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Rebaja transitoria de Impuesto a las Gasolinas Automotrices y otras medidas tributarias

Legislatura 356.

Sesión 4a. ordinaria,,

miércoles 19 de marzo de 2008


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Gazmuri.


El señor GAZMURI.- Señor Presidente, el sentido principal del conjunto de medidas que propone el Gobierno es el de ser un aporte para enfrentar la situación económica compleja que vive el país. Y, en esa perspectiva, creo que se hallan bien orientadas.


La disminución del impuesto a la gasolina tendrá un impacto en los consumidores. Si a ello se suma la ampliación del Fondo de Estabilización de los Precios del Petróleo, significará una reducción del orden de cien pesos en el valor del combustible, lo que, sin duda, repercutirá en la economía, básicamente, de todos los ciudadanos que ocupan automóvil, que corresponden más bien a sectores medios, pues los sectores populares se movilizan, en general, en el transporte público. Y es algo que también incidirá de modo favorable en la inflación, otra de las preocupaciones que todos los chilenos compartimos.


La eliminación del impuesto de timbres y estampillas para las pequeñas y medianas empresas constituye, asimismo, una reivindicación que ese sector ha planteado durante muchos años.


Si bien con un impacto menor, la iniciativa de estimular en el parque automotor las tecnologías menos contaminantes y que emplean combustibles más limpios me parece igualmente bien orientada.


En consecuencia, considero que se trata de criterios que apuntan en una dirección correcta, aunque no son suficientes para enfrentar el conjunto de problemas que padece la economía.
Lo
siguiente lo señalaré solo de pasada, pues sobre ello quisiera que el Senado efectuara un debate más a fondo. Por eso, vamos a proponer celebrar una sesión especial sobre el particular.


Tenemos una dificultad muy seria en cuanto a que, desde el punto de vista macroeconómico, la política monetaria y la fiscal no están siendo convergentes, sino lo contrario. Existe una política fiscal responsable, que busca los equilibrios macroeconómicos, que acumula reservas internacionales -incluso, a veces parecen desproporcionadas- precisamente para no acelerar la apreciación del peso y la baja del dólar. Pero, por otra parte, el Banco Central tiene una política de tasas de interés completamente incomprensible.


Porque todo el mundo sostiene, incluidos el Instituto Emisor y don Vittorio Corbo -así lo expuso el año pasado-, que las causas de la inflación en Chile son básicamente externas. Se menciona lo que ya conocemos: el aumento del precio del petróleo a niveles inusitados y de los alimentos en el mundo, en particular los granos, a lo que se agregan algunas causas estacionales, como la sequía del año pasado, que ha impactado severamente en los valores de algunas hortalizas.


Y cabe recordar que la nuestra no es una economía sobrecalentada y que no existe un nivel de gasto excesivo.


Entonces, no veo por qué, para frenar la inflación, se suben las tasas de interés. Porque el Banco Central podría llegar a tasas de 9 por ciento y no bajaría un peso el petróleo, ni los granos, ni tampoco cambiaría la escasez de lluvias del año pasado.


En consecuencia, nos encontramos ante un problema muy importante, que se relaciona con nuestra institucionalidad. Lo hemos planteado más de alguna vez. Hace muchos años, con el Senador señor Ominami manifestamos que había que revisar la institucionalidad del Instituto Emisor. Porque todos los bancos centrales del mundo cuentan con algún mecanismo mediante el cual, sin que pierdan su autonomía, se pueden corregir las divergencias entre la política fiscal y la monetaria. Y en Chile de la divergencia no se hace cargo nadie y no hay mecanismos para resolverla.


Repito que estamos ante un problema muy serio. El diferencial de tasas a mi juicio no es razonable.


En tal sentido, creo que el Ejecutivo debería usar sus pocos mecanismos disponibles para plantear la divergencia. El Ministro de Hacienda por lo menos tiene el derecho de hacerse escuchar por el Banco Central antes de que se tomen las decisiones respectivas.
El Instituto Emisor se escuda en que su único mandato consiste en controlar la inflación. Y si, por cumplirlo, se nos viene abajo, debido a una mala política, la fruticultura, que ha costado veinte años levantar, ¿quién va a responder? ¿El Consejo del Banco Central? No, el Gobierno, el Parlamento, las autoridades políticas.


Ese es el tema de fondo, aunque no el único.


La responsabilidad del Instituto Emisor es la política monetaria. Mas, para resolver acerca de ella, debiera tener una mirada como la de la Reserva Federal, que sale en recuperación activa de la economía estadounidense. No planteo que hagamos lo mismo. Pero el Consejo del Banco Central dice: "Para las cuestiones de empleo, de crecimiento, vayan al frente, al Ministerio de Hacienda, al de Economía. Nosotros respondemos por la inflación".
Se trata de un asunto mayor.


Por lo tanto, solicitaré una sesión especial para abordar esta materia.