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Designación del señor Alfredo Pfeiffer Richter como Ministro de la Corte Suprema

Sesión 39, Especial, miércoles 30 de julio de 2008


El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Gazmuri.


El señor GAZMURI.- Señor Presidente, cuando votamos a favor de don Haroldo Brito, planteé que el único criterio de discriminación que yo tenía en materia de nombramiento de Ministros de la Corte Suprema se refería a temas esenciales vinculados con los derechos humanos. Porque entiendo que hoy día los derechos humanos en nuestro país no son patrimonio de un sector, ni de una ideología, ni de una posición conservadora o progresista, sino que constituyen la base ética fundamental de la convivencia civilizada en el siglo XXI. Tanto es así que figura en la Constitución.


Pero debo decir también que voté por el Ministro Brito sabiendo que había un acuerdo y que este incluía al Ministro Pfeiffer.


Quiero expresar asimismo que no planteé un rechazo al método. Porque podría haberlo objetado y haber votado -algunos lo han hecho así- en contra del Ministro Brito.


Por tanto, nos encontramos -yo particularmente; y creo que también muchos otros Senadores- ante un dilema político y ético muy complejo: quienes vamos a votar en contra incumpliremos un acuerdo.


El señor ROMERO.- ¡Una vez más…!


El señor GAZMURI.- No una vez más.
Y eso, sin duda, es grave…


El señor ROMERO.- ¡Gravísimo!


El señor GAZMURI.-…desde el punto de vista de la ética, de la responsabilidad política.
Por cierto, el método actual, del cual no abjuro, ha dado en doce años una Corte Suprema bastante más favorable para la justicia que la que teníamos en 1990. Y eso, evidentemente, también es materia de derechos humanos.


Pero, desgraciadamente, el acuerdo que se tomó ahora va más allá de lo que éticamente podemos resistir.


Ese es el punto.


Nos equivocamos en tomarlo. Yo asumo la equivocación. Sin embargo, puesto en la disyuntiva, hoy no puedo sino votar en contra, por múltiples razones -me ahorro su detalle-, sabiendo que aquí deberemos recomponer sistemas y confianzas indispensables para el buen funcionamiento democrático.