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Prórroga de Permanencia de Tropas Chilenas en Haití

Sesión 22, ordinaria,

martes 20 de mayo de 2008


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- En discusión la solicitud.
Tiene
la palabra el Honorable señor Gazmuri.


El señor GAZMURI.- Señor Presidente, me corresponde informar el debate habido en las Comisiones unidas de Relaciones Exteriores y de Defensa Nacional sobre la petición de la Presidenta de la República para prorrogar por un año más la presencia de tropas chilenas en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.
Ante todo, cabe hacer notar que esta es la décima ocasión en que el Senado discute este asunto. La primera vez lo hizo en la sesión de 2 de marzo de 2004, cuando nuestra Corporación aprobó la participación de Chile en la Fuerza Multinacional Provisional en Haití -propuesta por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas-, junto a otros tres países provenientes básicamente del mundo desarrollado.
Después de cierto incidente referente a atribuciones con el Presidente de la República de la época, el Senado autorizó la solicitud y hubo un despliegue muy rápido de nuestra participación en esa fuerza multinacional.
Con posterioridad, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas creó la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, que sucedió a la Fuerza Multinacional Provisional, a fin de evitar una crisis social y humanitaria más profunda y de iniciar un proceso de apoyo de las Naciones Unidas a la reconstrucción democrática, económica y social de ese país.
Dicha Misión se ha ido prolongando en el tiempo y hoy nuevamente se ha solicitado prorrogar por un año la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en Haití. Y, de acuerdo con nuestro ordenamiento constitucional, le corresponde al Senado dar
la autorización.
El Gobierno
hizo una extensa presentación en las Comisiones unidas acerca de las razones de política internacional que llevan al país a tener una presencia activa en las Operaciones de Paz de las Naciones Unidas, particularmente en Haití; de las evaluaciones realizadas respecto de la Misión, y de las perspectivas a futuro.
Lo anterior generó una discusión bastante intensa en dos sesiones de las Comisiones unidas. Finalmente, la solicitud se aprobó por 7 votos a favor y 2 abstenciones. Estas últimas corresponden a dos señores Senadores quienes estimaron que todavía faltaban elementos de juicio como para formarse una opinión definitiva.
La presencia de Chile en las Misiones de Paz de las Naciones Unidas es consistente con una política exterior que prioriza el manejo multilateral de las crisis. Y, por lo tanto, privilegia nuestra presencia activa en la NU, como el órgano legítimo para garantizar estabilidad y paz y para intervenir, cuando sea necesario, en nombre de la comunidad internacional en países o regiones donde hay crisis que requieren ese tipo de participación.
Nuestro país, que exhibe una política exterior abierta, que tiene cierta dimensión estratégica internacional, que depende mucho del entorno mundial y regional de seguridad y de paz, debe contribuir también a los esfuerzos multilaterales.
Esa es la razón de fondo.
Por lo tanto, nuestra presencia en el marco de las Naciones Unidas en misiones de paz constituye un elemento muy central de nuestra política exterior, porque a Chile le interesa contribuir a la paz y a la estabilidad mundial.
En segundo término, parece evidente que esa contribución debería hacerse de manera preferente en nuestra área de inserción más natural desde los puntos de vista económico, político y cultural, como es América Latina. Por consiguiente, se ha priorizado, como política de cooperación al establecimiento de la seguridad y de la paz mundial, el área de América Latina. Esa presencia privilegiada es la que ha llevado al Gobierno a proceder en esos términos.
El tercer aspecto que se ha tenido muy en consideración respecto de las condiciones de nuestra permanencia en Haití es que la contribución a la estabilización de esa nación, desde el punto de vista de las fuerzas de paz, ha exhibido como elemento central un componente latinoamericano.
Más de 50 por ciento de las tropas desplegadas son latinoamericanas. El mando de la operación lo ejerce un alto oficial brasileño. Y también nos ha correspondido una participación muy directa en el alto mando de esas fuerzas.
Los contingentes desplegados allí mayoritariamente provienen de América Latina, principalmente de América del Sur: Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Bolivia, etcétera. Por lo tanto, ese ha sido un espacio, no solo de colaboración política, sino también en el plano de la Defensa, que es muy importante para nuestro país.
Otro factor que ha formado parte del debate dice relación a si se han cumplido los objetivos que se plantearon con la referida Misión. ¿Cuáles son los actuales desafíos? Y siempre ha rondado la pregunta ¿hasta cuándo va a ser necesaria la presencia de fuerzas en Haití? ¿Por cuánto tiempo más se va a requerir la participación militar chilena en esa nación? Por lo tanto, la idea del plazo de la Misión es un asunto que ha estado en el centro de la discusión que hemos tenido en las Comisiones unidas.
En cuanto a la primera cuestión, hay un acuerdo bastante amplio en que, en general, la Misión ha sido exitosa, en la medida en que se ha logrado estabilizar la situación y detener enfrentamientos que podrían haber llevado incluso a un genocidio en ese país; en que se ha conseguido realizar elecciones -que, sin duda, han sido las más democráticas que Haití ha tenido en las últimas décadas- que han permitido establecer un Gobierno legítimo, un Parlamento elegido, autoridades municipales, es decir, un proceso lento pero sostenido de reconstrucción institucional.
