El señor FREI, don Eduardo (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.
El señor GAZMURI.- Señor Presidente, es evidente que este debate, repetido en varias ocasiones en la Sala para autorizar la permanencia de nuestras tropas en Haití, se desarrolla por primera vez sobre la base de un trabajo previo, prolongado y acucioso del Senado, realizado a través de las Comisiones unidas y de la Comisión Especial mediante un informe ya conocido en este Hemiciclo, que tiende a fijar un marco general de doctrina -si podemos llamarlo así- acerca de la participación de Chile en misiones de paz, como instrumento importante de nuestra política tanto de seguridad cuanto de relaciones exteriores, y del informe que la misma Comisión elaboró sobre Haití.
Eso nos permitió alcanzar ayer -por primera vez, que yo recuerde- un acuerdo unánime en las Comisiones de Relaciones Exteriores y de Defensa, unidas, en favor de la prolongación, por doce meses, del mandato de nuestras tropas en Haití.
Quiero pensar que esa unanimidad se va a repetir ahora en la Sala. Y si se manifestara alguna voz discrepante, esta no obstaría al acuerdo -sólido, en mi opinión- que hemos construido sobre la materia, la cual fue motivo de bastante controversia las dos últimas veces que la discutimos, profusamente, por lo demás.
Sólo deseo formular algunas observaciones.
Creo que han ayudado mucho a la comprensión adecuada de este asunto por parte del Senado los reiterados viajes que han realizado a Haití los miembros tanto de la Comisión de Defensa como de las Comisiones unidas, a veces con el auspicio y el apoyo del Gobierno.
En lo relativo a la situación interna de ese país, es indudable que entre el año pasado y el presente ha habido avances que yo considero notables desde los puntos de vista político y de seguridad. Se llevaron a cabo elecciones que, en general, fueron bastante ejemplares para la historia constitucional de Haití y que permitieron renovar a las autoridades del Legislativo, de los municipios y al Ejecutivo; se constituyó un Gobierno de amplio espectro político, que cuenta con una abrumadora mayoría en el Parlamento, y se consolidó el liderazgo de un hombre que obtuvo un gran respaldo, como es el Presidente Preval. Pienso que todos advertimos en el clima político de Haití una situación muy distinta y mejor de la que había hace un año y medio.
Desde el punto de vista de la seguridad, sin perjuicio de que todavía quedan muchos problemas, es evidente que también se han registrado avances muy notorios. Los miembros de la Comisión fuimos testigos de cómo por primera vez se pudo entrar a un barrio tan importante y populoso (tiene entre 300 mil y 400 mil habitantes) como lo es Cité Soleil. Durante más de un año, este constituyó un sector completamente inaccesible, no sólo para la MINUSTAH -aun con todo el contingente de tropas con que contaba en Puerto Príncipe-, sino también para cualquier autoridad del Estado haitiano. O sea, hay avances en materia de seguridad.
A mi juicio, la presencia de fuerzas castrenses en Haití para garantizar condiciones mínimas de seguridad -y esta es una discusión más larga- va a ser una necesidad prolongada en el tiempo. Eso es un dato. Yo no digo que tengamos que permanecer allí siempre. Pero, si la comunidad internacional quiere generar condiciones para el establecimiento de un Estado de Derecho sustentable y para enfrentar los graves problemas económico-sociales que aún persisten en la república haitiana, mi impresión es que la presencia de contingentes militares de las Naciones Unidas será necesaria hasta cuando se conforme una policía nacional capaz de garantizar el orden interno del país. Dado que esta quedó prácticamente destruida en las últimas convulsiones, el proceso de formación y consolidación de una nueva policía, que se haga cargo en plenitud de la seguridad del país, va a tomar algún tiempo. Lo mismo pasa con el resto de las instituciones relacionadas con este aspecto y que apuntan, básicamente -como dijo el señor Ministro-, a consolidar un sistema de justicia operativo y a mejorar sustantivamente el régimen penitenciario.
Por último, quiero destacar tres aspectos del informe de la Comisión Especial sobre Misiones de Paz en relación con Haití.
En primer lugar, creo que nuestra presencia allí tiene una dimensión no sólo nacional, sino muy latinoamericana. Y cualquier política que llevemos adelante en Haití, tanto para mantener las operaciones de paz cuanto para colaborar con su desarrollo, es un asunto que debemos mirar en la óptica de nuestra política regional, donde estamos comprometidos con países muy importantes para nuestras relaciones internacionales. Es el caso de Brasil; de Argentina; de Uruguay; de Perú, que está actuando crecientemente; de Bolivia, que incluso hoy se encuentra participando, y también de Ecuador, con el cual tenemos tropas combinadas. O sea, la perspectiva latinoamericana resulta central para los aspectos de seguridad y de desarrollo.
En segundo término, pienso que todos llegamos a la convicción de que, si no hay un acento fuerte en apoyar el desarrollo económico y social de Haití, efectivamente no se estaría haciendo la tarea completa. Ese constituye un elemento central para el futuro. Y, desde ese punto de vista, se necesita también comprometer con más fuerza a los países desarrollados y a los que tienen no sólo más intereses históricos, sino más responsabilidades históricas en la situación haitiana. Estoy pensando principalmente en Francia y en los Estados Unidos. La impresión de todos es que los aportes al desarrollo se encuentran muy por debajo de las necesidades.
En tercer lugar, Chile puede desarrollar un amplio espectro de colaboración y de cooperación en todos los aspectos de la reconstrucción económica y social de Haití. Además, hemos sido testigos del excelente trabajo que hacen, a costos mínimos, voluntarios chilenos. Se trata de jóvenes, estudiantes, profesionales que están trabajando con las comunidades. Tenemos mucho que aportar. Y debería ser una línea de política internacional nuestra la reconstrucción de Haití en el terreno de la cooperación, básicamente en políticas sociales y económicas.
El Ministro de Defensa Nacional ha dicho, si entendí bien, que el proyecto de ley fue presentado. Ya habrá tiempo para discutirlo. Nosotros hemos sugerido que las misiones de paz tengan una duración definida, de cuatro años, y que sean aprobadas con el quórum simple que hoy se requiere. Y si resulta necesario, como lo será en muchas operaciones de paz, ir más allá de los cuatro años, que ello sea aprobado con quórum especial. En la Comisión hemos estado contestes con ello.
Entiendo -es una duda que surgió en el debate- que los plazos de las misiones se contarán, obviamente, no desde que se apruebe la ley, sino desde el momento en que aquellas se autorizaron en realidad. Por tanto, en el caso de Haití, no partiríamos de cero, sino que se computarían todos los años desde que se otorgó la primera autorización.