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Valparaíso | 24/04/2008 | Departamento de Prensa |

Estamos en presencia de reconocidos problemas de gestión y eficiencia

Por José García, senador por la Región de La Araucanía

Senador José García, Región de La Araucanía

Uno de los primeros discursos formulados por la Presidenta Bachelet al ser electa como Primera autoridad del país, fue mejorar el Hospital Regional de la Araucanía.

 

En su discurso del 21 de mayo del año 2006, la Presidenta se comprometió a mejorar el actual recinto hospitalario, con una inversión de 21 mil millones que pesos, que permitiría al recinto, pasar de 12 mil metros cuadrados construidos en 1999 a 60 mil en el año 2009, considerándose cambios radicales en su estructura como en la edificación de una torre de siete pisos de alta complejidad para especialidades y subespecialidades.

 

Lo anterior en parte se ha cumplido, y se está trabajando en ello, sin embargo, lo más preocupante de la situación que enfrenta el actual Hospital Regional, es la demora en sus atenciones y las largas colas de quienes deben esperar para ser atendidos.

 

Esto lo confirma el actual Presidente del Colegio Médico Juan Luis Castro, quien señaló que a marzo del presente año, se registraban 8 mil 271 pacientes en lista de espera en patologías AUGE y no AUGE.

 

El dirigente indico que en cirugía general tiene 841 pacientes; la cardiaca, 520, otorrino, 1874, traumatología 979, cirugía infantil 978 y oftalmología 671, más todas las demás especialidades.

 

Lo grave de la situación, es que actualmente el Hospital cuenta con 12 pabellones, de los cuales 3 de ellos son utilizados como bodegas. Los otros nueve, a diferencia de otros servicios de salud, atienden durante la mañana y la tarde. Antecedentes que fueron revelados ampliamente por la prensa regional y nacional.

 

Lo que ocurre en los recintos hospitalarios a nivel nacional, es preocupante, toda vez, que se está jugando con la vida de las personas, de niños, de mujeres y adultos mayores que requieren urgente atención.

 

A pesar de los loables objetivos iniciales de la reforma a la salud que dio origen al Plan AUGE, ésta presenta una serie de problemas tanto en su diseño como en su implementación.

 

Uno de los principales problemas del Plan AUGE consiste en el completo desconocimiento por parte de los usuarios de sus características (patologías incluidas, procedimientos a seguir, reclamos, cobertura, etc.). Varias encuestas, incluso realizadas y dadas a conocer por la misma Superintendencia de Salud en su sitio web, señalan que en su mayoría los usuarios no conocen las garantías y menos saben dónde reclamar en caso de incumplimiento de éstas. Esto va en contra de toda la lógica original del sistema, bajo el cual la garantía de acceso asegura a lo menos que si un paciente no es atendido en un plazo establecido tiene derecho a “reclamar”, lo que se torna imposible si los usuarios no saben qué hacer en caso de incumplimiento.

 

Existe desinformación para el caso de las patologías que quedaron fuera del sistema de garantías explícitas. Las únicas estadísticas que se conocen respecto de las atenciones médicas son los egresos hospitalarios. Estas bases de datos van retrasadas en dos e incluso tres años, por lo que no antes del 2009-2010 se conocerá el real efecto en los egresos hospitalarios de las patologías “no AUGE” en el año 2007.

 

La percepción general es que en muchos servicios se han dejado de atender y operar patologías “no AUGE” para dar cupo a aquellas garantizadas por el sistema AUGE, debido a que estando en un contexto en el cual no hay control sobre lo que quedó fuera de las garantías, son estas patologías (las “no AUGE”) las que se convierten en las variables de ajuste de todas las ineficiencias.

 

Gran parte de los problemas aquí señalados tendrían solución si es que, sumado a lo anterior, no estuviésemos además en presencia de un sector con reconocidos problemas de gestión y eficiencia en términos de los servicios entregados, en el que los programas públicos de inversión en infraestructura y equipamiento en salud avanzan lenta e ineficientemente.

 

A partir de lo anterior, surgen varias propuestas que permitirían darle un vuelco a la situación actual del sistema de garantías explícitas en salud, las que parten claramente por generar un sistema de información (dependiente de una institución autónoma del Ministerio), de tal forma de permitir algún tipo de feedback del funcionamiento del actual sistema, tanto en términos del cumplimiento de las garantías prometidas, como del monitoreo permanente de su evolución. En esta línea debiesen generarse indicadores, que permitan, además de mantener informados a los usuarios, tanto evaluar el funcionamiento de las prestaciones garantizadas, como monitorear la aplicación de los protocolos y realizar propuestas de eventuales correcciones al sistema.

 

Por último, y también en relación con las propuestas de mejora al sistema, cabe destacar que el plan AUGE abre una oportunidad, al igual que en educación, de diseñar y entregar subsidios a la demanda a los beneficiarios. Así se genera un espacio para crear un bono portable que cumpliría la triple misión de aumentar la capacidad de decisión del usuario y las posibilidades de acceder a sistemas competitivos; reducir los costos asociados a la reforma (por cuanto se integraría la oferta privada al sistema); mejorar la gestión del sistema público y la calidad de las prestaciones entregadas, puesto que se fomentaría la competencia entre los aseguradores y prestadores por captar usuarios y financiamiento y; aumentar la oferta de prestaciones para los usuarios del sistema público, generando un alivio para lo que este documento califica como la crisis en las patologías “no AUGE”.

 

En resumen, en  una reforma de tal envergadura como lo es la reforma a la salud, la cual no puede sólo ser evaluada en su diseño e intenciones iniciales, sino más bien es su implementación, la que realmente permite juzgar su real éxito o fracaso.