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BOLIVIA Y UNASUR

La Segunda,

miércoles 22 de octubre de 2008


Jaime Gazmuri Senador, Presidente de la Comisión de RR.EE.
 

La aprobación por parte del Congreso de Bolivia de la ley que convoca para el 25 de enero del año próximo a un referéndum sobre la nueva Constitución es la culminación exitosa de un arduo y complejo proceso para dotar al país de un nuevo orden institucional que permita fundar un Estado democrático, social, multicultural, pluriétnico de mayoría indígena y respetuoso de las autonomías departamentales.

La convocatoria se realiza después de un acuerdo de todas las fuerzas políticas respecto de los contenidos fundamentales. No se trata, por tanto, de un acuerdo procedimental, sino sustantivo.

El acuerdo mantiene la arquitectura de la Constitución aprobada por la mayoría de la Asamblea Constituyente, en cuya fase final no participó la oposición , pero al mismo tiempo modifica mas de cien artículos, recogiendo muchas de la demandas de ésta. Se trata de un acuerdo en el que tanto el gobierno del Presidente Morales como sus opositores han realizado un serio esfuerzo de entendimiento y flexibilidad.

Las modificaciones principales introducidas al texto original tienen que ver con asuntos relevantes. Se garantiza las autonomías departamentales en el marco de la integridad territorial y política del Estado, y del orden constitucional. Se acuerda la composición de la Cámara de Diputados. Se revisan las redacciones respecto del estatuto de la propiedad y de los recursos naturales. Se establece el quórum de dos tercios para las reformas constitucionales y se limita la reelección del Presidente a un segundo período.

Se ha creado así las condiciones para que el proceso de profundas transformaciones que está experimentando Bolivia se realice en un marco constitucional aceptado y legitimado por la abrumadora mayoría de la nación.

 

En las últimas semanas las tensiones políticas y étnicas entre la sólida mayoría que apoya al Presidente Morales, basada principalmente en el Altiplano, y los prefectos de las departamentos de la llamada «medialuna», que cuentan con un consistente apoyo local, habían creado un escenario de agudos enfrentamientos y un clima de inestabilidad política, que causó una viva y justa preocupación en toda América Latina. La integridad, la estabilidad, el desarrollo y la democracia bolivianos son fundamentales para el progreso y la integración de la región. Sobre esto no hay dos opiniones. Para Chile la importancia de la integridad y la estabilidad política de Bolivia es evidente, particularmente en un momento en el que las relaciones bilaterales están en un nivel promisorio.

El acuerdo nacional que permitirá a Bolivia construir un Estado inclusivo es mérito y responsabilidad de las fuerzas políticas bolivianas, y de sus liderazgos. Al mismo tiempo todas esas fuerzas políticas y la comunidad internacional han reconocido y destacado el papel que ha jugado la Unión de Naciones Sudamericanas ( UNASUR) para facilitar el clima de diálogo y entendimiento. La iniciativa de la Presidenta Bachelet de citar a la cumbre de presidentes, la amplitud de la convocatoria y, sobre todo, los contenidos de la declaración de La Moneda, demostraron que los países de la región pueden jugar un papel significativo para impulsar la democracia y la estabilidad. Dicha Declaración, aprobada por gobiernos tan diversos como son los de Uribe y Chávez, y la delegación enviada a Bolivia para acompañar el dialogo, encabezada por Juan Gabriel Valdés, jugaron un papel positivo destacado por todos. Incluso la Unión Europea hizo suya la Declaración de Santiago, en vez de fijar una posición propia.

Las prevenciones que surgieron en Chile, tanto en medios políticos como en la prensa y en personas vinculadas a la política internacional, sobre el rol de UNASUR en la crisis que vivió Bolivia, han sido respondidas contundentemente con sus resultados. Se demostró que es posible que juegue un rol muy positivo como instancia de diálogo político y de integración. Su fortalecimiento no es contradictorio con otros espacios y organismos latinoamericanos y hemisféricos.

Chile ha demostrado que puede jugar un rol activo y positivo en América del Sur. Está en el interés del país y debe constituir una de las prioridades de nuestra política exterior fortalecer nuestra presencia en esta región.

 

Las prevenciones que surgieron en Chile sobre el rol de UNASUR en la crisis que vivió Bolivia, han sido respondidas contundentemente con sus resultados”.