El señor GAZMURI.- Señor Presidente, estimadas señoras Senadoras y señores Senadores:
En lo personal, concluyo un largo período parlamentario de veinte años, que coincide con el tiempo en el que en Chile fuimos capaces de restaurar la democracia y de señalar un rumbo de progreso para el país en todos los aspectos de la vida nacional.
De la manera más sencilla y breve posible, quisiera expresar, en primer lugar, mi gratitud a los ciudadanos y ciudadanas de la Región del Maule, que en tres elecciones sucesivas me entregaron el encargo de representarlos en esta Alta Cámara, como, asimismo, al 25 por ciento de electores que en los últimos comicios también me dieron su confianza, pero cuyos votos no fueron suficientes para permitirme continuar representándolos en el Senado de la República.
Manifiesto mi pleno respeto a las normas de la democracia y la soberanía popular, por las cuales luchamos durante tantos años.
Igualmente, deseo expresar mi reconocimiento al Partido Socialista, que en estos últimos veinte años me dio la confianza para representar a los socialistas chilenos en el Congreso Nacional. Llegamos acá con otros correligionarios -en ese tiempo,
En mi actuar político siempre me ha inspirado el ejemplo, a mi juicio señero, del Presidente Allende, quien en momentos muy importantes del siglo pasado intentó, sin éxito, combinar democracia e igualdad, democracia y socialismo, dos principios que estuvieron completamente desencontrados en el siglo XX, pero que, a mi entender, pueden seguir inspirando la política de la actual centuria, por cuanto en Chile y en el resto del mundo la afirmación simultánea de la vigencia de las libertades y de la democracia, como único sistema capaz de producir progreso para los pueblos, y, al mismo tiempo, el principio de la igualdad esencial de todos los seres humanos y, por tanto, la lucha permanente por construir sociedades igualitarias, son principios completamente vigentes, que vienen de lejos y se proyectan, en mi opinión, para un largo período más.
Por eso, me siento orgulloso de mi pertenencia a esta corriente del pensamiento universal y nacional que es el socialismo democrático, que le ha dado mucho a nuestro país -igual que otros, hemos cometido innumerables errores- y que, a mi parecer, también debería tener larga vigencia en la política del futuro.
Asimismo, quisiera expresar mi reconocimiento a los funcionarios del Senado, particularmente a los Secretarios de las múltiples Comisiones en las que trabajé en estos años, quienes constituyen un factor fundamental de nuestra tarea legislativa, así como al personal de los distintos Servicios de la Corporación, que durante estas dos últimas décadas han llevado a cabo una tarea profesional de gran calidad y lealtad republicana, de lo cual he sido testigo.
Tengo la certeza de que la vieja tradición que inició el primer Secretario del Senado de la República, don Andrés Bello, seguirá proyectándose en el año del Bicentenario.
Quisiera expresar, además, el orgullo que he sentido durante este tiempo por pertenecer a la, en mi opinión, coalición más exitosa que ha existido en la historia del país. Creo que la Concertación logró darle a Chile, en veinte años, un extraordinario progreso en todos los ámbitos de la vida nacional: en lo político, en lo económico, en lo social, en lo cultural, en lo internacional. Y, en ese sentido, siento orgullo de haber servido desde acá a los cuatro Gobiernos de la Concertación, encabezados por los Presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y, de manera muy especial, por haber sido la primera mujer en alcanzar
Finalmente, quisiera señalar que he procurado servir con lealtad y espíritu crítico a las que avizoro como las grandes tareas que Chile tiene pendientes. Intenté combinar una actitud política que no es fácil: lealtad con la obra que se construye, y visión crítica de la sociedad en la que vivimos. Por tanto, desde el Senado y otros escenarios traté de contribuir a los grandes desafíos que Chile todavía tiene pendientes a estas alturas de su desarrollo.
No deseo extenderme demasiado, señor Presidente.
Solamente pretendo poner, como reflexiones titulares, la insuficiencia aún persistente de nuestras instituciones democráticas -he insistido en la necesidad de dotarnos de una nueva Constitución- y el combate permanente contra las desigualdades que han caracterizado a la sociedad chilena desde hace muchos años, las cuales se han hecho más evidentes con la devastación provocada por el último terremoto.
Esta catástrofe nos ha provisto de una fotografía de nuestras desigualdades sociales, territoriales, económicas, y nos ha hecho presente la necesidad de suplir nuestros gravísimos déficits en materia de calidad de la educación, de innovación, de ciencia y tecnología, y de generar una economía basada en la era del conocimiento del siglo XXI, cuestiones que además compartimos con varios Senadores de distintas bancadas en el trabajo que logramos desarrollar durante estos años.
Abandono el Senado con el tremendo dolor que aflige a nuestro pueblo, particularmente a la Región del Maule, producto del reciente terremoto. El dolor humano, la precariedad, el temor frente al futuro que hemos visto en los últimos días son muy impresionantes. La semana pasada lo pude comprobar de manera muy directa en muchas comunas de mi Región.
Lo anterior nos obliga, como ciudadanos y como institución, a hacer un gran esfuerzo nacional en torno a las tareas de la emergencia, que aún no concluye, y de la reconstrucción del país. Y asimismo debería signar las labores del próximo Gobierno -encabezado por el Presidente electo, Sebastián Piñera, con quien compartimos en esta Corporación durante ocho años y a quien le deseo éxito- y también las nuestras, como futura Oposición.
Yo contribuiré, desde el lugar en que la ciudadanía me colocó, a realizar una oposición crítica, constructiva, con espíritu de unidad nacional, poniendo como prioridad, principalmente, los intereses de tantos chilenos que hoy día han visto, si no frustrados, por lo menos muy amenazados sus elementos vitales.
Quisiera desear éxito al próximo Gobierno, y saludar a los colegas de la actual Oposición.
Siempre he intentado mantener en la Sala y en las Comisiones una actitud de amistad cívica, de respeto humano, de apertura al diálogo y, al mismo tiempo, de defensa de mis principios y mis opiniones. Si a alguien he ofendido alguna vez en la aspereza del debate, le doy mis excusas, pero creo que la democracia debe servir tanto para consensuar como para discutir, debatir y exponer, con claridad y firmeza, las posiciones de cada cual.
Me voy con la gran satisfacción de haber hecho un esfuerzo sustantivo al servicio del país y de mi Región.
A los nuevos Senadores -solo veo aquí ahora al señor Francisco Chahuán- les deseo éxito, buen trabajo y les pido que piensen en Chile y en sus Regiones; a mis amigos y colegas que quedan acá, mucha fortuna, y al país, pleno éxito.
Muchas gracias.
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