Será en marzo, después del receso de verano, cuando el Senado defina si aprueba o rechaza, denominar al Estadio Nacional con el nombre del destacado comentarista deportivo Julio Martínez Prádanos, recientemente fallecido.
Esto, porque después de dos jornadas de discusión del proyecto, que cumple su segundo trámite, aumentó el interés de los parlamentarios por participar en el debate lo que originó que los senadores Juan Pablo Letelier, Soledad Alvear, Hosaín Sabag, Jaime Gazmuri, Nelson Ávila, Andrés Allamand y Jorge Arancibia, no alcanzaran a intervenir en Sala.
Incluso, el senador Juan Antonio Coloma, a nombre del comité de la UDI, solicitó que se clausurara el debate a objeto de votar la iniciativa hoy, petición que se sometió a votación y que tras un empate, fue desechada con 13 votos a favor y 14 en contra.
Durante la jornada de hoy intervinieron los senadores Juan Antonio Coloma, Jaime Naranjo, Alejandro Navarro, Hernán Larraín, Camilo Escalona y Ricardo Núñez, quienes dejaron en evidencia que existen diferencias en torno a la aprobación del proyecto.
Cabe recordar que el proyecto se originó en un mensaje del Ejecutivo y una moción de un grupo de diputados que pretende cambiar por ley el nombre del Estadio Nacional como una forma de reconocer la calidad humana, social y profesional de Julio Martínez, fallecido el 2 de enero recién pasado.
OPINIONES DIVERGENTES
El primero en usar la palabra fue el senador Coloma quien argumentó a favor del proyecto y tras descartar que se trate de una iniciativa “oportunista”, como la han calificado, señaló que denominar al Estadio Nacional con el nombre del comentarista no sólo permitirá rendir un homenaje y perpetuar su memoria, sino que se constituirá en un símbolo permanente de la unidad de los chilenos. Agregó que “no creo que el hecho de ejercer físicamente un deporte sea lo único relevante al momento de identificar el nombre del estadio donde se hace un deporte”.
Una opinión distinta manifestó el senador Naranjo, quien señaló sus dudas respecto de si era apropiado y oportuno este proyecto, más aún, tomando en cuenta que el propio “JM” decía que eran los deportistas los que deben prevalecer. Junto con destacar las grandes cualidades del fallecido comunicador señaló que era fundamental hacerle los reconocimientos necesarios, pero no a través de esta fórmula porque es probable que el mismo homenajeado no estuviera de acuerdo con que el Estadio Nacional lleve su nombre y no el de un destacado deportista.
En tanto el senador Navarro señaló que las diferencias que existen en torno a cambiarle el nombre al complejo deportivo no van a afectar la figura y la trayectoria de Julio Martínez, pero advirtió que el problema de fondo es el hecho de que se tengan que cambiar los nombres por ley, pues es partidario de que ello se haga a través de una consulta ciudadana. Anticipó su voto en contra argumentando que la fórmula propuesta para perpetuar un reconocimiento al comunicador, no es la adecuada.
Por su parte, el senador Larraín dijo estar a favor del proyecto pues denominar al complejo deportivo con el nombre del profesional habla bien de un país que es capaz de reconocer las virtudes humanas y las características profesionales, y al mismo tiempo constituye un homenaje al deporte. Asimismo, dijo que no hay que tener una mirada unidemensional de la historia, pues el Estadio Nacional está cruzado por eventos importantes en la vida del país y no sólo por el período doloroso en que fue utilizado como lugar de detención.
Por su parte el senador Escalona anticipó su voto a favor del proyecto y dijo que la naturaleza de los argumentos que se han dado en contra lo hacen votar a favor, pues el comentarista es un gran hombre un gran profesional que desempeñó su rol con honradez, rectitud y creyendo lo que hacía. Agregó que lo que define a un gran hombre es su trayectoria, su experiencia y su vida y Julio Martínez tuvo una vida admirable.
Finalmente el senador Núñez dijo que le parece lamentable que este tipo de decisiones las tome el Parlamento y no los consejeros regionales o los municipios donde están emplazados los bienes públicos, pues al Parlamento le corresponde legislar y no ponerle nombre a estos recintos.