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Reforma Constitucional en Materia de Gobierno y Administración Regional

Sesión 37°, Ordinaria,

martes 4 de agosto de 2009


El señor NOVOA (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Gazmuri.

 

El señor GAZMURI.- Señor Presidente, la verdad es que la reforma constitucional en debate partió con objetivos más modestos que los que nos presenta el trabajo acucioso de la Comisión.

Su propósito inicial era dar cuenta de un asunto, a mi juicio, fundamental, que se ha ido abriendo paso con mucha lentitud en el país: la necesidad de generar un consejo regional elegido directamente y no a través del mecanismo indirecto que rige actualmente, el cual exhibe todas las fallas que aquí hemos señalado.

Somos muchos quienes hemos planteado ese asunto desde hace varios años. Felizmente, en el país se ha logrado llegar a un acuerdo en cuanto a que, si queremos dar al consejo regional prestancia, prestigio y representatividad, ello debe hacerse por la vía de la elección directa de sus miembros.

Sin embargo, la Comisión ha incluido un conjunto de otras materias que, a mi juicio, son muy relevantes en un real proceso de descentralización.

En esta especie de discusión general deseo plantear algunas ideas muy simples.

En primer lugar, es evidente que el proceso de regionalización en nuestro país ha sido extraordinariamente débil. De hecho, todavía rige un hipercentralismo en la administración, lo cual no resulta tolerable para muchas Regiones. Ello se expresa muy distintas maneras: pocos poderes regionales, autoridades regionales que no son elegidas popularmente, procedimientos administrativos que uno no alcanza a determinar en virtud de qué misterio se siguen manteniendo.

Comenté a gente de Gobierno que no entiendo por qué la inversión que acuerda un CORE, con fondos regionales y mediante una decisión propia, requiere, para su concreción, la firma del Ministerio de Hacienda en Santiago. En la Región del Maule hemos tenido proyectos que han esperado un mes, 20 días para iniciarse, por la falta de visado del Secretario de dicha Cartera o del Director de Presupuestos. Se trata de recursos que la ley asigna a las Regiones; por tanto, estas debieran resolver su destino a través del consejo regional.

Sobre el punto, debemos llegar a un acuerdo sustantivo para profundizar el proceso de descentralización y regionalización.

En segundo término, soy un convencido de que la experiencia histórica demuestra que solo hay regionalización cuando se van constituyendo poderes políticos regionales.

Lo que en Chile llamamos "regionalización" nació de un mero dictamen político-administrativo de un régimen dictatorial. No obedeció a ninguna demanda real. Tanto es así que no había regiones en el país.

Y cuando se crearon, ¡se les asignaron números! Felizmente, a la Región que represento algunos ya la llamamos por su nombre: Región del Maule. Pero todavía se habla de la "Séptima Región", lo cual denota una no identidad. Porque esta no existe en los números.

La identidad radica en las provincias. Ahí ella es fuerte. ¡Por eso Ñuble sigue pidiendo ser Región, al igual que San Felipe de Aconcagua!

En resumen, hay un problema: la división regional no nació de una presión política.

La única manera de afirmar el proceso de regionalización es dar autoridad y prestancia política a las Regiones. Después vendrá lo administrativo y las competencias.

En ese sentido, celebro que aquí se proponga la elección directa de los consejeros regionales. Pero debemos ir más allá: a la elección por sufragio universal del presidente del CORE, en paralelo con la del intendente. Aquí no debería haber ninguna sustitución. Porque, como somos un país unitario, habrá competencias que seguirán siendo nacionales. Por ejemplo, las carreteras y la política energética. Esta, en cuanto tal, no puede ser regionalizada, porque las Regiones no son autosuficientes en energía. Y nunca lo serán. Tal política es nacional. ¡Y, por favor, no hagamos demagogia! El país tendrá que ver cuál será la opción más adecuada para la matriz energética: la hidroeléctrica, la solar, la mixta. Cada Región no podrá resolver eso por sí sola.

El asunto es que no cabe ninguna contraposición entre un intendente, que representa al Presidente de la República y posee el control de la administración en todas las competencias de carácter nacional, y un jefe del gobierno regional, que cuenta con presupuesto y competencias propias.

Se precisa una discusión para ponernos de acuerdo en los conceptos.

¿A qué llamamos "gobierno regional"? Leo lo que dice el diario "El Centro" de Talca: "Se cita a gabinete regional". ¡Se trata de los seremis; eso no es regional! Es la reunión de los representantes de los Ministros en la Región. Lo que constituye el gobierno regional es la entidad denominada como tal y que registra una dirección conocida en cada Región, también en la del Maule. De hecho, algunos de sus representantes nos acompañan en las tribunas.

El consejo regional cuenta con el FNDR y un pequeño aparato administrativo para manejar los fondos. Ello se debe fortalecer con nuevas competencias y, también, con recursos y organismos para que estas se materialicen.

Lo anterior no puede ser un proceso nacional, además, porque las actuales Regiones muestran distintas capacidades de gobierno. Algunas pueden administrar más asuntos que otras, aunque no es bueno señalar esto en tiempos de campaña. Pero si vamos a legislar sobre reforma de la Constitución hay que decirlo, porque son realidades.

Si queremos llevar a cabo un proceso de regionalización en serio, no se puede implementar de un día para otro; habrá que establecer prioridades.

Por ejemplo, en la Región del Maule (que represento), deberíamos contar con un servicio agrícola, ganadero y forestal propio -para ello sí hay condiciones, capacidades y necesidades-, y que no se nos impongan desde el INDAP, la CONAF y demás instituciones del nivel central los instrumentos y políticas por aplicar.

Ahora, pienso que el SAG tiene que seguir siendo nacional. Porque la mosca de la fruta no pregunta por qué región ha de entrar. Y las normas fitosanitarias relativas a las exportaciones son aplicables en todos nuestros mercados.

Entonces, la iniciativa que nos ocupa amerita una discusión en profundidad.

Me alegro de que en el informe de la Comisión se dé cuenta de la inclusión de materias de fondo por primera vez en nuestro debate. Ya el Senador señor Núñez ha indicado cuáles son y en qué consisten.

Con respecto al cargo de presidente del consejo regional, vamos a presentar una indicación, porque no me parece conveniente que él sea elegido por sus integrantes. De ese modo no tendría suficiente autoridad regional.

En cuanto a la elección de los consejeros regionales, tendrán que ser elegidos por provincias -al igual que hoy día- y por votación directa. De lo contrario, las provincias con mayor población pueden quedar con una representación indebida.

Si el presidente del consejo regional es elegido de entre sus miembros, no tendrá un mandato regional, sino que será el consejero de la provincia equis. En cambio, si se eligiera mediante votación directa tendría legitimidad regional, incluso en Regiones grandes como la del Maule, con un millón de habitantes y un padrón electoral de 500 mil ciudadanos.

La elección directa por la gente daría al presidente del CORE una tremenda autoridad política delegada. Y esa Región hablaría de otra manera con el resto del país.

Por lo tanto, creo que la elección directa del presidente del consejo regional es un elemento central y crucial en esta reforma. Y no es en absoluto contradictoria con la designación de intendente, sino, de alguna manera, complementaria.

Hay otras cuestiones en el proyecto, pero como estamos en su discusión general las voy a plantear mañana, cuando lo analicemos en particular.

Muchas gracias.