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Valparaíso | 01/08/2008 | Presidencia |

Qué buen Senado tendríamos, si tuviéramos buenas autoridades

Por Adolfo Zaldívar, Presidente del Senado

Presidente del Senado, Adolfo Zaldívar

Hemos tomado conocimiento que el Senado de los EE.UU. aprobó, por amplia mayoría, una ley destinada a rescatar a los deudores habitacionales en mora, y con ello, poner fin al interminable embargo de casas que finalmente quedan sin vender porque los posibles compradores están en la misma situación que los que no siguieron pagando un precio inflado y ni siquiera, son capaces de financiar un precio de liquidación. Esta situación originó las turbulencias mundiales que sufrimos en carne propia en nuestro país, y que es de absoluta necesidad ponerles fin, para que el comercio, el crédito y el crecimiento retomen su curso normal.

 

El costo de la ley aprobada por el Senado y propuesta por el Ejecutivo asciende  a la importante suma de 300 mil millones de dólares, dos veces el PIB chileno.

 

Con este caso, quiero destacar la positiva reacción  de las autoridades de Gobierno, que gestaron la medida y la respuesta inmediata y sin vacilaciones del Senado, que secundó, justa y oportunamente, la responsable decisión del Gobierno de no quedarse cruzado de brazos en tanto el país se resquebraja y demostrar en los hechos, la alta responsabilidad que la Constitución le ha encomendado.

 

Y no es la primera reacción gubernamental, ya que ha habido medidas fiscales anteriores y medidas de parte del Banco Central de ese país, la FED, para lograr que la economía siga funcionando una vez pinchada la burbuja inmobiliaria. Burbuja, generada, dicho sea de paso, por una actitud irresponsable y errónea de libertad irrestricta sin la estricta responsabilidad de responder por los errores. Una falta de la más elemental regulación, respondiendo a los supuestos principios de la libertad de emprendimiento y de madurez de los actores de responder por sus actos. En un medio donde la intervención gubernamental es demonizada como contraria a la libertad de las personas. ¿De qué les sirve a los bancos quebrados y que quebrarían si no se hubieran abierto las compuertas de ayuda de las autoridades? ¿De qué les sirve ahora esa libertad a  los miles y miles que van quedando cesantes? ¿De qué le sirve esa libertad al resto del mundo, que enfrenta una inflación mortal y nos pone al borde de la recesión?.

 

En el seno de esta libertad, se gestó en Wall Street un instrumento que permitía prestar dinero a compradores de casas en una espiral de precios ascendente, sin preguntarles siquiera cuánto ganaban, con la idea que con movimientos mágicos, ese instrumento de alto riesgo se convertiría en tan inofensivo como un gato y que además, generaría una rentabilidad más alta que el resto de las alternativas de mercado. Y no solo cayeron los estadounidenses sino que inversionistas de todos los países. Y es a esa gente del mercado financiero de EE.UU.  que nuestras autoridades pretenden complacer con la política económica en curso, que tiene por una década a toda una clase social y a las empresas que proveen el 80% del empleo, estrangulada con deudas, sin mercados  y al borde de la quiebra, si es que no quebraron ya.

 

El Banco Central, que ha llevado su lucha contra la inflación como su única meta al  extremo, se prepara para que, con medidas restrictivas, bajar una inflación que , reconocido por el propio ministro de Hacienda, es generada en un 60% o más por elementos externos respecto de los cuales Chile no tiene ningún control . Y se prepara a hacer su aporte restringiendo el gasto fiscal, pero con una lógica y razonamiento donde la realidad de las empresas y la gente es sólo una variable etérea que no tiene mayor importancia.

 

Es del caso contrastar estas autoridades con las de EE.UU., éstos últimos  profesionales formados en las mejores escuelas, y se llega fácilmente a la conclusión que ya sea por ideología-la libertad económica irrestricta y la prescindencia del Estado- o la supuesta medida perfecta que sugiere la Teoría Económica, las nuestras no han hecho ni harían nada, y tienen a las mayorías del país sin ninguna esperanza ni de un presente ni de un futuro mejor.

 

El Senado, lo único que quiere es aprobar  medidas efectivas para solucionar el problema económico, y más importante aún, el problema social derivado de una política sesgada y desestibada desde hace una década.

 

Parodiando una célebre frase, “Qué buen Senado tendríamos, si tuviéramos buenas autoridades “