En consideración a la sesión especial acordada por el Senado para abordar la coyuntura por la cual pasa la economía nacional, es bueno señalar que nuestra Cámara Alta puede y debe actuar más allá de un mero órgano legislador o colegislador. Debemos ir más allá y hacer política con mayúscula fundada en el bien común.
Sentimos que del punto de vista de la dinámica económica, de lo que Chile requiere de ella hay un vacío y corresponde llenarlo para que se adopten las medidas que permitan corregir lo que nos ha sucedido.
Las señales de que las cosas no andan bien son evidentes y en todo orden de cosas; es una sensación generalizada en la inmensa mayoría de la gente. Ella siente que trabaja pero que no progresa, sobre todo en nuestra clase media.
El crecimiento que tenemos, para decirlo de manera diplomática, no es el deseado, siendo que hay condiciones para que el país pudiese crecer. Hay una holgura en nuestro comercio exterior, producto una vez más de nuestras materias primas, pero seguimos sin pasar a una segunda fase productiva exportadora.
O sea, hay algo que no funciona. Y hay otros síntomas todavía mucho más preocupantes: frustraciones sociales, expresiones de violencia.
Cuando he dicho que hay que corregir la forma como se ha venido aplicando el modelo, no sólo me refiero a la cosa económica, que es importante, sino a cosas muy de fondo: Qué país, que sociedad queremos darnos y darles a las próximas generaciones.
Este acuerdo del Senado viene a llenar un espacio en la coyuntura económica, pero también hay que ver en la dimensión política, cultural y social del país.
En tal sentido debemos valorar la crítica al sistema educacional, cuya crisis expone con mucha claridad la Senadora Matthei y que yo comparto. El problema no está sólo en la enseñanza básica, en la enseñanza media, en la enseñanza superior, no, está en todas partes; y el problema no son sólo los recursos.
Pero más allá de las legítimas diferencias políticas, incluso entre Gobierno y oposición, es hora de que seamos capaces de constituir un gran consenso nacional socio-económico que nos permita superar la profunda brecha que ha generado la concentración de la riqueza y la mala e injusta distribución del ingreso.
Pero no por ello vamos a cuestionar el derecho de propiedad y la necesidad de tener orden y certeza jurídica en los contratos y relaciones laborales. Como tampoco permitir los abusos patronales y la mantención de sueldos y salarios miserables, indignos para una vida familiar como la comprendemos nosotros. Eso nos puede llevar a un camino ya recorrido: el de los grandes desencuentros.
¡Cómo puede ser que un fallo de la Corte Suprema de Justicia hoy día sea cuestionado, y no por actores irrelevantes! ¡Adónde vamos a ir a parar! ¡Cómo puede ser que hoy día el derecho al trabajo hoy día y la seguridad del trabajo no sean entendidos en plenitud!
Tiene que resguardarse el derecho de propiedad, pero también el derecho al trabajo, y no puede haber subterfugios, para que los derechos de los trabajadores no se cumplan. Es fundamental ir a la flexibilización laboral, sin duda, pero eso no puede ser causante para que no haya seguridad en el empleo, al contrario, tiene que haber complementación entre los micro, entre las pequeñas, entre las medianas y entre las grandes empresas.
Eso tiene que conjugarse. Pero no puede ser que el camino, hoy día incentivado incluso por personas que tienen la obligación, por los cargos que están, de responder a las instituciones, sea a la violencia.
El país tiene que progresar para todos los chilenos y debemos trabajar para ese consenso nacional que nos permita pegar un gran salto hacia el futuro sobre la base de la participación de todos los chilenos.
He propuesto que los acuerdos logrados en el Senado, en materia económica, sean entregados a la señora Presidenta de la República, y poder encontrar en ella, que lidera hoy el país, acogida para resolver los problemas de la gente y permitirnos dar pasos seguros en esta economía globalizada, que debemos adecuar a nuestra realidad, porque si seguimos igual habrá mucha frustración, violencia y un gran retroceso.