El señor PROKURICA (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.
El señor GAZMURI.- Señor Presidente, en mi opinión, el impasse que se ha producido tiene que ver con la manera -que ya empieza a no funcionar- de hacer de a poco, a medias, las reformas constitucionales, sin resolver los aspectos de fondo que están presentes en el debate institucional del país.
Creo que no fue un olvido el que no se planteara el tema de la circunscripción senatorial cuando se discutió la ley. Se esbozó, pero no se resolvió ahí. Porque, como se ha dicho aquí, si se hubiera hecho, seguramente no se habría creado esa Región.
Lo cierto es que hay un debate de fondo sobre el tema de la representación nacional y también existe una discrepancia profunda en el país respecto del sistema de generación de las autoridades representativas.
Ese es el problema.
Llevamos más de 15 años -¡toda la transición!- y no llegamos a un acuerdo sustantivo sobre cómo nos representamos. Y no se trata de que haya una minoría cuya opinión no vale, sino que a la opinión de la mayoría política y electoral hasta ahora -en once elecciones- le ha sido imposible lograr las reformas que gran parte de la ciudadanía demanda.
Ese es el tema.
Por lo tanto, cada vez que se abre una discusión al respecto, aunque sea el debate en particular sobre una Región -a lo mejor, tienen razón-, se plantea ese otro asunto.
Si existen regiones, es razonable que estén representadas por Senadores. Se puede hacer una interpretación distinta, pero lo que ocurre es mucho más de fondo: no hay acuerdo en cómo se eligen los Senadores ni en cómo se componen las Cámaras. Todos debemos hacernos cargo de eso. Porque no se puede jugar al fútbol de manera sistemática, estable y cómoda, si no hay conformidad con las reglas, o si respecto de una parte de ellas, un equipo siente que le son impuestas de una forma un tanto arbitraria. Y sobre el particular no existe un consenso elemental sobre las reglas electorales.
Podremos no tener acuerdo en otras cosas, pero para eso están las Cámaras.Sin embargo, en cuanto a cómo se compone y expresa la soberanía popular, tenemos una diferencia radical. Porque hay quienes defienden el actual sistema y han impedido su cambio durante 20 años. Y podrían seguir impidiéndolo, dado que su modificación requiere -como en todo acuerdo constitucional- de mayorías muy amplias, no sólo en ambas ramas del Parlamento sino también en el país.
El hecho es que muchos chilenos encontramos que el sistema vigente nos ha sido impuesto, es completamente arbitrario y es muy poco democrático.
Entonces, hay que hacerse cargo de ese asunto y esa no es una opinión cualquiera- con dos argumentos muy sólidos: el sistema imperante dificulta al extremo la constitución de mayorías -todos los regímenes electorales del mundo favorecen la formación de estas- e impide la incorporación de minorías sustantivas.
En cuanto a la Decimoquinta Región -con esto de los números, tenemos otro desacuerdo; pero, en fin, es menor- de Arica y Parinacota, hay tiempo para hacer un análisis sobre el particular, porque ahí puede producirse incluso un problema constitucional, según sea la interpretación que se dé.
Pero lo cierto es que cada vez va a ser más difícil resolver estos temas si no realizamos un intento por construir un acuerdo constitucional más consensuado acerca de aspectos que son esenciales en una democracia, como lo es la legitimidad de la representación.
Por lo tanto, me alegro de que nos demos un nuevo plazo para estudiar esta iniciativa. Me parece bien que vaya a la Comisión de Constitución, porque estos asuntos hay que volver a discutirlos una y otra vez.
Respecto a las regiones, tengo la impresión de que resolvimos mal. Yo, por lo menos, tuve muchas dudas cuando se votó la creación de las dos últimas Regiones. Incluso fundamenté el voto en forma bastante crítica, porque efectivamente abrimos una discusión, sin haber hecho un debate serio sobre la regionalización y la descentralización, que son dos grandes temas de la política democrática contemporánea, no solo en Chile sino en todas partes.
Hay una tendencia creciente en el mundo al poder comunal, a la descentralización de los territorios, a la identificación de regiones que tienen historias comunes, etcétera. Sin embargo, creamos aquí dos regiones sin haber realizado un debate sobre qué criterios debían existir. El único que se tuvo en vista fue que había un movimiento regional más potente que en otros lados. Efectivamente, el sentimiento de una región en Arica -al igual que en Valdivia- era fuerte.
Pero ese sentimiento no solo existe ahí. Aquí se ha dicho que hay un proyecto para crear la Región de Ñuble. Mi impresión -yo tengo ancestros chillanejos- es que se hará realidad. Ñuble siempre ha exhibido una identidad política y social de carácter provincial autónomo distinta de la de Concepción. Por lo tanto, vamos a tener ese asunto en la mesa.
Asimismo, se ha planteado el tema de la llamada "Costa Interior". Esa zona también tiene una identidad histórica: San Felipe y Los Andes, zonas por completo diferentes a lo que ha sido tradicionalmente Valparaíso.
Entonces, se nos puede abrir un abanico muy fuerte y concreto. ¿Y con qué criterio vamos a resolver? ¿Con aquel en el que haya más lobby, más propaganda, más fuerza?
Tengo la impresión -con esto término- de que hay dos temas que abordar. En primer lugar, quiero dejar establecido desde ya que cualquier modificación de las Cámaras será casi imposible de efectuar si no llegamos a acuerdos electorales mayores. Podrá haber muchas interpretaciones constitucionales sobre el tema de las regiones, pero cualquier acuerdo para modificar las ramas del Parlamento, con el actual nivel de desacuerdo que existe sobre el sistema electoral, hará muy difícil reunir las mayorías que la Carta Fundamental exige.
Creo que debemos hacernos cargo de eso.
Desgraciadamente, puede que aquí paguen los platos rotos de las cosas insuficientemente hechas durante la transición los habitantes de Arica, a quienes todos los chilenos queremos mucho.
No obstante -insisto-, cualquier modificación, aunque sea menor, de la composición o del número de alguna de las dos Cámaras será imposible si no existe un acuerdo mayor sobre la legitimidad o la razonabilidad de nuestro sistema electoral.
En cuanto al tema regional, creo que también nos obliga a una cierta reflexión, porque hemos abierto un proceso que si no lo conducimos en los términos debidos, puede llegar a resultados que tampoco sean razonables.
He dicho.