Desde hace ya bastante tiempo, que algunos hemos estado insistiendo en que la economía nacional estaba atravesando por una situación compleja, por una situación difícil. Este no es un diagnóstico de las últimas semanas; es un diagnóstico que venimos realizando desde hace ya varios años.
Por segundo año consecutivo, es probable -me refiero al año 2008- que el IPC supere la tasa de crecimiento del Producto. Probablemente tengamos una tasa de inflación por sobre el 4 por ciento y una tasa de crecimiento del producto en torno al 4 por ciento, y quizás incluso por debajo.
Chile está claramente creciendo a un ritmo inferior al de su Producto potencial, quedándose atrás respecto a otros países de la región. El año pasado estuvimos 14 en el ranking de América Latina, no obstante las condiciones internacionales sean particularmente favorables para el país o globalmente favorables para el país.
Un solo dato al respecto: si uno toma -para no hacer una comparación solamente anual- una comparación de más largo período y toma el período 1998-2007, prácticamente una década, se va a encontrar con que la tasa de crecimiento Producto de Chile alcanzó un 3,8 por ciento. Esto es solo ligeramente superior a la tasa de crecimiento del Producto conjunto de América Latina que, para el mismo período, alcanzó a un 3,4 por ciento.
Yo creo que es muy cierto lo que ha dicho el Ministro de Hacienda, en cuanto a que Chile está blindado durante los próximos años para enfrentar una crisis clásica de balanza de pagos. Un país que tiene excedentes que yo creo que van a terminar en torno a 30 mil millones de dólares a finales de este año, tiene efectivamente un colchón muy sólido para enfrentar ese tipo de crisis.
El problema, es otro. El problema es que se ha producido un muy grave deterioro cambiario. El tipo de cambio peso-dólar ha estado en las últimas semanas en los niveles más bajos desde finales de los años 90. Y solamente tomando como indicación lo que ha ocurrido durante este año, el peso se ha apreciado casi en un 12 por ciento. Y, de acuerdo a las estadísticas internacionales, es la moneda chilena la que aparece apreciándose más respecto del dólar que todas las otras monedas del resto del mundo. Esa es la situación que tenemos en el país.
A mí me parece bastante evidente que el deterioro cambiario, lo que anticipa es un tipo de crisis, porque es un tipo de crisis distinta de las crisis que enfrentamos en el pasado. Está siendo una crisis más sibilina, menos visible, más contrastada, porque hay algunos que en virtud del deterioro cambiario pueden viajar al extranjero, pueden beneficiarse de importaciones baratas, pueden comprarse, pueden renovar sus automóviles, hay una proliferación de autos de lujo en Chile y en la ciudad como nunca antes se había visto. Hay una parte que se beneficia de esta situación del dólar barato. Eso es bien conocido.
Pero en lo fundamental, estamos creando las condiciones de una crisis que va a ser extremadamente dañina.
Por cosas que son bastante evidentes, y los gremios las saben y las han planteado con mucha fuerza. Esto es muy delicado. Es muy difícil acceder al mercado internacional, no es fácil poder introducirse en las cadenas comerciales internacionales, no es fácil para un pequeño, para un mediano productor, colocar sus productos en el exterior, ¡y por Dios, qué es fácil salir!
Son productores que no están funcionando con márgenes de rentabilidades como pueden tener aquellos que producen commodities como el cobre, como el oro, como la celulosa, que tienen unos precios internacionales que les permiten resistir.
A lo mejor el dólar pudiera irse a niveles aún más bajos y vamos a seguir exportando ese tipo de productos. Pero Chile, no puede vivir solamente del cobre y de la celulosa. Chile tiene que vivir de una estructura mucho más diversificada, y esa es la que está en cuestión.
Esa crisis productiva, qué es lo que está anticipando. Está anticipando también una involución muy negativa desde el punto de vista del empleo. Habíamos tenido una buena curva de disminuciones del desempleo durante los últimos años. Pero esa curva hoy día se está comenzando a involucionar y es absolutamente previsible anticipar un aumento del desempleo producto de la situación que estamos describiendo. Y esto va a expresarse en diversas Regiones que concentran estas actividades productivas y que van a sufrir el impacto de esta crisis.
Pero, hay más, hay una dimensión que ha sido poco discutida en nuestro país y que me parece a mí que es extremadamente grave.
Entrego dos datos: el endeudamiento externo privado de este país alcanza a una cifra superior a los 50 mil millones de dólares. No obstante que la deuda externa pública prácticamente está extinguida y lo que se mantiene es simplemente por razones técnicas.
Pero más grave aún. El año 2007 el endeudamiento externo privado aumentó en más de 7 mil millones de dólares. Esto representa un 200 por ciento de aumento respecto del endeudamiento externo del año 2006. ¿Por qué ocurre esto? Por una razón muy sencilla. Porque hay una diferencial de tasas de interés de más del cien por ciento entre la tasa de interés interna y la tasa de interés externa. Tenemos una tasa de interés externa en torno al 3 por ciento y una tasa de interés interna por sobre el 6 por ciento.
¿Qué es lo que conviene? Endeudarse en el exterior.
Qué es lo que significa, qué es lo que significa esto. Una situación interna bastante delicada. Esto tiene mucho que ver con “enfermedad holandesa”, tiene que ver con muchas cosas sobre las cuales sería largo intervenir aquí, pero lo que yo quisiera sí plantear es lo siguiente.
