El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.
El señor GAZMURI.- Señor Presidente, no son buenas las noticias que nos trae el Presidente del Banco Central. Estoy pensando, básicamente, en sus proyecciones respecto del próximo año.
La pregunta es si esas noticias son inevitables y si, por tanto, no hay espacio para una política monetaria y una política económica general distintas.
Se proyecta un crecimiento menor al de este año; una disminución bastante fuerte de la demanda interna; una caída -por lo que he escuchado- del valor adquisitivo de los salarios, como tendencia, en la medida en que se tienda a reajustarlos sobre inflación futura y no a recuperar capacidad adquisitiva perdida; y, como decisión del Banco, la mantención de una política monetaria restrictiva y elevada en materia de tasas. Es decir, lo que se está anunciando a los mercados es que se va a seguir subiendo la tasa de interés.
Quiero hacer una pregunta que a mí me parece muy central, porque no me cuadra la orientación de la política monetaria con el diagnóstico sobre el tema de la inflación. Y si bien este no es el único tema, sí lo considero fundamental.
Se ha sostenido que el elemento, no único pero sí principal, del fenómeno inflacionario tiene que ver con condiciones externas que aquí se han reiterado hasta la saciedad y que todos conocemos: el alza de la energía y el alza de los alimentos. Además, se ha indicado que estas tendencias van a persistir en el panorama internacional, según el horizonte del informe. Se ha señalado que, a pesar de los problemas de las llamadas "economías industrializadas", que van a la baja, seguirá el dinamismo de las economías emergentes, y que, al margen de las fluctuaciones que hemos observado en estos días, donde los precios del petróleo y del trigo y otros alimentos han mostrado una inclinación a la baja, la proyección del Banco Central es que la tendencia de los factores externos de la inflación se va a mantener hasta el año 2010.
En consecuencia, la mantención de tasas muy altas, que sin duda produce algún efecto en el comportamiento interno de la economía, no va a determinar en absoluto las tendencias de los factores fundamentales de la inflación. Pero esta conclusión, que surge como totalmente obvia, al parecer no es tan clara.
Por tanto, pienso que el riesgo de insistir en una política monetaria como la que se encuentra aplicando el Banco Central genera el severo problema de que puede afectar la actividad de una economía que está creciendo bajo su potencial y no tener el efecto esperado en la inflación.
Parto de la base de que todos consideramos que volver a índices inflacionarios que estén en los rangos que el país ha mantenido en el último tiempo constituye un objetivo nacional fundamental de política económica. Ese no es el debate. No tenemos que convencernos entre nosotros y, en particular, a los Senadores de estas bancadas, de la importancia decisiva que tiene en una política macroeconómica sana mantener inflaciones bajas.
Tampoco necesitamos argumentar aquello de que una inflación alta afecta, esencialmente, a los sectores más pobres y vulnerables del país, en especial a los asalariados. Incluso, ya hay todo un debate respecto de hasta qué punto las actuales tasas de inflación están determinando que nos estanquemos y aun retrocedamos en uno de los grandes logros de la política económica y social de estos últimos 18 años, como es la disminución de la pobreza.
El punto es precisar hasta dónde hay un exceso de voluntarismo al intentar reducir la inflación con una política monetaria muy estricta, cuando se sigue sosteniendo que los factores externos, si bien no los únicos, son los determinantes.
Aunque lo sugirió la Senadora señora Matthei, aquí no se ha dicho que el factor central de la inflación es una demanda interna escapada, la cual, según las proyecciones de este año, llegaría a 9,1 por ciento.
Pero, si uno descompone los elementos que aumentan sustantivamente la demanda interna, constata que el principal de ellos es la formación bruta de capital fijo (19 por ciento). Aquí están los números. Es cosa de mirar los cuadros. Y, según lo que yo veo, el consumo total -de las personas y del Gobierno- alcanza a 5,6 por ciento.
Ahora, entiendo que en la formación bruta de capital fijo puede haber un elemento estacional que tenga que ver con un posible, no quiero decir exceso, porque nunca es excesivo formar capital bruto en una economía. Me parece razonable que eso ocurra...
La señora MATTHEI.- Perdón, ¿usted dice que la inversión no afecta la inflación?
