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Declaración de Ausencia por Desaparición Forzada de Personas

Sesión 13, Ordinaria,

miércoles 29 de abril de 2009


El señor NOVOA (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.

 

El señor GAZMURI.- Señor Presidente, lamento mucho el curso que ha tomado la discusión, porque, a decir verdad, el proyecto persigue un fin muy específico y respecto de un conjunto muy preciso de conciudadanos: solucionar una situación que no ha podido ser resuelta, desde el punto de vista jurídico, en el sentido de que no se impida, por una parte, el conocimiento de la verdad sobre el destino de sus deudos y, por la otra, normalizar sus vidas. Ese es el punto.

Se trata de una figura jurídica precisa que se ha usado en muchas legislaciones comparadas, sobre la cual nadie ha manifestado su desacuerdo, y, sin embargo, algunos ya han anunciado que se pronunciarán en contra de la iniciativa. Obviamente, cada Senador votará como quiera, pero con ello se perjudicará a personas muy castigadas por los acontecimientos de los últimos años y por agentes del Estado.

Lo único que deseamos hacer es permitir que se siga buscando la verdad. Y nadie puede desconocer el derecho humano esencial a saber qué ocurrió finalmente con la esposa, el hijo o el hermano, que salieron de su casa una noche, fueron secuestrados y no volvieron nunca más.

La paz que se obtiene cuando se conoce la verdad es fundamental. Lo he vivido de manera muy cercana. Y existe una tendencia ancestral a dar debida sepultura a los seres amados.

Ese es el propósito de la ley en proyecto. Por ello, invito a los señores Senadores a votarla favorablemente.

Existe una gran cantidad de otros asuntos pendientes vinculados a nuestro pasado reciente. Y ello no obedece a que sean objeto de mala voluntad, sino a que todavía tenemos diferencias sustantivas respecto a cómo enfrentarlos.

Algunos creen que la pacificación de los espíritus se puede lograr sobre la base de cierta impunidad, amnistía o como se lo quiera llamar. Eso es respetable. Pero otros pensamos que la pacificación requiere verdad y justicia, porque, de lo contrario, no habrá una reconciliación de veras. Además, sabemos que costará un buen tiempo alcanzarla después de un quiebre tan profundo como el que vivió nuestro país.

Entonces, no mezclemos todos los asuntos ni le pidamos a la iniciativa que resuelva otras cuestiones que habremos de seguir debatiendo.

No me anima ninguna odiosidad particular. Pero estimo que víctimas y victimarios no son iguales, y no me parece razonable darles el mismo trato. Por tanto, discutamos también este punto.

Insisto: aspirar a que haya justicia es razonable. Ello no obedece a sentir odio hacia los procesados. Y entiendo los dramas familiares que subyacen detrás de lo que les ocurre.

Sin embargo, no soy partidario de detener los procesos en función de aquello. Muchas veces, estos demoran bastante, porque los jueces casi no disponen de evidencias y quienes mandaban no colaboran o se han ido con el secreto a la tumba. Gran parte de la verdad que hemos conocido se debe a que algunos subalternos se aburrieron de guardar lo que ellos entendían como "fidelidad a sus superiores", cuando se dieron cuenta de que quienes les ordenaron cometer crímenes lo negaban en los tribunales. Y por ello todavía estamos ante estos procesos tan complejos.

No confundamos las situaciones -y se lo digo con mucho aprecio al Senador Arancibia-, porque todavía tenemos discrepancias respecto a cómo resolver algunas de estas materias. Y debemos respetarlas, no solamente increparnos por ellas. Se trata de diferencias de fondo, y ojalá podamos ir solucionándolas.

Por lo tanto, invito a los Senadores a votar favorablemente el proyecto, por cuanto tiene un objeto muy preciso. No vamos a arreglar todo el drama histórico de Chile en los últimos cuarenta años, pero sí a solucionar problemas prácticos de personas que han sufrido mucho, cuya conducta apunta a buscar la verdad para vivir en paz durante el resto de sus días.

He dicho.