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36 horas en Bolivia (La Segunda, 23 de julio, 2007)


Por distintas razones, me toca intervenir en las distintas capitales latinoamericanas, pero hacía muchos años que no había tenido ocasión de estar en La Paz. Fue una estadía corta, pero extraordinariamente intensa. Por de pronto, salir de Washington un día miércoles en la tarde para amanecer al día siguiente en La Paz representa un cambio importante.

Tuve ocasión de iniciar mi programa de actividades en  una reunión que fue  coordinada por la fundación Friedrich Ebert de Bolivia, con el consejo nacional del MAS, el instrumento -como ellos con mucha convicción lo llaman- destinado a dirigir el proceso de refundación de la nación boliviana, que hoy encabeza el Presidente Evo Morales, y que es la confluencia histórica de tres grandes procesos que han tenido lugar en Bolivia: por una  parte, la izquierda tradicional; por la otra, el sindicalismo militante; y en tercer lugar, el movimiento indígena.

Fue una experiencia realmente emocionante para un senador chileno y economista. Hablarle a una dirigencia constituida fundamentalmente por líderes indígenas resultaba todo un desafío. Creo que se equivocaron los organizadores del encuentro cuando me pidieron que simplemente hablara “en fácil”. No era eso lo que esperaban mis interlocutores, ni menos el presidente de la comisión política del MAS, Santos Ramírez. Lo que ellos querían era que se hablara de verdad. Que no fuera –como les dije- a  darles consejos y menos  a vender –como tantos han hecho- el llamado modelo chileno.

En mi intervención les dije que no existía tal modelo chileno, que yo lo que podía hablar era, por el contrario, de una experiencia que tenía sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Sus lados claros y oscuros. Y así, como ellos tenían la experiencia de 16 meses de gobierno con sus limitaciones, nosotros tenemos la experiencia  de más de 16 años de gestión gubernamental, con todo lo que ello también implica.

Fue un diálogo extraordinariamente franco, amistoso y productivo. Una experiencia realmente única que se complementó con conversaciones muy francas con Alvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, con quien tuve el honor de reunirme en el Palacio Presidencial; con el Ministro de Planificación,  Gabriel Loza, y un equipo de economistas, con el cual hablamos de una problemática que nos es común: el uso  inteligente de los excedentes de la explotación de materias primas. Fue interesante constatar que el Ministro de Planificación había sido –además- compañero mío  de la Escuela  de Economía. Hicimos buenos recuerdos de esa época, en la cual él militaba en las Juventudes Socialistas y yo en el MIR.

Un momento muy importante de mi visita fue la entrevista  con Juan Ramón Quintana, el influyente Ministro de la Presidencia, con quien conversamos cerca de dos horas, y que me dejó muy gratamente impresionado por la amplitud de su  conocimiento y la creatividad de su reflexión.

Salí de Bolivia convencido que hay allí un proceso que es fundamental que nosotros tratemos de entender y conocer, porque no tiene nada que ver con lo que nosotros  hemos vivido en las últimas décadas. Es algo enteramente distinto y que yo espero que pueda ser adecuadamente canalizado a través de las resoluciones de la asamblea constituyente que funcione para este efecto.

Salí  también convencido que el Presidente Morales no quiere hacer con Chile lo que otros presidentes han hecho, transformar en nuestro país en un pleito de política interna, del cual se sacan  dividendos en el corto plazo, pero a riesgo de alejar las posibilidades de resolución de las diferencias que nos separan.

En síntesis, volví con más amigos en Bolivia y con la  convicción que Chile tiene que hacer un tremendo esfuerzo para que se haga  viable una solución a la mediterraneidad boliviana. Problema del siglo 19 que no puede seguir acompañándolo durante mucho tiempo al inicio del siglo 21.

Como final de esta visita, destaco la también la conversación franca con  Willi Haan, quien dirige la Fundación Ebert, que con un gran cariño por Bolivia, sufre intensamente las dificultades -que por momentos- atraviesa el proceso; y también disfruté los consejos de Carlos Toranzo, quien trabaja en ILDIS. Es un analista político y gran conocedor de la historia boliviana, quien también me ayudó a entender mejor la profundidad del proceso que allí tiene lugar.