos con demanda referencial son a su vez la caución que tienen los bancos para haberles prestado a estos empresarios para comprar los buses.
                               Y ese es el círculo vicioso que hoy día está dando vuelta.
                               Ese es el problema. Esa es la tragedia del Transantiago.
                               Entonces, a mí me parece que hay aquí cuestiones muy de fondo que están planteadas, pero no es del caso ahondar en esta discusión hoy día.
                               A lo que  tenemos que referirnos, lo que tenemos que resolver es el planteamiento que nos hace el Gobierno para enfrentar la emergencia. Aquí no hay -como decía- una solución de fondo. De lo que se trata es de enfrentar una grave emergencia con un mecanismo que también es de emergencia. Eso es. Es un mecanismo de emergencia que está previendo la entrega  de un conjunto de recursos para estabilizar el sistema de aquí a diciembre. Esa es la discusión.
                               Me parece que hay dos razones bien poderosas para votar favorablemente la iniciativa.
                               La primera es que es muy difícil hacer una discusión sobre el modelo de fondo, sobre el modelo permanente cuando lo que tenemos hoy día está al borde del colapso. Es muy difícil, para decirlo de manera más directa discutir con la "soga al cuello". Y desde ese punto de vista, yo hago fe, hago fe en el Gobierno en el sentido de que tiene un programa con estos cinco pilares para los efectos de enfrentar la emergencia. No nos va a llevar de aquí a diciembre al sueño dorado del Transantiago que inicialmente se pensó. No vamos a estar en eso a finales de diciembre. Vamos a estar -le he escuchado decir al Ministro Cortázar- en un sistema que funcione decentemente, que funcione decentemente, que mejore, que mejore.
                               Y creo que la gente necesita eso. Necesita  a estas alturas mejoría. Y yo creo que este programa que se nos propone es un programa que puede ser conducente a eso.
                                               Yo francamente no creo, no creo que el riesgo que estemos enfrentando hoy día sea el riesgo de alza de tarifas. Se lo digo francamente. No  creo que eso sea así. Por una razón bien sencilla. Es cierto que en este mecanismo tan inteligente lo que está planteado cuando hay un desbalance entre ingresos y costos es el gatillamiento automático de un alza de tarifas. Eso es cierto. Así está escrito.
                               El problema es que la realidad es bien distinta a eso. Yo creo que el día en que no seamos capaces de ponernos de acuerdo en este Congreso  y no pongamos al servicio del sistema los recursos que se están requiriendo y se anuncia el alza de tarifas, que yo espero que eso no ocurra, en ese momento o vamos a estar frente a una situación social de muy difíciles e imprevisibles consecuencias o vamos a estar profundizando el problema que tiene el sistema.
                               ¿Cuál es el principal problema que tiene el sistema? La Senadora señora Matthei lo entiende bien y lo dijo. Y o dijo el Ministro Cortázar: que el 40 por ciento, 4 de cada de 10 chilenos, por razones voluntarias o involuntarias -unos porque no pueden, porque no tienen acceso al punto de recarga, por el tema de las zonas prepagas o porque no quieren- no están pagando. El día que se accione el aumento de tarifas ese 40 por ciento de evasión va a aumentar a cuánto, va a aumentar al 50 y 60 por ciento. Y en ese momento el sistema simplemente va a colapsar. Y eso es lo que nos podría ocurrir durante las próximas semanas.
                               Yo creo que eso es lo que hay que evitar. Eso no le hace bien a nadie. Ese es un daño donde todo el mundo pierde, no solamente pierde el Gobierno, pierde la Concertación. Algunos dicen que la Concertación va a perder las próximas elecciones. Yo creo que a estas alturas francamente ese debate es lo de menos. El tema es cómo resolvemos el problema ahora, cómo damos una salida para enfrentar ahora los problemas que están planteados.
                               Son cinco los pilares que ha planteado el  Ministro Cortázar.
                               Creo que nosotros como Congreso tenemos que ayudar para que esos pilares puedan construirse. Y de esos cinco pilares hay uno que es particularmente delicado que es el pilar 3, que es el tema de los contratos. Porque uno se pregunta: ¿con qué argumento, con qué buenas razones los titulares de estos contratos leoninos van a estar disponibles para modificarlos?
                               Por eso, tengo confianza en la capacidad de persuasión que tenga el Gobierno, en el riesgo de que el sistema colapse, ese es finalmente el garrote que hay para producir una renegociación de esos contratos. Pero, yo creo que es legítima la sensación de desconfianza que  a mucha gente embarga respecto de este sistema.
                               Y, desde ese punto de vista, yo creo que es también muy legítimo lo que hemos venido reclamando varios. Lo ha hecho el Presidente del Senado con mucha energía, con mucha fuerza. Reclamar una intervención más enérgica del Estado, que los recursos que se vayan a poner a disposición de este sistema tengan a garantía absoluta que van a ser bien utilizados. Porque, Presidente, si esto ya es una tragedia, puede haber otra tragedia aún peor: que se autoricen estos recursos y que no se produzca ningún mejoramiento del sistema y que en ese momento la gente diga: "El Congreso simplemente abandonó su deber. No hizo su trabajo. No cauteló los dineros públicos."   Y allí, en ese momento, estaremos con un Transantiago como está y con esta institución, que en este caso no está involucrada en este desaguisado, también involucrada.
                               Por eso que -a mí me parece y a varios- nos ha parecido de la mayor lógica que se abogue por una intervención muy enérgica del Estado en este tema, que los recursos sean rigurosamente controlados por el Ministerio de Transportes, que existe un informe periódico. A mí me parece bien lo que se hizo en la Cámara de Diputados en el mensaje, en el proyecto original, se ha hablado de un informe trimestral, ahora se estableció un informe mensual. Y que ese informe, a través del mecanismo que se establezca, permita detener las transferencias si ésta no está, si no tenemos la garantía que se están utilizando correctamente.
                               Hay varias fórmulas que se han planteado. Unos plantearon la idea de las dos cuotas, otros, contra informe. No sé. Veamos cuál es el mecanismo más adecuado.
                               Lo importante es que se pueda hacer un seguimiento pormenorizado de lo que está ocurriendo y que esta Institución pueda hacer correctamente su trabajo, que es velar por el buen uso de los recursos públicos. Y si no tenemos la garantía de que ese objetivo se está cumpliendo, que esas transferencias puedan suspenderse, asumir las consecuencias bien dramáticas de lo que eso implicaría. Pero no involucrarnos en el traspaso de fondos a un sistema que pudiera ser que no tenga solución.