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Valparaíso | 25/01/2008 | Departamento de Prensa |

Dos héroes anónimos

Por Jorge Arancibia, senador por la Región de Valparaíso

Senador Jorge Arancibia, Región de Valparaíso

El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso constituye una de las instituciones señeras de nuestro país, cuyo origen está en nuestra Región y en su compleja geografía.
                  

Es por ello que quisiera hacer uso de la palabra hoy para resaltar la actitud de las dos víctimas fatales que dejó el incendio del cerro La Cruz el pasado lunes 14 de enero.
                  

A una semana de esta tragedia que afectó a más de 100 familias y a casi 500 personas, falleció el bombero Gabriel Antonio Lara Espinosa, tras seis días de agonía en el Instituto de Seguridad del Trabajo, después de sufrir quemaduras en el setenta por ciento de su cuerpo cuando cumplía con su labor.
                  

Gabriel pertenecía a la Cuarta Compañía de Bomberos de Valparaíso, "Almirante Manuel Banco Encalada", desde donde se dedicaba la mayoría de su tiempo a servir con valentía a la comunidad.
                  

Este voluntario de tan solo 25 años se convirtió en un verdadero héroe para los porteños y fue despedido como tal en una ceremonia que convocó a más de 3 mil 500 personas en la Plaza Sotomayor.
                  

En la misa, que fue efectuada por el Obispo Gonzalo Duarte, todos recordaron a Gabriel, destacando su entrega y su disposición, que desde pequeño había manifestado, de dar la vida para salvar a otros.
                  

Y efectivamente así fue como este joven ingresó a la Brigada Juvenil de la Quinta Compañía de "Pompe France", y luego se integró a la Cuarta Compañía, que le otorgó el 9 de enero pasado, durante la celebración del 143 aniversario de su fundación, un premio de "Mejor asistencia", ratificando el fuerte compromiso que este voluntario tenía con sus deberes como bombero.
                  

Gabriel nos vino a recordar una vez más el sacrificio y los riesgos que representa ser un voluntario del Cuerpo de Bomberos, actividad que es vocación pura, pues no reciben remuneración alguna, sino que simplemente es algo que se hace por amor, por el amor al prójimo.
                  

En ese sentido, rescato las palabras de Monseñor Duarte, quien manifestó durante la prédica lo lamentable que resultaba ver a nuestros bomberos en la calle pidiendo plata, no para satisfacer demandas personales, sino que para seguir ayudando de mejor manera a quienes se ven afectados por un incendio.
                  

Por eso, la muerte de un voluntario siempre debe constituirse en un llamado a la reflexión de todos quienes podríamos necesitar alguna vez de su ayuda.
                  

Pero este siniestro también cobró la vida de otra persona que se transformó en heroína de esta tragedia. Se trata de Patricia Valenzuela Salazar, de 34 años, quien conmovió a todo el mundo tras conocerse las causas por las que quedó con el 98 por ciento de su cuerpo quemado.
                  

Esta joven madre de tres hijos, una vez iniciado el incendio, bajó rápidamente las escaleras de su casa para ir a buscar a una sobrina -Javiera, de 6 años- que sufre de una displacia distrófica y no puede caminar ni respirar por sí misma. Patricia no sabía que la pequeña ya había sido rescatada y sin ni siquiera detenerse a pensarlo, entró a su casa para llevársela, pero lamentablemente quedó atrapada entre las llamas.
                  

Ambos casos son ejemplos de coraje y valentía, ejemplos de entrega y de compromiso, ejemplos de amor verdadero.
                  

Gabriel y Patricia nos han enseñado que el servir al otro, sin esperar recibir nada a cambio, es un acto de amor verdadero, que ennoblece y enaltece sus corazones y que se busca porque se siente.
                  

Personas como estas nos hacen reafirmar que existe una fuerza espiritual que impulsa este tipo de acciones nobles. A ellos va mi reconocimiento en este día.