Está todo el mundo de acuerdo en que la economía internacional presenta graves nubarrones. Yo participé hace algunas semanas en un seminario en el OCDE, en donde hice presente que el consenso de los expertos es que las cosas venían mal en el ámbito internacional, que el sistema financiero norteamericano está pasando por una situación extremadamente compleja, que los inteligentes que inventaron esto que se llama, sofisticadamente o elegantemente, “los productos estructurados” y que metieron las hipotecas sub prime dentro de los productos estructurados han generado una burbuja financiera que se acaba de romper con consecuencias extremadamente graves para el sistema financiero norteamericano y, en general, para el sistema financiero internacional.
Indiqué que los principales bancos del país en un par de meses perdieron no menos de un tercio de su capital. ¿Y esto qué es lo que va a significar? Va a significar un gran apretón financiero internacional y esto va a repercutir -y los empresarios que están arriba escuchándome lo saben- que aquellas empresas que están fuertemente endeudadas en el exterior van a sufrir fuertemente también de este apretón financiero que se les viene. Porque esos 7 mil millones de dólares de endeudamiento adicional del 2007 van a tener que pagarse y cuando venga el apretón financiero eso va a crujir, y vamos a tener -como yo digo- una crisis que es bien sibilina, porque por una parte, el país desde el punto de vista macro tiene 30 mil millones de dólares en excedentes, pero tiene a sus empresas endeudadas hasta el cuello.
Creo que se están creando condiciones para el estallido de crisis productivas en diferentes sectores. Está todo el tema de la fruticultura que ha sido un tremendo esfuerzo. Todo el tema de las 70, 80, 100 nuevas viñas que no funcionan con altísimos márgenes de rentabilidad y para las cuales pasar de un dólar de 600 a un dólar a 440 puede ser simplemente mortal.
Eso es lo que se está produciendo en nuestro país. Yo creo que desde ese punto de vista es fundamental que abramos una discusión que nos permita tener un diagnóstico afinado.
Yo creo que el Banco Central está confundiendo dos cosas que se parecen, pero que son distintas. Una cosa es el IPC hoy día, y otra cosa es la inflación. El Banco Central, por ley, tiene que respondernos respecto a la inflación. No quiero cometer la pesadez de recordar la discusión que tuvimos hace algún tiempo atrás sobre los objetivos del Banco Central. Desde estas bancadas planteamos la necesidad de que el Banco Central, manteniendo sus objetivos, pudiera hacer lo que hoy día están todos pidiendo que se haga. Que junto con resguardar la inflación, junto con resguardar el sistema de pagos externos, el Banco Central tuviera una mirada más amplia, como lo hace simplemente la Reserva Federal, sobre la productividad, sobre el crecimiento, sobre el empleo. Discutimos eso, desgraciadamente los que sostuvimos esa posición, en esa oportunidad, la perdimos, no tuvimos los apoyos requeridos como para haber sacado eso adelante.
Lo que se llama inflación hoy día es un cambio en la estructura de precios relativos. Cuando 100 millones, 200 millones de chinos comienzan a consumir leche, consumen trigo, hay un cambio en la estructura de precios relativos en el mundo. Y eso fue la inflación, o una parte muy importante de la inflación de finales del año pasado.
Por tanto, entonces, si el Banco Central, si la autoridad económica quiere evitar que siga subiendo el precio del pan, no tiene ningún sentido que trate de hacerlo aumentando y aumentando la tasa de interés. Con eso no va a disminuir el precio del pan y va a terminar poniendo en cuestión lo que han sido 20 años, 25 años, 30 años de esfuerzo para diversificar nuestra estructura productiva.
Yo creo que ese es el punto de fondo. Este es un punto muy importante. Tenemos que ponernos de acuerdo en el diagnóstico.
Creo que el Banco Central tiene que romper una cierta asimetría. La asimetría entre mirarle mucho la cara al mundo financiero y mirarle poco la cara al mundo productivo. Con lo que se ha hecho durante este tiempo, se le ha dado una certeza prácticamente absoluta a los especuladores para que vengan a especular a Chile. No hay ningún especulador que en el último tiempo utilizando la diferencial de tasas de interés haya perdido un peso. Todos han ganado.
Cuando el dólar tuvo una evolución exactamente contraria. Estuvo por sobre los 700 pesos, y amenazó también a las empresas que estaban endeudadas en dólares, una situación muy difícil, el Banco Central no tuvo ninguna duda, no le tembló la mano y salió e intervino.
Lo que uno está pidiendo es simetría. No vamos a resolver todos los problemas cambiarios. Sabemos que estos tienen otros orígenes. Está el tema del precio del cobre, del precio de la celulosa, etcétera, pero entre lo que tenemos hoy día, una actitud pasiva, una actitud de afirmarse en la ortodoxia del cambio libre libre, y el buscar desplazarse, como se hizo equivocadamente a principios de los 80, la teoría del cambio fijo, hay un amplio espectro de posibilidades, yo lo que creo es que hay que buscar una forma que permita que los especuladores tengan más incertidumbre, que algunos especuladores se puedan quedar entrampados y tomarse los dedos y que los productores tengan más certeza.