Que se dé una cuenta anual -habrá que determinar dónde, cómo y bajo qué circunstancias- ayuda. No veo cómo podría entorpecer, qué escarnio se podría hacer.
Todas las autoridades rinden cuenta. Entonces, no veo razón para decir que esto "va a aumentar el desprestigio". No alcanzo a entender el argumento de algunos de mis colegas.
Además, es una instancia que puede ser utilizada de buena manera. Porque dar a conocer lo que hacen los entes del Estado constituye una de las tareas pendientes. Y que no se haya efectuado hasta ahora no significa que no sea factible hacerlo e inaugurar una tradición que puede resultar útil.
La segunda idea contenida en la iniciativa, consistente en que se lleve un registro de la actividad legislativa de cada parlamentario, también me parece por completo razonable. En la práctica, ya lo estamos haciendo; solo habría que ordenarlo -por decirlo de algún modo- en una especie de bitácora individual.
Como se ha señalado acá, de un tiempo a esta parte, en general, hemos aumentado mucho la transparencia de nuestra actividad. Hasta hace poco no había registro de asistencia en Comisiones; hoy día existe. Tenemos asimismo registro de votaciones. Y esa información es accesible. Seguramente, no muchos ciudadanos la consultan; pero algunos sí lo hacen. Y eso, a mi juicio, va incrementando la responsabilidad parlamentaria.
La idea de rendir cuenta en nuestras circunscripciones me parece igualmente razonable. Habrá quienes utilicen dicha instancia de mala manera; otros darán una muy buena cuenta. En definitiva, resolverán los ciudadanos.
No veo qué daño puede provocar eso.
Entonces, puestas las cosas en su lugar, pienso que se trata de medidas que ayudan en un asunto que es más vasto: la vinculación entre instituciones y ciudadanos, y particularmente entre el Parlamento y estos.
Estoy de acuerdo en que aquí hay cuestiones mucho más de fondo. Y coincido con lo señalado por el Senador señor Cantero en el sentido de que existe en Chile un régimen hiperpresidencialista, con un Congreso muy desprovisto de atribuciones que sí tiene la mayoría de los Parlamentos del mundo, incluso en países con régimen presidencial.
No obstante, eso es materia de un debate constitucional que considero indispensable, pero que en general ha encontrado muy poca receptividad entre los colegas del Honorable señor Cantero.
A mi juicio, debemos avanzar hacia un sistema semipresidencial -y eso va a colocar las cosas de otra manera-, donde haya gobiernos que cuenten con la confianza del Congreso y una figura presidencial que tenga atribuciones en asuntos de Estado fundamentales, como pueden ser las Relaciones Internacionales y la Defensa.