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Valparaíso | 10/10/2008 | Presidencia de Prensa |

La alternancia que se necesita es una alternancia de ideas y políticas y como enfocar la economía del país

Adolfo Zaldívar Larraín, Presidente del Senado

Presidente del Senado, Adolfo Zaldívar

En momentos que nos encontramos en medio de una de las mayores crisis financieras que se tenga recuerdo, y también en un período eleccionario, ha surgido la necesidad de alternancia en el poder. Esta necesidad se hace más evidente todavía porque el país no sólo debe enfrentar  los problemas propios de cualquier nación  que ha vivido 18 años con una determinada orientación política y cuyo resultado final  es desgaste, carencia de ideas y problemas éticos y morales que son inéditos en la historia nacional.

 

Debe enfrentar los tiempos económicos que se vienen, de una manera diferente a como lo ha venido haciendo, y donde en el fondo no ha tenido mayor oposición salvo algunos remilgos y detalles que no hacen la diferencia entre tener un país próspero y justo a otro como el que tenemos donde el crecimiento se estanca y la postergación de oportunidades de vastos  sectores se agudiza.

 

La crisis mundial ya está golpeando el país y puede hacerlo todavía con mucha más fuerza. Los motores externos con que se ha movido la economía, como las exportaciones y  el acceso al crédito externo se están mostrando esquivos y si el país no dispusiera de los ahorros con que cuenta, el efecto en la actividad sería mucho más  doloroso que los problemas que podamos prever. De hecho, nuestros recursos nos permiten crecer a tasas muy razonables por seis años sin recibir un solo dólar de inversiones o créditos externos. Y quizá más. Pero es obligación que todos puedan participar de estos beneficios y que no sigan  reservados solo para algunos. Éstos podrán seguir haciendo lo que quieran o puedan, pero con sus propios recursos.

 

En consecuencia, el país debe estar preparado para hacer funcionar sus propios motores internos, los que afortunadamente tiene,  pero para lo cual se requieren líderes diferentes  a los actuales, que parecieran seguir viviendo  en un mundo sin crisis.

 

Porque  lo que se viene encima implica un grado de discrecionalidad mucho mayor que la operación cómoda pero ahora inútil de la mano invisible. La sola inyección de liquidez para perpetuar la economía local es solo un paso, pero falta ver la forma como las actividades más importantes y determinantes en el futuro logran el apoyo necesario y  los problemas sociales que se generen logran ser mitigados.

 

Porque con nuestra política económica no estábamos construyendo ningún futuro. Los recursos y la riqueza iban donde los retornos eran más altos y donde era más cómodo ganarlos. Y no donde se pudiera generar un alto valor que ampare y pueda dar trabajo a las generaciones actuales y venideras. Evidentemente, en la senda del modernismo aparente de las  carreteras, malls y grandes tiendas, no están las condiciones para cultivar talentos, fomentar la creatividad y ser actores vigentes en el siglo 21.

 

En la economía que deberá venir, empujada por nuestros propios recursos, que son cuantiosos y que puede surtir el oxígeno para un crecimiento continuado, debe abrirse un gran espacio para crear nuevas pequeñas y medianas empresas, y reforzar aquellas que ya están vigentes. Eso no se logra solamente inyectando liquidez al sistema financiero y mantener el status quo, que se hará insostenible porque faltará el dinamismo de la creación de nuevos trabajos e ingresos para que la gente pueda adquirir lo que se supone que ofrecen los proveedores actuales o los futuros que puedan surgir.

 

Es este ámbito el que puede dar empleo cuando no hay  exportaciones boyantes, y que debe estar diseminado para que sea una oportunidad para miles de emprendedores que hasta ahora han visto cerradas las puertas de la oportunidad. Éstos requerirán créditos y capital para inversiones, apoyo en distintas áreas, desde la capacitación hasta la creación de canales de comercialización, mostrarles y ofrecerles la posibilidad de explotar nichos que se irán abriendo en la medida que la globalización dé la marcha atrás que sin duda impondrá la crisis.

 

También deberá velarse por los recursos  que requiera la gran empresa, pero sin duda este apoyo no puede venir de las arcas fiscales si están basados en proyectos desmedidos, apartados de la realidad actual y las condiciones que imponen los nuevos tiempos.   

 

La alternancia que se necesita es una alternancia de ideas y políticas y como enfocar la economía del país en beneficio de todos, radicalmente distinta a un asignador de recursos que en una economía distorsionada, sólo logra concentrar la riqueza. Para decirlo en una palabra, lo que se necesita es una verdadera alternancia en el poder y no un mero recambio de personas que sigan haciendo lo mismo. Eso equivale a confundir la alternancia con una simple posta de cuatro por cien.