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Valparaíso | 30/05/2008 | Presidencia |

Esta es una de las primeras medidas para volver a hacer andar las ruedas del crecimiento

Por Adolfo Zaldívar L. Presidente del Senado

Presidente del Senado Adolfo Zaldívar

En distintas instancias, el Senado ha solicitado la eliminación al impuesto específico a los combustibles. Tanto cuando se solicitó la intervención cambiaria  como cuando se pidieron medidas para elevar el crecimiento y moderar la carestía dada por el siempre creciente IPC, que se nos informa todos los meses y donde la bencina y combustibles en general,  tienen un efecto tanto directo como indirecto.

 

A raíz de las protestas de los transportistas en el Reino Unido como en Francia por su precio, Chile parece no ser el único país que grava con impuestos el petróleo, pero no cabe duda que ostentamos uno de los  gravámenes más altos.

 

En cuanto a nuestro país, este factor tiene a los camioneros quebrados, incapacitados de traspasar a tarifas  los enormes costos del combustible y se aprestan a iniciar en protesta una paralización de actividades.

 

La incidencia del transporte en la actividad económica es fundamental, para no mencionar en general el efecto del petróleo en todos y cada uno de los sectores. Y si buscamos explicaciones para el increíble e intolerable bajo crecimiento económico, aquí la tenemos a la mano y a la vista de todos. Una combinación de precios internacionales abultados por un impuesto específico que además, ya perdió todo sentido al superarse las causas que lo impusieron, el mejoramiento de la red vial, resta competitividad a lo largo y ancho de todas las especializaciones.

 

Cuando hay consenso que hay que mejorar la competitividad del país, se disponen los medios para restaurar la parte de la productividad perdida, y no se hace, estamos produciendo intencionalmente un bajo nivel de Producto que es un agravio tanto económico como social.

 

Por ello me parece que al menos transitoriamente, pero a la brevedad, este impuesto específico debiera ser eliminado, porque con la riqueza que fluye a las arcas fiscales, y con  los recursos almacenados en el exterior, ganando menos que la inflación que tenemos en Chile, es inconcebible.

 

Con un crecimiento estancado que en el año no superará el 4%, a pesar de las inmejorables condiciones de precio del metal rojo,  tenemos como factor adicional una carestía de la vida también en alza, y que golpea inmisericorde, a la clase media y los sectores populares. No podemos dar solución al aumento de precio de los alimentos pero si parcialmente al del petróleo, ya que está encarecido artificialmente con el impuesto.

 

Estimo que esta es una de las primeras medidas  para volver a hacer andar las ruedas del crecimiento, y  que requiere un cambio de actitud de los conductores de nuestra economía. Una actitud menos contemplativa y que requiere dejar de lado la complacencia, cuando tenemos vastos sectores de la clase media y a las pequeñas y medianas empresas fuera de lo que hasta ahora se ha denominado la prosperidad nacional, azotadas como si lo anterior fuera poco, por un alza de precios que le carcome el escaso poder adquisitivo de sus ingresos.