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Repercusiones de visita del señor Sebastián Piñera a Perú

Sesión 5a. ordinaria,

martes 1° de abril de 2008.

Hora de Incidentes


El señor PROKURICA (Vicepresidente).- En el resto del tiempo correspondiente al Partido Socialista, tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.


El señor GAZMURI.- Señor Presidente, creo que se ha dicho todo.


Me hago solidario de las palabras del colega Ominami, quien, en mi opinión, ha sido muy injustamente atacado por el Senador Romero. No creo que eso contribuya a elevar el debate en esta Corporación.


Solo quiero reforzar un argumento.


Aquí hay un asunto de política interna que se proyecta hacia el exterior y sobre el cual tenemos una diferencia muy profunda -al parecer-, no con la Alianza, sino con Renovación Nacional: que existe un límite de incompatibilidad entre la vida de los grandes negocios y la del servicio público, siendo las dos cuestiones muy respetables.


En todas las democracias hay una barrera entre negocios y política. Y eso se lo ha dicho a Sebastián Piñera medio mundo; inclusive, sus amigos. Porque es demasiado evidente que existe un muro.


Por más correligionario que alguien sea, no se puede tapar el sol con un dedo.


Y ello genera confusión nacional e internacional. Porque, además, se trata de un político destacado y no de un señor que tiene un negocito en la esquina.


El señor NARANJO.- O un boliche.


El señor GAZMURI.- Estamos hablando de una de las fortunas más grandes del país: sobre mil millones de dólares.


El señor ESPINA.- ¡Ganados honradamente!


El señor NARANJO.-¡Habría que averiguarlo…!


El señor GAZMURI.- Yo no critico eso.


El señor ESPINA.- Pero…


El señor GAZMURI.- Por favor, escuchen lo que estoy diciendo.


El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Prosiga, Senador señor Gazmuri.


El señor GAZMURI.- En un sistema como el nuestro, que permite la concentración de la riqueza, esta, dentro de las reglas fijadas, es legítima.


El Papa considera que hay en ello un pecado social. No sé dónde empieza. Yo no he dado ese argumento. Por tanto, no tengo ninguna descalificación moral que hacer a Sebastián Piñera como empresario, ni a los empresarios en general, ni a los grupos económicos.
Yo solo afirmo que es radicalmente incompatible gestionar en forma directa grandes negocios y ser al mismo tiempo una figura pública destacada. Además, que esos grandes negocios tienen en el Perú muchos intereses -no del ámbito del retail- que requieren autorización permanente, trimestral, del Gobierno de ese país para el complejo tema de los permisos aéreos. Y, asimismo, que se trata de una empresa altamente regulada por el Estado peruano.


Me parece bien que un gran empresario vaya a hablar con el Presidente del Perú sobre los asuntos de LAN. Así proceden todos los grandes empresarios del mundo. Está bien: se halla dentro de su rol.


Lo que no me parece bien es esta tremenda confusión, que no resiste más.
El argumento que le escuché hace algunos días a Sebastián Piñera en un programa de televisión es que no hay ley al respecto. Y preguntaba por qué no se legisla sobre el particular.


Señor Presidente, yo no tengo que esperar la existencia de una ley que me obligue a decir la verdad para no seguir diciendo mentirillas.


El señor ESPINA.- ¿Qué verdad?


El señor GAZMURI.- Hay una evidencia de ética política universal en toda democracia madura: la existencia de una muralla. Por tanto, si queremos tener una democracia madura, es necesario establecer una barrera entre la dirección de los grandes negocios y la representación política. Son dos actividades nobles, pero debieran estar separadas.
Ese punto es ineludible. Y creo que al respecto hay evidencia nacional