El señor ZALDÍVAR, don Adolfo (Presidente).- Por favor, rogaría que cualquier interrupción fuera solicitada a la Mesa.
El señor GAZMURI.- Lo que yo digo, señor Presidente, es que aquí, sin duda, hay un elemento que tiene que ver con el aumento de la demanda y con el cual hay que tener cuidado. Pero ese no es el elemento central que explica el actual período inflacionario y el cambio de rango en la inflación que ha experimentado la economía chilena, que, como se ha indicado, no es un fenómeno que se esté dando solo en nuestro país.
Mi impresión es que ahí hay un debate muy de fondo, por cuanto es posible que durante un período debamos acostumbrarnos, al margen de nuestra voluntad y de nuestra capacidad para decidir, a tener índices inflacionarios más altos que los que hemos soportado históricamente. Porque hay un factor que nosotros no controlamos, y eso, a mi juicio, es un elemento central.
Se ha planteado en la Sala una cuestión que no tiene que ver con el ámbito de competencia del Banco Central, que es todo el debate sobre el gasto público que dentro de pocos días vamos a iniciar en el país y en el Congreso. Yo creo que esa discusión se vincula, de alguna manera, con el informe que hoy hemos recibido, pues, aunque la responsabilidad de esa decisión no es del Banco Central, sí debe haber cierta convergencia entre la política fiscal y la política monetaria. Y ahí me surge una preocupación muy fuerte en el sentido de que esa convergencia no se esté dando. Por lo tanto, me gustaría conocer la opinión del Presidente del Instituto Emisor acerca del tema.
Es evidente que la regla se debe revisar. Incluso, yo fui uno de los que, en la fase anterior del ciclo, estaban por eliminar la regla del superávit fiscal e ir a la regla de balance estructural. Si hoy día nos pusiéramos ortodoxos y aplicáramos rigurosa y estrictamente la regla, con 0,5 por ciento de superávit estructural -habría que hacer los cálculos- tendríamos un aumento del gasto público de dos dígitos. Sobre esto se ha planteado que existe una discusión poco transparente, pero, por lo que leo y me informo con gente que me da confianza, así ocurriría.
Sin embargo, pienso que sería imprudente elevarlo dos dígitos el próximo año. Quiero decirlo desde ya. Porque, efectivamente, alguna preocupación por la demanda interna hay que tener. Pero no se diga que el presupuesto debe ser contractivo. El tema es en cuánto elevamos el gasto público. Si aplicáramos la regla -insisto-, habría que aumentarlo en 10 por ciento, por lo menos. Y eso, como dijo el señor Ministro de Hacienda, podría no ser una saludable contribución de la política fiscal al control de la inflación. Con todo, hay un rango bajo los dos dígitos que es muy importante.
Por un conjunto de consideraciones, creo que, si ajustamos en exceso el gasto público, tampoco vamos a contribuir al control de la inflación y sí vamos a tener severos problemas, tanto desde el punto de vista de la sustentabilidad de las políticas sociales cuanto desde la perspectiva del aporte del Estado para realizar algunas cosas indispensables para el país si, efectivamente, deseamos crecer a un ritmo más acelerado.
Aquí lo que está faltando para crecer con más dinamismo -y eso está en todos los informes- no es flexibilidad laboral. Eso, para mí, son pamplinas, patrañas. Somos uno de los países con mayor flexibilidad laboral en el mundo. Lo que aquí está faltando es innovación, ciencia y tecnología, capital humano, calidad de la educación, formación profesional, igualdad social. Esos son los factores donde Chile no es competitivo.
Cualquier ránking internacional que muestre las debilidades de nuestra economía apunta en esa dirección. Aquí -repito- falta innovación; falta capacitación de la mano de obra; faltan capacidades técnicas y científicas, porque hay bajos niveles profesionales.
Esos son los problemas que tienen a nuestra economía -que ha sido muy dinámica- en un estadio donde la base central es la explotación extensiva de nuestros recursos naturales, felizmente muy ricos.
No se pueden mantener crecimientos sustantivos con más de lo mismo; y, para no hacer más de lo mismo, necesitamos políticas públicas y privadas muy enérgicas en estos que son los datos centrales que explican nuestra baja competitividad.