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Valparaíso | 11/09/2008 | Departamento de Prensa |

Camino a una solución definitiva para el Transantiago

Por Jovino Novoa, senador por la Región Metropolitana

Senador Jovino Novoa, Región Metropolitana

A un año y siete meses desde que se implementó el Transantiago, persisten las graves fallas de este sistema. Pese a los numerosos planes de contingencia, arreglos de la malla de recorridos, cambios en los contratos de los operadores y a la millonaria inyección de recursos, el plan no ha logrado aún cumplir con un estándar mínimo de calidad. Persisten las largas esperas en los paraderos, se mantiene un exceso de transbordos, permanece alta la evasión, aún no se logra aumentar la velocidad comercial de los buses, la calidad de los servicios es irregular en la ciudad y continúa el hacinamiento del Metro.
 
A estas alturas está claro que el Transantiago no sirve, ya que fracasó como modelo y fracasó en su implementación. Frente a los fracasos hay dos caminos a seguir: cerrar los ojos y esperar vanamente que todo pase o hacer todo lo que esté en nuestras manos para mejorar la situación. Yo soy de estos últimos, porque pienso sinceramente que el Transantiago tiene un camino de solución.

 

En materia de recursos el Gobierno cuenta con el 2% constitucional, que puede ser usado por lo que queda del año y en los primeros 3 meses de 2009. Con el asunto financiero despejado podemos abocarnos a la solución del problema que, a mi juicio, pasa por implementar un sistema distinto.

 

El fracaso del plan no se revertirá jamás con unos pequeños ajustes, porque es el mismo modelo de transportes el que está errado. Por eso creo que el camino a seguir es una revisión profunda del sistema, que ponga término a los 3 pecados originales del TS, como es el diseño alimentador-troncal que opera en zonas monopólicas, el pago de ingresos garantizados a los operadores y el diseño de recorridos en forma centralizada desde un ministerio.

 

Conceptualmente, el sistema definitivo debe volver a instaurar en Santiago un sistema de transporte que se rija por las leyes de la oferta y la demanda y que tenga la suficiente flexibilidad para adaptarse a ella, al crecimiento de la ciudad y a la movilidad propia de una ciudad moderna.

 

En la Alianza estamos conscientes de que no se puede diseñar e implementar en el corto plazo un sistema definitivo, por lo que proponemos la puesta en marcha, en el plazo de 90 días, de un sistema transitorio de transporte para Santiago, que solucione de manera temporal los problemas mientras se estructura un sistema definitivo.

 

El sistema transitorio que proponemos tiene como principal elemento la redefinición de rutas de los servicios alimentadores y la agrupación de dos o más rutas en un solo recorrido continuo. El concepto principal que introduce es el de la flexibilidad a los operadores en 5 ámbitos: diseño de rutas, organización de los buses y definiciones de sus tamaños, áreas de cobertura y formas de organización.

 

Proponemos reformular el sistema de recorridos actual, reemplazando el esquema troncal-alimentador por una serie de rutas continuas, que no requieren transbordos (o que requieren un número menor y estable). Si dicha ruta atraviesa distintas zonas alimentadoras se deberá compensar a los operadores afectados pero ese aumento de costos se compensa por la mayor eficiencia del sistema.

 

Es probable que en un diseño de este tipo las vías troncales se mantengan debido a que coinciden con las rutas de mayor capacidad, por lo cual el sistema no implica modificaciones radicales a la infraestructura sino los ajustes que la hagan más eficiente.

 

Una propuesta de la consultora de Steer Davies & Gleave, presentada al Ministerio de Transportes en julio de 2007, ofrecía el diseño de 30 agrupaciones de rutas, las que podrían servir de base en este plan transitorio, permitiendo una mejora notoria en la calidad del servicio ofrecido a los usuarios del transporte público en Santiago.

 

Santiago se merece un mejor transporte público y creo que aún estamos a tiempo para revertir el Transantiago. Para ello sólo se necesita de la voluntad del Ejecutivo ya que parlamentarios de todos los sectores estarían dispuestos a aprobar recursos para una modificación del sistema que redunde en una mejora en la calidad de vida de más de 5 millones de chilenos.