Sobre este aspecto, a mi juicio, hay una opinión, si no unánime, por lo menos muy generalizada.
Subsiste también la idea bastante extendida -que en cierta medida comparte el Gobierno- en el sentido de que el esfuerzo de solidaridad y apoyo a la reconstrucción económica y social de Haití, en particular el de los mayores donantes, vale decir, el de los países desarrollados, ha estado muy por debajo de las necesidades y expectativas. Por consiguiente, hay una mirada crítica sobre esta dimensión.
Existe la opinión -Chile está preocupado de ello- de que, en general, la participación de los donantes mayores de la cooperación para el desarrollo económico y social en Haití ha estado por debajo de las expectativas.
Hay igualmente la idea de que todavía la situación haitiana no es de plena estabilidad, de que las instituciones de su Estado aún son relativamente débiles.
En las semanas precedentes hubo cierta crisis, producto de una movilización popular muy intensa debido básicamente al alza extraordinaria de los precios del arroz, que significó la caída del Primer Ministro. Pero está claro que hay una situación económica y social de fondo muy crítica, y a pesar de que existen algunos indicadores económicos favorables, los gravísimos problemas sociales del país todavía no son resueltos, obviamente.
Ello plantea el criterio de que, para garantizar la seguridad, será necesario la presencia de fuerzas internacionales.
Sobre este punto en general tampoco hay mayor discusión.
Naciones Unidas ha planteado la idea de que es indispensable desarrollar un programa de consolidación de la Misión en Haití para los próximos años, que ponga metas económicas y sociales, e indicadores para ir midiendo el desarrollo de los objetivos planteados.
Fue una materia ampliamente discutida en las Comisiones unidas, y llegamos a acuerdo con el Gobierno para que el Senado -veremos después los mecanismos- tenga una participación más activa en el debate sobre los contenidos y plazos del plan de consolidación.
Considero que este acuerdo es de mucha importancia.
Por último, debo agregar alguna información adicional que puede ser útil para la resolución de la Corporación respecto al asunto que nos convoca.
El primer punto tiene que ver con la magnitud de nuestra presencia militar y policial.
En lo militar, básicamente tenemos desplegados un batallón (Batallón Chile), compuesto por personal del Ejército y de la Armada, que tiene como función principal ser la fuerza de seguridad más importante de la segunda ciudad de Haití, que es Cabo Haitiano.
Es preciso señalar que, en general, esta fuerza ha tenido mucha consideración por parte de la Dirección de la MINUSTAH y que, también, en Cabo Haitiano en general las condiciones de seguridad son muy superiores a las de
la capital.
También
existe una Compañía de Ingenieros, cuya función fundamental es apoyar las obras de infraestructura en Haití. Tiene la particularidad de ser una compañía combinada chileno-ecuatoriana bajo el mando de nuestro país.
Pienso que es un buen ejemplo de cooperación a nivel militar con una nación particularmente amiga de Chile en todos los terrenos.
Y mantenemos, además, una escuadrilla de helicópteros, unidad compuesta por 52 personas de la Fuerza Aérea y de la Brigada Aérea del Ejército de Chile, que realiza tareas de apoyo muy importantes para el comando de la MINUSTAH en Puerto Príncipe y en todo el país.
Asimismo, tenemos presencia en lo policial, menos significativa desde el punto de vista numérico.
Hay desplegado un total de diecisiete efectivos policiales, 14 carabineros y 3 detectives, que básicamente desempeñan funciones de instrucción para adiestramiento en las distintas unidades de la policía haitiana. Es decir, no desempeñan tareas propiamente policiales.
Se han desarrollado programas de cooperación permanente de formación de policías haitianos en la Escuela de Oficiales de Carabineros de Chile.
Finalmente, hay un anexo con el informe financiero, una parte de del cual las Comisiones unidas y el Gobierno la declaramos como de carácter reservado y secreto, pero que se encuentra a disposición de los señores Senadores en la Secretaría de
la Corporación.
Las
cuentas son relativamente complejas. Sus Señorías lo podrán apreciar, ya que hay gastos en que incurre el país, pero que de todas maneras deben hacerse, como los sueldos y salarios del personal que concurre a la Misión. También se contempla el adicional que paga Naciones Unidas en estas misiones, lo que aporta al despliegue de nuestras fuerzas, tanto en materiales como en insumos, y que son reembolsos. Y como estos se efectúan una vez hecho el gasto, existe un complejo sistema de contabilidad donde el Gobierno chileno hace el gasto, pero luego le es reembolsado.
Entonces, para hacer cuentas globales, lo que el país gasta, sin reembolso, son aproximadamente entre 4 y medio y 5 millones de dólares al año.
Ahora, existe un debate sobre si eso es gasto o inversión. Porque, en efecto, ello tiene cierta utilidad. Son equipos que vuelven, entrenamientos que añaden calidad a nuestro contingente militar. Pero, cualquiera sea la discusión, ese esfuerzo le cuesta a Chile esa cantidad.
La segunda cuestión que considero importante aclarar es que estos gastos -como básicamente son de material- se financian con recursos provenientes de los fondos de la ley reservada del cobre, que solo pueden ser destinados a estos asuntos y menesteres. Por lo tanto, no cabe la duda, que alguna vez se planteó en estas discusiones, de cuánto el país está restando a otros programas para gastar en Haití. Ello prácticamente no es así. No es una opción.
Lo que se gasta en Haití -es dable discutir la magnitud, cuánto se puede o no reponer- no podría ser destinado sino a los mismos usos también de material bélico.


