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Valparaíso | 12/09/2008 | Departamento de Prensa |

Llegó la hora de que EDUCACIÓN se escriba con mayúscula

Por Carlos Cantero, senador por la Región de Antofagasta

Senador Carlos Cantero, Región de Antofagasta

El aseguramiento de la calidad de la Educación por medio de un Sistema Nacional que entregue herramientas eficaces para la consecución de ese logro, involucra problemas complejos que requieren de pensamientos y soluciones bien meditadas y eficientes, las cuales si no poseen un análisis de índole filosófico y sociológico, no posibilitarán un adecuado resultado de la reforma educacional.

 

Otro punto que debemos considerar es que los medios de comunicación no siempre consideran como noticia, apta para ser divulgada, algunas decisiones que adopta la autoridad, con lo cual hay ciertos aspectos o contextos de vital importancia que la ciudadanía no llega a conocer, algo que la Ministra de Educación, Mónica Jiménez, expuso de manera precisa en la Comisión de Educación del Senado, a propósito de la enseñanza media técnico profesional.

 

Vivimos en un Ethos disfuncional que no colabora de manera alguna a la formación de nuestra ciudadanía para que lidere y protagonice los cambios y reformas que requiere la educación chilena.

 

Hay muchos que piensan que el Estado lo único que busca es disponer de más recursos, ya que nuestra sociedad continúa abordando esta problemática con un pensamiento simple, sin percatarse de que debemos asumir la educación como un problema profundo que requiere de un pensamiento y solución profunda. Cabe recordar en base a ello que desde 1990 se ha triplicado el presupuesto del Ministerio de Educación, algo que en la conciencia colectiva no se percibe, tildando dichos esfuerzos como una instancia vaga que no cuenta con un programa concreto para mejorarla.

 

Una propuesta para generar un cambio profundo en el sistema educativo es promover una transformación radical en el papel del Estado, a fin de que éste lidere la excelencia en Chile, mediante una campaña pública que reconozca este gran objetivo nacional, siendo materializado por el Ministerio de Educación, el cual, en la actualidad, a raíz de la poca claridad al respecto de sus funciones, se transforma en un ente excesivamente normativo, controlador y regulador, siendo que en la práctica, debiésemos encontrarnos con un Ministerio más flexible y permisivo, exigiendo excelencia.

 

En la actualidad hay que reconocer que son los criterios de mercado los que predicen o establecen qué hacer, los cuales se deben incorporar al análisis, pues son una de las tantas dimensiones que tiene la vida, por lo que el Estado debe consignarlos y jugar el rol que le corresponde. Esto, ya fue planteado certeramente por Francis Fukuyama, quien expone que el Estado debe ser reinventado y participar de dichos factores, ya que solamente las naciones fuertes pueden cumplir este rol, asumiendo el Ministerio de Educación ese papel.

 

Conozco las experiencias de Finlandia, Corea y Canadá, países que se percataron que el ideal no es exaltar un Estado normativo, regulador y controlador, sino que por el contrario, se plantean objetivos claros, concretos y alcanzables, como por ejemplo el número de alumnos por sala de clases o los avances que desean alcanzar en materia de lecto-escritura y uso de nuevas tecnologías.

 

Un aspecto de gran preocupación para todos, debe ser la preparación del profesorado. Ellos se han quedado atrás en más de treinta años. Mi hijo, ha aprendido más por la influencia de la televisión y del Internet, que por escuchar a sus profesores. No se puede confiar en profesores que estudian pedagogía exclusivamente los fines de semana, ya que la realidad indica que esa persona por formación, jamás llegará a ser un docente de nivel avanzado, salvo que tenga una gran vocación, como lo que ocurría con las Escuelas Normalistas.

 

Aclaro, que una cosa son las instituciones y otra la institucionalidad, entre las cuales debe existir una coherencia para lograr niveles de excelencia, la cual tiene que ser liderada por alguien que formule un llamado nacional para convocar a todos quienes deseen solucionar este difícil desafío del alma.