El señor NOVOA (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Gazmuri.
El señor GAZMURI.- Señor Presidente, estimados colegas, querida Martita, familiares de Edgardo, don Patricio: En nombre de los Senadores socialistas, me sumo al homenaje que se tributa hoy al ex Rector de la Universidad de Chile, ex Ministro del Gobierno que realizó la transición democrática en el país y ex Senador institucional que trabajó incansablemente entre nosotros durante ocho años, Edgardo Boeninger. Rindo homenaje a un gran servidor público, a uno de los políticos más notables de la historia reciente del país, quien tuvo una influencia determinante en el rumbo que ha seguido Chile durante los últimos veinte años. Nuestra sociedad, tal como es hoy día desde los puntos de vista político, económico y social, le debe mucho a la influencia de Edgardo Boeninger. Y pocos pueden discutir que ella es ahora más libre, más próspera y más justa que la de veinte años atrás. A pocos políticos se les puede rendir un homenaje como este por haber contribuido sustantivamente a moldear las características de la sociedad de su tiempo. No dudo, por ello, de que Edgardo formará parte de la galería de los grandes estadistas de nuestro país. También rindo homenaje esta tarde a un ser humano excepcional, a quien conocimos en el transcurso de veinte años de estrecho trabajo político -él, desde el Gobierno; nosotros, desde el Parlamento, durante ocho años de intenso trabajo, más el suyo que el nuestro, porque la verdad es que Edgardo estaba en cada una de las Comisiones y participó prácticamente en todos los grandes debates que hubo aquí mientras nos acompañó- y con quien también, por distintas razones, pudimos compartir, a raíz de la existencia de amigos íntimos comunes, momentos de camaradería y de conversación, junto a Martita. Excepcional -se expresó aquí- fue la vida familiar y personal de Edgardo. Entiendo que, por primera vez durante su larga vida, en el notable libro que sobre él escribió Margarita Serrano abrió sus recuerdos de niñez y juventud. Hijo del abandono y el descuido, tuvo que forjar su propia vida y su familia. Y lo hizo con tesón y trabajo, pero también -y ello es notable- con generosidad, con humanidad y alegría. Excepcional fueron su inteligencia y la amplitud de sus intereses intelectuales y vitales. Se ha dicho en esta Sala: economista, ingeniero; estudió ciencias políticas; fue amante de la literatura, del cine, de la historia, así como de la hípica, y aficionado al baile. Excepcional es su hermosa historia de amor y de comprensión con Martita, de la cual también hay emocionantes relatos en el libro que he comentado. Se han dicho muchas cosas de Edgardo desde el momento de su muerte; son pocas las que se pueden añadir. Lo que más se ha expresado es que fue un político de altura, pragmático, moderado; un gran constructor de acuerdos y consensos. No voy a discutir -porque creo que eran dos características notables de él- la moderación de Edgardo y su capacidad para construir acuerdos. Quisiera solo matizar lo relativo a su pragmatismo. Muchas veces en política se tilda de pragmático a quien no tiene convicciones sólidas, al que entiende la política únicamente como el arte de lo que es posible en el estrecho mirar del día a día. Y Edgardo fue lo contrario de aquello, pues era un hombre de profundas convicciones morales y políticas. Edgardo Boeninger fue un demócrata probado en los tiempos más duros. Fue un acérrimo opositor al Gobierno de Salvador Allende, al que nosotros, desde estas bancadas, apoyamos con igual fuerza e intensidad. Pero en septiembre del año 1973 renunció a la Universidad de Chile cuando comprendió lo que venía y ante el horror del asesinato de colegas, de profesores universitarios, como Enrique París, quien, estando en sus antípodas, tenía todo el respeto de un rector que quería hacer de la universidad un centro de reflexión libre y de pensamiento crítico. Fue, asimismo, un hombre de sólidas convicciones para influir en los acontecimientos del país. Lo dice el mismo Edgardo, refiriéndose a la influencia que en él tuvo el pensador y teórico inglés John Rawls: "La democracia es un ejercicio de la libertad (...) La libertad política es por naturaleza igualitaria (...) Todos los seres humanos tienen derecho a la misma libertad. De allí derivé" -expresaba Boeninger- al concepto de "igual libertad", que incluía "la libertad de conciencia en el sentido de que cada uno cree lo que le parece. Por eso me resultó natural creer en la libertad económica.". "Sin embargo," -agregaba- "concluí que la igual libertad no se producía en la libertad económica (...), ya que la libertad política es igualitaria constitucionalmente; la económica tiende, por muchas razones, a generar diferencias mayores. "Si la libertad económica tiene un elemento de desigualdad intrínseco, no puede resolver el tema de la igual libertad". Por ello llegó a la convicción de que era necesario "una mano correctora para que la libertad económica no tuviera como efecto la mayor desigualdad. Había, por consiguiente, que cambiar el rol del Estado" como instrumento regulador de los excesos del mercado. "La libertad económica produce excesos que causan daño. Supongo" -añadía Boeninger- "que por lo anterior llegué a ser" -así se autodefinía- "`un liberal socialdemócrata¿". Esa fue su última definición. Era un hombre de principios sólidos, con un norte. Y ese es un elemento central que hoy día quisiéramos rescatar en este homenaje que se le rinde. Ya se han señalado aquí los aportes de Edgardo a Ese constituyó un debate que desgarró durante muchos años a la Oposición democrática al Gobierno de Pinochet. Y, finalmente, aquella estrategia, que fue el primero en anunciar, se nos impuso a todos; la asumimos todos, también quienes estamos en estas bancadas. Ello permitió que Chile transitara a la democracia por la vía política y en paz. Edgardo fue además, sin duda, un gran constructor del tipo de desarrollo económico-social habido en estos años, en que se mantuvo la apertura de los mercados y se introdujo un rol más activo del Estado. Quisiera recordar -y es un tema que estará en la polémica de este tiempo- que, con don Patricio Aylwin, Edgardo Boeninger y Alejandro Foxley -también participaba en el Gabinete el Ministro Carlos Ominami- impulsaron, como una de las primeras medidas del Gobierno, una reforma tributaria que permitiera enfrentar la deuda social que nos dejaba la dictadura. Edgardo fue pionero en advertir la importancia que para Chile y América Latina revestían las economías emergentes del Asia. Y no conoció cansancio para abrirnos una perspectiva que, en las relaciones internacionales de nuestro país, ha tenido un profundo desarrollo durante los últimos años. En fin, se podría hacer un largo recuento de los aportes de Edgardo Boeninger. No siempre, por cierto, estuvimos de acuerdo. Formaba parte del arcoíris que es Nos deja Edgardo una herencia póstuma: Chile rumbo al futuro, que se hallará, sin duda, presente en nuestros debates. No podremos ya comentar con él nuestros profundos acuerdos con su obra, como tampoco nuestras diferencias; por ejemplo, sus opiniones sobre la cuestión constitucional. Pero, en fin, lo haremos entre nosotros y con el pueblo de Chile. En nombre de los Senadores del Partido Socialista, querido Edgardo, Senador Boeninger, recibe el respeto, la gratitud y el cariño de los socialistas chilenos. --(Aplausos en la Sala y en tribunas). |