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Ha concluido su tiempo, señor Senador.


El señor GAZMURI.- Estoy terminando, señor Presidente. Concédame un minuto más.


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Pero ya se le otorgaron dos minutos, señor Senador.
Serían tres minutos más.


El señor BIANCHI.- Le cedo un minuto de mi tiempo, señor Presidente.


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Bien. Su Señoría puede disponer de un minuto más para terminar su intervención.
Tiene la palabra.


El señor GAZMURI.- Señor Presidente, quiero agregar un último elemento que ha estado presente en todo el debate, que entiendo que no es el central, porque la fundamentación para estar en Haití tiene que ver básicamente con nuestra política exterior (es la discusión sustantiva que debe haber).
En general, creo que hay una muy alta opinión, tanto de Naciones Unidas como de nuestros socios, acerca de la calidad del desempeño de nuestras Fuerzas Armadas y fuerzas policiales. Me parece un elemento intangible de esta operación, pero que nuestro país debe considerar.
Y, segundo, las Fuerzas Armadas tienen también una opinión muy positiva del perfeccionamiento profesional que significan estas misiones.
Como digo, estos aspectos han estado presentes en todos los debates que hemos tenido sobre esta materia.
Termino utilizando menos de los tres minutos que me dio de exceso, los cuales agradezco, señor Presidente.