El tema electoral por definición trata sobre sistemas instrumentales en los cuales no hay dogmas de fondos, no hay principios involucrados, sino que hay formas distintas de organizar y de buscar los resultados de expresión ciudadana dentro de una democracia.
Es por eso que no hay dos países que tengan el mismo sistema electoral. Y en Chile tenemos cuatro sistemas electorales: uno, para elegir Presidente de la República, que es un sistema mayoritario, con segunda vuelta; otro similar para alcalde, pero sin segunda vuelta; otro sistema binominal para elegir Parlamentarios, el que está en cuestión hoy día, y un sistema proporcional para elegir concejales.
Respecto de cuál es el mejor sistema, no hay dogmas de nuevo sobre la materia. Pero me quedo con lo que decía un viejo profesor inglés “el mejor sistema es el que no cambia”. Porque permite con la misma vara medir distintos momentos, distintas realidades, que es, por lo demás, lo que nos ha pasado en Chile.
Con el sistema binominal y en el tiempo que lleva, han cambiado las mayorías y ha cambiado la composición del Congreso, de acuerdo a esas realidades. Respecto de los cuestionamientos del sistema binominal, desde un punto de vista de su concepción doctrinaria, no cabe la menor duda, y así lo han reconocido diversos autores y pensadores de la propia Concertación, que se trata de un sistema legítimo y democrático, que forma parte de la familia de los sistemas mayoritarios y que ha tenido en Chile resultados que dan prueba de su utilidad.
No cabe la menor duda que este sistema le ha dado estabilidad a nuestra democracia, e incluso ha servido para mantener la unidad política interna de los bloques de opinión que se han constituido en Chile a partir de la vuelta a la democracia. Tanto la Concertación como la Alianza. Sin perjuicio de que, además, han permitido el funcionamiento eficaz del Gobierno.
Pero aún así quiero recordar además que en la propia Concertación, no han habido consensos internos respecto de qué sistema es el que debería reemplazar al actual sistema binominal. De manera que aquí me parece que lo responsable sería plantear un sistema alternativo, pero que sea claro, que todo el país sepa exactamente en qué consiste, porque no se pueden deshacer las cosas sin armar sistemas de reemplazo responsables.
Se habla muchas veces de corregir el sistema binominal, y los sistemas que últimamente se han conversado, le dan con un porcentaje de votos y una cantidad de parlamentarios a aquellos partidos que cumplan esos mínimos, sin embargo generan un problema adicional. Porque si efectivamente hay dos bloques políticos que concentran el mayor respaldo, el entregarle a grupos pequeños la llave del funcionamiento del Congreso puede ser más grave y más dañino que lo que se cuestiona hoy día al propio sistema binominal, porque se le daría un poder enorme a grupos minoritarios.
A mí me parece más razonable, en ese caso, reemplazar el sistema derechamente por un sistema proporcional. Porque eso permitiría otra articulación de las fuerzas democráticas en juego.