El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- En el turno del Comité Socialista, voy a dar la palabra al Honorable señor Gazmuri, por 16 minutos.
El señor GAZMURI.- Ocuparé solo 8, señor Presidente. Los restantes los va a usar el Senador señor Naranjo.
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Ustedes los distribuirán de acuerdo a su leal saber y entender.
Tiene la palabra Su Señoría.
El señor GAZMURI.- Señor Presidente, en primer lugar, suscribo en lo esencial la intervención que hizo aquí el Senador señor Ominami. Y hay muchos elementos comunes con lo expresado por algunos colegas de la Alianza por Chile. De modo que solo quiero enfatizar dos o tres aspectos.
Lo primero: es evidente que estamos ante una crisis distinta -no es ni fiscal, ni de cuentas externas, ni de balance, etcétera-, donde el riesgo complejo es que no puedan seguir compitiendo sectores de nuestra economía que son competitivos en el mediano y largo plazos; que ha costado mucho construir desde el punto de vista de sus capacidades tecnológicas, de su inserción en los mercados, en fin, y que, por tormentas coyunturales, pueden ser desplazados de nuestro paisaje productivo. Y eso va a generar problemas económicos y sociales muy graves. De alguna manera, ya los está causando. Pero no quiero hacer más hincapié sobre el particular.
Yo, como Senador por una Región cuya vocación central es su capacidad de convertirse en un gran polo agroindustrial y vitivinícola, puedo señalar que estamos enfrentando problemas todos los días, salvo en el sector de la celulosa y la madera. Y, obviamente, como suele ocurrir en las crisis productivas, las dificultades mayores las sufren los medianos y los pequeños. Porque las grandes empresas o las multinacionales tienen espaldas para enfrentar situaciones coyunturales con más facilidad.
Se agrava la situación porque por primera vez en muchos años se produce una contradicción entre la política monetaria y la fiscal. Ambas están completamente desalineadas. Mientras la política fiscal hace, a mi juicio, un esfuerzo sustantivo por mantener un nivel de gasto necesario y adecuado, por disponer de un cúmulo de reservas como nunca antes en nuestra historia, precisamente para no presionar el dólar a la baja, la política monetaria extiende la invitación para que nos veamos invadidos de moneda extranjera.
Yo no entiendo esa política del Banco Central. Aquí, hace ya un año, estuvo el Presidente de entonces, don Vittorio Corbo.
Todos los analistas dicen que la inflación que estamos viviendo se debe centralmente a causas externas -altísimos precios del petróleo, elevado valor del dólar, de alimentos y granos-; a causas estacionales, como la sequía del año pasado, que afectó a precios de hortalizas y otros productos. No estamos con una economía sobrecalentada. Por favor: ¿dónde? ¡Si estamos bajando las expectativas de crecimiento!
Entonces, siendo externas las causas, el alza excesiva de la tasa de interés y la brecha con la norteamericana no van a ser eficaces para detener la inflación. Podrán subir aquella a 9 u 8 por ciento. ¡Pero no van a bajar el precio del petróleo, ni el de los granos, ni el de los alimentos! ¡Tampoco va a llover el año pasado…!
O sea, aquí hay un punto muy central. Y esto tiene que ver también con la política del Consejo del Instituto Emisor.
Y, ya que estamos haciendo propuestas, yo insisto: tenemos que estudiar la reforma del mandato del Banco Central. Porque aquí nos hallamos ante un problema institucional.
Cuando se nos dice que el Instituto Emisor solo responde en política monetaria e inflación, yo por lo menos -y esto lo hemos planteado estas bancas desde hace muchos años- pienso que, sin alterar su autonomía, que es un capital ganado por la institucionalidad económica de nuestro país, sí hay que modificar sus misiones.
En tal sentido, no me parecen exageradas las misiones de la Reserva Federal. Su función básica: conducción de la política monetaria en los Estados Unidos, con la orientación de mantener el máximo nivel de empleo, estabilidad de precios y tasas moderadas de largo plazo.
Esa me parece una orientación razonable, de la cual el Banco Central debiera venir a darnos cuenta también. Pero hoy día no tiene la obligación institucional de responder por los efectos que sus políticas monetarias puedan provocar en el empleo.
Finalmente, esbozaré dos ideas.
Aquí será necesario revisar la política cambiaria. Yo entiendo que es complejo. Pero mantener la política actual no es sostenible, salvo que queramos profundizar la crisis productiva.
No estoy proponiendo cambio fijo. Empero, si tenemos política fiscal contracíclica, yo pregunto: ¿qué nos impide, incluso desde el punto de vista teórico, tener política cambiaria contracíclica, con instrumentos adecuados?
Se ha establecido en el país -y creo que es un gran asunto- una política fiscal contracíclica. Y eso a veces es objeto de críticas, e incluso de incomprensiones. Porque la gente dice: "¡Cómo tienen tantos dólares afuera y no los gastan, cuando aquí hay tantos pobres!" Pero eso tiene un sentido: en una economía abierta como la nuestra, en un mundo de incertidumbre financiera, si no existe cierto control de la política monetaria, no se puede sostener una estrategia de desarrollo diversificada, productiva, socialmente integrada, etcétera.
Entonces, el desafío es mayor, pues hemos estado invadidos de cierta ortodoxia económica en todos lados. Y yo tengo la impresión de que esa ortodoxia no sirve para la actual crisis. Lo dicen todas las voces; surge desde los lugares más insospechados.
Entonces, opino que debemos aguzar la imaginación. Creo posible diseñar una política contracíclica responsable en materia cambiaria. Y ello debe estar en el centro de nuestros futuros debates.
Finalmente, concuerdo en que el Gobierno también tiene que extremar la imaginación y ser más proactivo.
Se han hecho cosas. Pienso que el tema cambiario no es responsabilidad principal del Ejecutivo. A ese respecto, debemos crear un acuerdo nacional para generar una política monetaria contracíclica. Y el Gobierno tiene que ser más activo, porque hemos de ir en auxilio -y podemos hacerlo- de los sectores coyunturalmente más desprotegidos y vulnerables.
--(Aplausos en tribunas).