La actual situación financiera internacional nos demuestra que estamos ante el colapso de una economía esencialmente especulativa que se ha venido forjando en los mercados financieros mundiales y frente al colapso de una “economía casino” de la cual también hay algunas manifestaciones en nuestro país.
Lo que hemos visto respecto de los fondos previsionales de todos los chilenos en las últimas semanas es una situación inquietante y debe llamarnos a una reflexión profunda. Si uno toma solamente los últimos 12 meses, el patrimonio de los fondos previsionales ha disminuido más de 8 mil millones de dólares.
Respecto de esto no he escuchado ninguna explicación de todos quienes nos han dicho que hay que terminar con las regulaciones, de que hay que integrarse financieramente y de por qué los fondos previsionales no se invierten masivamente en el exterior.
Asimismo he investigado cómo operan los recursos invertidos en el Fondo de Estabilización Económico y Social (FEES) y el Fondo de Reserva de Pensiones (FRP) y en el listado público que tiene el Ministerio de Hacienda en su página web figuran 34 instituciones financieras con depósitos vigentes en ambos fondos y de ellas, hay 4 que aparecen de la lista de los bancos con mayores pérdidas en el mundo: se trata del Fortis Bank SA/NV, de Bruselas; el HSBC France; el UBS AG Zurich y el Banco Unicrédito Italiano, London.
Por lo tanto, me parece fundamental actualizar nuestra información al respecto, para que sepamos lo que está ocurriendo, porque si hay algo que cuidar es el patrimonio público. En ese sentido, la transparencia, una adecuada información e investigación sobre esta situación es vital para generar las confianzas entre nosotros.
Incluso presenté un estudio para avanzar en la institucionalización de estos Fondos con una mayor transparencia en el sentido de definir claramente, los sistemas de incompatibilidades entre las personas que los manejan, porque la posibilidad de conflictos de intereses en la administración de grandes sumas de recursos es mucho mayor y he planteado la necesidad de diversificar las inversiones.
Por otra parte, se ha dicho que necesitamos un Presupuesto de la Nación austero. Creo que esa tiene que ser una característica permanente pero ahora lo que requerimos es un Presupuesto que esté adecuado a las restricciones que estamos enfrentando.
A estas alturas, en el balance de riesgo que enfrenta la economía chilena, la recesión es claramente mucho mayor al de la inflación. No cabe ninguna duda de que la inflación afecta muy gravemente el bolsillo de los más pobres. Es dramático que se vayan licuando los ingresos de las personas, pero es aún más dramático es que las personas pierdan completamente la posibilidad de disponer de ingresos producto de la desocupación.
Ese es el tema de fondo y siento que el esfuerzo pudo ser mayor a un aumento del 5,7% del Presupuesto. Creo que esta cifra está muy influenciada no por un diagnóstico lúcido y realista de cuáles son las amenazas efectivas, sino más bien por la institucionalidad económica chilena. Esto tiene mucho que ver con la amenaza del Banco Central de aumentar insistentemente la tasa de interés.
Sin embargo, el síndrome de la crisis de 1999 está planeando fuertemente acá. No se trata que el gasto público sea el más bajo posible, tal como lo plantea la oposición, esa es una visión esencialmente ideológica y, a mi juicio, equivocada. El gasto debe ser coherente con las propias reglas que nos hemos fijado en el país. Tiene que ser contracíclico y más pro empleo.
Por lo tanto, deberíamos tener un presupuesto más flexible e incluso tener la posibilidad teórica de un aumento del gasto, quizás mayor, para poder ejercer ese juego contracíclico en la economía.