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Valparaíso | 22/08/2008 | Departamento de Prensa |

No más promociones e incentivos ocultos a medicamentos con receta

Por Soledad Alvear, senadora por la Región Metropolitana

Senadora Soledad Alvear, Región Metropolitana

No más promociones e incentivos ocultos a medicamentos con receta

 

Chile encabeza la lista de países latinoamericanos con mayor poder adquisitivo de medicamentos, medidos por la tasa que arroja el ingreso promedio de las personas dividido por el precio promedio de los fármacos. Esto explica que veamos grandes cadenas de farmacia, quienes aplican agresivas políticas de incentivos a sus empleados, con el objeto de maximizar sus ventas. Sin embargo, no se trata de un producto cualquiera, sino medicamentos, que consumidos indebidamente pueden provocar serios problemas de salud. La diferencia entre un medicamento y un veneno puede llegar a ser solo una dosis.

 

Estos elementos hacen que, según cifras de IMS, Chile sea el tercer mayor consumidor de fármacos de Latinoamérica, superado solo por Uruguay y Venezuela. Pero este mayor consumo no se ha traducido necesariamente en una mejor salud de la población.

 

Ante esta realidad, la normativa vigente prohíbe realizar publicidad masiva respecto de productos farmacéuticos que requieren receta médica. Sin embargo, respecto de los productos ofrecidos “sobre el mesón” no se aplica el mismo criterio. Se pueden ver formas de promoción, como envases distintivos y novedosos, que invitan a adquirir un producto farmacéutico determinado.

 

Estos factores han llevado a que la demanda de medicamentos no dependa finalmente del paciente o del médico especialista, sino que esté fuertemente determinada por la farmacia y el auxiliar que la atiende. El mayor consumo de remedios que incluso solo se pueden vender con receta, está dado por estrategias comerciales como “el producto de la semana”, “lleve el segundo a un peso”, venta de marcas propias o de laboratorios asociados comercialmente a las farmacias a un precio menor. Menos visibles pero muy extendidos son los incentivos económicos a los vendedores para colocar medicamentos que mas utilidades puedan dejarles, sin ninguna consideración de salud pública y, en definitiva, sin importar cuales son las eventuales consecuencias negativas de su sobreconsumo.

 

Por ejemplo, un medicamento que vemos regularmente en “oferta del mes” “dos por uno”, es el Migranol. Sin embargo sólo debiera venderse bajo receta médica y no ofrecido en un mesón como “aproveche este producto en oferta”. El consumo de Migranol en exceso puede provocar serios trastornos a la salud. En personas con  antecedentes cardiacos y de accidentes vasculares aumenta la posibilidad de producir obstrucciones de las arterias cerebrales o cardiacas provocando los infartos cerebrales o cardiacos.

 

A este respecto, el rol del farmacéutico es fundamental. Es un profesional especialista que cumple un rol relevante en la orientación de los pacientes/clientes en una labor que excede ampliamente lo comercial, siendo un verdadero protector público de la salud de las personas. Sin embargo, no sólo han debido asumir ese importantísimo desempeño profesional, sino que, muy por el contrario, dicha función ha quedado en un segundo plano, debido a que hoy debe desempeñarse además como un administrador/gerente de la farmacia. La experiencia demuestra que, por esta doble función que desempeñan, en establecimientos con altos volúmenes de venta es insuficiente contar con uno solo de estos especialistas, como lo exige la actual normativa.

 

Es por ello que, en conjunto con el Senador Mariano Ruiz – Esquide, médico de profesión, y con la valiosa colaboración de variados y connotados farmacéuticos, hemos presentado un proyecto de ley que impide todo tipo de incentivo, tanto a los vendedores como a los pacientes/clientes, a la venta de productos farmacéuticos que requieran receta médica. Creemos firmemente que el ejercicio de estas prácticas se ha transformado en un problema de salud pública relevante que requiere de una regulación que las restrinja y prohíba antes que una tragedia nos haga tomar conciencia de la necesidad de legislarlo.

 

Junto a ello, y con el objeto de reivindicar el rol primario del farmacéutico en la orientación de los pacientes, se pretende exigir a las farmacias que superan las 500 atenciones diarias que incorporen un nuevo farmacéutico adicional y simultáneo, de manera que este profesional deje de ser solo un personaje inaccesible con cargo gerencial y pase a ser un verdadero servidor público de la salud de la población.

 

La salud de nuestras familias no debe estar en manos de las estrategias comerciales de las farmacias. Cada familia debe tomar decisiones responsables e informadas, pero además, estas decisiones no deben ser inducidas por el interés comercial de una compañía. Con la salud no sólo no se juega, sino que tampoco se negocia.