» Volver » Imprimir » Enviar

Homenaje al ex Presidente de la República y ex Presidente del Senado, Dr. Salvador Allende en el centenario de su natalicio

Sesión 38, ordinaria,

martes 29 de julio de 2008


El señor GAZMURI.- ¿Me permite, señor Presidente?


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Su Señoría no se hallaba inscrito. Pero con mucho gusto le concedo la palabra.


El señor GAZMURI.- Señor Presidente, he querido participar para dejar mi testimonio de homenaje en el centésimo aniversario del natalicio del Presidente Allende.
Deseo saludar a Carmen Paz; a los queridos ex Ministros que nos acompañan en la Sala y en tribunas. Veo en ellas a la ex Ministra Mireya Baltra.
--(Aplausos en la Sala y en tribunas).
Y me interesa intervenir porque, siendo un joven dirigente de la Izquierda chilena, de uno de los partidos de la Unidad Popular: el MAPU, tuve el notable privilegio, que no olvidaré hasta que muera, de haber estado muy cerca del Presidente Allende desde su primera gira electoral, en enero del año 1970, por la que había sido su circunscripción senatorial -partimos en Punta Arenas y terminamos en Chiloé-, hasta la noche del 10 de septiembre de 1973, ocasión en la que estuve con el Presidente y salí de La Moneda con terribles presentimientos, cerca de las 22:30.
Salvador Allende es una figura nacional y universal. En mi caso personal, sin duda fue quien ejerció la influencia política y humana más perdurable en mi larga trayectoria pública.
Se ha señalado aquí -no ahondaré en ello- que Allende no solo vale o es recordado por sus últimos cuatro años, periodo en que fue Presidente de la República y alcanzó la culminación de una larga vida política. En efecto, lo que siempre admiré y me sigue iluminando en política es la perseverancia de Salvador Allende. Desde la universidad y hasta su muerte, estuvo siempre -¡siempre!- en la lucha social y política. No falló en ninguna batalla; supo ganar y perder, y al día siguiente de las derrotas ya organizaba la próxima contienda. Solía decir con humor que en su epitafio pondrían: "Aquí yace Salvador Allende, futuro Presidente de Chile".
A mi juicio, Allende no es la mayor figura histórica del siglo XX en Chile, sino la figura universal que la política chilena ha producido. Y esto no es solo una afirmación de sus adherentes. No es por casualidad que una inmensa cantidad de plazas, de parques, de escuelas, de hospitales lleven el nombre de Salvador Allende en los cinco rincones del planeta. No existe político chileno al que se recuerde de esa manera. Quizá, solo a Neruda, quien también tiene sitios recordatorios en todo el mundo. Pero dudo que haya otro como Allende.
Como es nuestro, los chilenos debemos preguntarnos por qué se le valora de ese modo. En mi opinión, hay dos razones.
Una es la consecuencia: la consecuencia ética con un proyecto, con determinados valores, con determinadas promesas. El momento final de ello es, obviamente, su sacrificio en
La Moneda.
Lo dijo al país, nos lo señaló muchas veces, porque preveía un final trágico: "No voy a salir vivo de acá". Y no salió con vida.
Si recordamos los últimos mensajes de Salvador Allende emitidos por radio -por ejemplo: "Ya no oirán más el metal tranquilo de mi voz"-, apreciaremos una serenidad sorprendente.
Era un hombre que, al igual que el personaje de la tragedia griega, estaba consciente del valor de su gesto, el cual tenía un contenido épico y, a la vez, un profundo contenido político.
El segundo gesto universal de Allende es su proyecto político, que fue la vía chilena al socialismo, la que se preocupó de documentar por escrito en su primer mensaje ante el Congreso Nacional, el 21 de mayo de 1971. Se trata de un nuevo modelo universal -así lo dijo él- de construcción socialista.
Quizá muchos no lo entendimos cabalmente, pero ahí está escrito. Se buscaba combinar dos grandes valores humanistas del siglo XX que anduvieron desencontrados: la libertad y la democracia con la igualdad, que es el socialismo.
La historia rica y trágica del siglo pasado, entre otras cosas, es también la historia del desencuentro en la práctica social de esos dos grandes valores que Allende encarnó.
Siempre he pensado que no fue casualidad que el Presidente Dubcek, casi contemporáneo con Allende, haya intentado hacer lo mismo en Checoslovaquia, al otro lado del mundo, en 1968: combinar el socialismo con
la libertad.
Y
si Allende continúa vigente, se debe a que estos dos valores siguen desencontrados en el siglo XXI.
Se ha avanzado en materia de libertad, felizmente también en Chile. Hoy día en América Latina, por primera vez en décadas, todos los pueblos son gobernados por regímenes democráticos. Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con el valor de
la igualdad.
El
capitalismo global y contemporáneo sigue reproduciendo desigualdades. Por tanto, en un mundo diverso, con proyectos políticos o programáticos muy distintos, en una realidad global que nos impone restricciones que muchas veces no podemos superar como nación, la herencia de ser portadores en la historia de los valores de la libertad y la democracia, que es el gran mensaje de Allende, sigue vigente.
En consecuencia, se puede ser con orgullo, como los socialistas y como yo, allendista en el siglo XXI.
He dicho.
--(Aplausos en la Sala y en tribunas).